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La alcaldesa de la paz

Aunque la guerrilla asesinó a su hijo, su padre y su hermano, esta mujer no tiene tiempo para rencores. Por eso, trabaja por la reconciliación de su región, una de las más golpeadas por la violencia de las Farc.

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El 16 de octubre de 2007, faltando 12 días para que se realizara en el país una nueva jornada electoral para elegir alcaldes y gobernadores, la guerrilla mató a Adolfo León Álvarez Rodríguez, un veterinario de 26 años y firme candidato para ganar la Alcaldía del municipio de Ataco, en el sur del Tolima.

El joven, representante del partido Cambio Radical, contaba con el apoyo de buena parte de la población de unos 22 mil habitantes, tanto así que, en un evidente acto de indignación, el día de las elecciones sus simpatizantes se volcaron a las urnas para escogerlo como nuevo mandatario local, aun después de muerto.

Sobreponiéndose al dolor, su madre, Carolina Rodríguez de Álvarez, una sencilla ama de casa con cero experiencia en política, decidió recoger las banderas del dirigente asesinado y se posesionó como nueva alcaldesa, con el aplauso de todo un pueblo cansado de los continuos ataques de las Farc.


Porque no era esa la primera vez que el grupo ilegal, cuyos orígenes se encuentran, precisamente, en esa zona del Tolima, golpeaba a la comunidad atacuna. Armados hasta los dientes, lanzando cilindros de gas a diestra y siniestra, los subversivos se habían tomado el municipio en dos ocasiones 1998 y 2002. Días y noches de pesadilla que se sumaron a una permanente e intimidante presencia, que se remonta al mismo nacimiento de las Farc en 1964, con abusos de todo tipo, que terminaron por acabar con la paciencia de los habitantes y los llevaron a dar su propio grito de independencia.

Desde entonces, Carolina Rodríguez de Álvarez es conocida como la alcaldesa de la paz. La mujer que, con sus dolores a cuestas, se anima a recorrer la región hablando de perdón y reconciliación, que recientemente organizó una jornada pública en la que los atacunos perdonaron espiritualmente a la guerrilla y que se ideó una cátedra de paz para que sea dictada en todos los colegios del país, proyecto que ya cuenta con la aprobación del Gobierno Nacional.

Entre sus paisanos y vecinos de Chaparral, Planadas y Rioblanco, no deja de sorprender la actitud conciliadora y valiente que guarda, frente a una cruel organización que no sólo le quitó a su hijo mayor, sino que también asesinó a su padre y a su hermano.

Desde el mismo momento en que asumió el primer cargo público de Ataco, la mandataria declaró que los tiempos en que la guerrilla usó el sur del Tolima como fortín se terminaron, y que con ella había llegado la época de la tranquilidad y del progreso. Su discurso va más allá de repetir, como lo hacen muchos dirigentes, que “la guerra se tiene que acabar”. Sin tener la más mínima experiencia en la administración pública, la Alcaldesa dice estar segura de que “sin carreteras, sin estudio o sin centros de recreación para los niños, no hay paz posible”.

Por eso, se ha dado la tarea de desarrollar obras de infraestructura y diversos programas para facilitar la vida a los habitantes de Ataco, que principalmente viven de la explotación de oro y de cultivar productos como café, fríjol y caña de azúcar.

El inconveniente es que este municipio cuenta con pocos recursos para su desarrollo. Aunque tiene escuelas en la mayoría de sus centros poblados, carece de un servicio público tan básico como la luz eléctrica —el 70 por ciento de sus 106 veredas no lo tienen—. Casi arañando parte del presupuesto, la alcaldesa de la paz logró este año que se pavimentara la carretera que une Ataco con Planadas. Una vía que, como ella misma explica, es estratégica para el comercio de la zona, pues es paso obligado para llegar al cono sur del departamento.

En pro de la región, también se ideó la ‘alianza por la paz’, que conformó con las administraciones de Planadas y Chaparral para definir una propuesta de desarrollo integral de estas comunidades, que será entregada al Gobierno Nacional.

Pero quizás el proyecto más ambicioso que Rodríguez se ha propuesto regalar a Ataco es la cátedra de paz que planteó en Bogotá al comisionado Luis Carlos Restrepo.

La idea es que en todos los colegios del país se enseñe a los alumnos sobre tolerancia, honradez, respeto a los demás y derecho a la vida, entre otros.

El Gobierno ya aprobó financiar la primera fase, en la que serán capacitados más de 100 docentes que implementarán esta particular clase en Ataco, como parte de una prueba piloto.

“Pero no es sólo una clase más”, aclara la Alcaldesa, “el proyecto tiene una fase final que busca enseñar a los estudiantes a ser productivos”.

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Esta mujer, que además carga con el peso de una discapacidad producto de un accidente de tránsito y padece continuas amenazas por parte de las Farc, anuncia desde ya que no está dispuesta a rendirse en su cometido de hacer de la suya una región mejor.

“A mí acuden madres para pedir ayuda porque a sus hijos de 14 ó 15 años los están llamando a ingresar a las Farc. Estaré tranquila el día en que eso deje de pasar”.

Laura Ardila Arrieta

Por Laura Ardila Arrieta

Periodista Caribe con un gusto especial por la crónica y los reportajes sobre el poder. Autora del libro ‘La Costa Nostra’, historia no autorizada del clan Char. Ha ganado cinco premios nacionales de periodismo, incluyendo el Simón Bolívar en la categoría Periodista del año en dos ocasiones.
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