Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Después de una semana de negociaciones en medio de la tensión por las presiones regionales, los cinco grandes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (China, EE.UU., Francia, Reino Unido, y Rusia) más Alemania e Irán reconocieron la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre el tema nuclear.
El anuncio estuvo a cargo del jefe de la diplomacia británica, Philip Hammond, quien reportó un nuevo plazo: hasta finales de junio de 2015.
El nuevo retraso fue interpretado como un fracaso que seguramente les hará perder legitimidad a dos actores claves del proceso, EE.UU. e Irán. En el primero, las críticas feroces del Partido Republicano a las supuestas concesiones hechas por Obama al régimen iraní se han convertido en parte del discurso con el que esa agrupación retomó la mayoría del Senado. Esa cámara es fundamental en la política exterior, por lo que comités como el de Relaciones Exteriores, Apropiaciones e Inteligencia puedan decidir. Estas comisiones, en cabeza de republicanos, harán perder margen de maniobra a un desacreditado Obama.
A esto se suma la poderosa influencia de Israel dentro y fuera de EE.UU., enemigo acérrimo de cualquier principio de acuerdo entre la comunidad internacional e Irán sobre el tema nuclear, a menos de que dicho pacto selle el abandono de tal programa.
Del lado iraní, la presión sobre el presidente Hassan Rohaní es similar. Un sector conservador representativo jamás ha comulgado con el acercamiento a Washington y ve en la negociación una debilidad en un tema que toca una de las fibras más sensibles desde el triunfo de la revolución: la soberanía nacional y la autonomía energética. Con el acuerdo logrado en noviembre del año pasado, Teherán se comprometió a limitar sus capacidades de enriquecimiento de uranio, acción que frenaría el desarrollo del arma atómica.
A esto se suma un factor adicional que puede empañar el proceso y tiene que ver con Arabia Saudita, rival histórico de Irán en la zona. Se evoca la posibilidad de que los saudís, que temen la reinserción iraní en el mundo, contemplen un programa nuclear para disuadir cualquier ataque desde Teherán. Por ende, se advierte que cualquier alivio de las sanciones a Irán y la reactivación de su programa nuclear pueden desencadenar una carrera militar en la región. De allí la importancia de que en las negociaciones entre Irán y la comunidad internacional participe Riad. Su ministro de relaciones exteriores, el príncipe Saud al Faisal apareció discretamente en Viena en medio de las discusiones.
El eventual acuerdo con Irán, uno de los más controvertidos en los últimos años, podría recomponer la correlación de fuerzas en la zona, donde Irán ha padecido por más de tres décadas las sanciones y el aislamiento de vecinos. Su reintegración debe suponer una oportunidad inédita para recomponer escenarios donde hoy proliferan el caos y la destrucción.