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Tierra fría en la Costa

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En algunos barrios de las ciudades del Caribe la gente pasa el tiempo mirando el recibo de la luz.

Éste tiene números, tablas, cuadros, promociones, colores, consejos y desprendibles. Cada centímetro de papel es aprovechado. Es muy común que el recibo ilustre la “refinanciación” de una deuda con la empresa. También es común que se le informe al usuario de alguna sanción o consumo no medido. Esto sucede cuando la empresa tiene pruebas de algún fraude y cobra un estimado de lo que el usuario hurtó.

Decenas de personas con viviendas clasificadas en estratos 1, 2 y 3 pagan estas sanciones. Otros dejan acumular las deudas. Muchos las refutan a través de cartas y procedimientos establecidos. Las empresas Electricaribe y Energía Social responden estos procesos, subcontratan abogados, gastan papel. Muchos van con sus quejas hasta la Superintendencia. Esta última responde cartas, procesos y quejas. Con los años se ha consolidado, además, todo un campo semántico en torno al robo de electricidad. Se habla de barrios “subnormales”, “cultura de no pago”, “marañeros que operan en los barrios del sur”, “hurto de energía”, “fenómeno cultural de los estratos bajos”.

Se ha descrito también en múltiples entrevistas y notas el trabajo del marañero. Éste siempre es un hombre joven que aprendió el oficio de manera informal. “Estas personas son los responsables en gran medida de los llamados pericos, es decir con cables de todo tipo se pegan a las redes”, explicó, por ejemplo, José García Sanleandro, gerente general de Electricaribe. Para contrarrestar el accionar del marañero se ponen en marcha sistemas de cobro comunitario. Si el barrio entero sacó energía, pues se les cobra a todos y el total de energía extraída se divide entre casas, según el número de electrodomésticos que posea cada quien. Los habitantes de estos barrios ven llegar cuadrillas de subcontratistas que cada tanto vienen a hacer censos de carga, a vigilar, a buscar un fraude para tomarle foto o grabarlo.

Para cobrar en estos barrios las empresas subcontratan a otras empresas. Como muchos de quienes viven allí tienen ingresos asistemáticos y bajos, se han ingeniado una factura con varios desprendibles para que uno pueda ir pagando semanalmente o al día, según la plata que vaya consiguiendo. En ocasiones los directivos de las empresas afirman, además, que los habitantes de los barrios subnormales hacen negocio, pues tienen puestos ambulantes y tiendas.

En días pasados, sin embargo, una investigación de once meses realizada por la Policía y la Fiscalía desvertebró una organización delincuencial dedicada al robo de electricidad en Barranquilla, denominada los Eléctricos. A diferencia de los “marulleros”, los Eléctricos son expertos y técnicos en electricidad, con conexiones en el interior de la empresa. El fraude se realizaba “con la última tecnología…, la PTM, que es por medio de una señal wi-fi que hace control del consumo y es enviado a un servidor de la empresa”, afirmó el general de la Policía Metropolitana. Uno de los “eléctricos”, agregó el general, “logró clonar ese servicio en un tiempo corto y bajar el consumo especialmente en casinos, donde hay mayor concentración de consumos”.

Dicho de otra manera: la cultura del casino grande y multicolor en el que siempre es Navidad, del establecimiento comercial al que toca ir con saco y de los estratos 5 y 6 en los que cada bebé nacido y por nacer tiene su aire acondicionado.

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