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El embajador David Thorne, uno de los participantes del Diálogo de Cartagena, la cumbre que reúne este fin de semana a empresarios y representantes de gobierno de más de 20 países, tiene una tarea clave en su gestión: promover la agenda de EE.UU. para la prosperidad compartida. Y eso, en otras palabras, significa que su misión es fortalecer los lazos entre Estados Unidos y los países de la Alianza del Pacífico y, a su vez, entre el bloque económico de los países del sudeste asiático. La idea es que todos se beneficien de un mayor crecimiento económico y compartan la prosperidad que éste genera. El Espectador habló con él y esto opinó sobre la integración regional.
¿Qué significado comercial tiene la Alianza del Pacífico para EE.UU.?
La participación económica es el núcleo de la prosperidad. Para poder mantenernos competitivos, debemos trabajar juntos para convertir a las Américas en una plataforma integrada y compartida para el éxito global. La Alianza del Pacífico es un ejemplo de este sentimiento. Con un mercado de 215 millones de personas, lo que representa el 38% de la producción económica de América Latina y el 50% de sus exportaciones, la Alianza ofrece una visión de una Latinoamérica abierta, integrada y competitiva en el mundo.
¿Qué tipo de relaciones comerciales se tiene actualmente con cada uno de los integrantes de dicha Alianza? (TLC o acuerdos de otro tipo).
Desde hace tiempo hemos tenido la visión de expandir los beneficios de un comercio más abierto en todo el hemisferio, incluyendo el crecimiento económico, la creación de empleos y la innovación. Esa sigue siendo nuestra visión. De acuerdo con esto, los miembros de la Alianza del Pacífico son socios claves de Estados Unidos en la región. EE.UU. tiene tratados de libre comercio con cada miembro de la Alianza del Pacífico. Es evidente que hemos compartido una visión para el desarrollo de la economía global y ya estamos trabajando juntos de muchas maneras.
El TLC entre Estados Unidos y Colombia es quizás el mejor ejemplo de cómo las relaciones se han expandido más allá de la atención a la seguridad y a la cooperación en la lucha contra el narcotráfico. El acuerdo ha beneficiado a ambos países, y esto ha aumentado el comercio y ha generado relaciones de negocio más estrechas. En los primeros 20 meses del acuerdo, por ejemplo, más de 1.500 empresas colombianas exportaron por primera vez a EE.UU.
La caída en el precio de los ‘commodities’ ha afectado economías como la colombiana. ¿Esta alianza logrará reemplazar ese déficit de ingresos?
La Alianza del Pacífico está haciendo un progreso significativo hacia la integración económica y una mayor competitividad, y esto debe ayudar para enfrentar las crisis económicas externas. Los gobiernos miembros ya firmaron un acuerdo de libre comercio plurilateral, eliminaron los requisitos de visado para sus ciudadanos, crearon programas de intercambio y becas educativas e integraron sus mercados de capitales.
La economía mundial está cambiando. Los países ya no producen productos individuales, sino más bien componentes de productos. Las iniciativas políticas de la Alianza del Pacífico, incluyendo la creación de normas comunes de origen, los marcos regulatorios armonizados y la mejora de los servicios de aduana están bien orientadas para ser eslabones importantes de esas cadenas de valor.
¿Cómo ven a la AP con una Colombia en paz, en posconflicto?
Estados Unidos es un partidario incondicional del proceso de paz en Colombia. Como señaló el presidente Obama durante su reunión con el presidente Santos el año pasado, saludamos los “esfuerzos audaces y valientes de Colombia para lograr una paz duradera y justa en sus negociaciones con las Farc. Estas negociaciones son una señal para la gente de Colombia de que es posible dar rienda suelta a su enorme potencial si podemos superar este conflicto”.
¿Cuál es el futuro del mercado petrolero colombiano en Estados Unidos?
Con una producción diaria de aproximadamente un millón de barriles, Colombia es un importante productor de petróleo en el hemisferio. También tiene oportunidades significativas para aumentar su desarrollo de los recursos, y el petróleo es un producto global que puede ser comercializado en cualquier parte del mundo. Al lograr tener un ambiente de inversión apropiado con mejores prácticas de gobernabilidad responsable, el país ha podido seguir viendo los beneficios del desarrollo de recursos.
Estamos trabajando con nuestros socios colombianos para concentrarnos exactamente en estas áreas. A través de nuestra Iniciativa de Gobernabilidad y Capacidad Energética (Energy Governance and Capacity Initiative) y de nuestros programas de Participación Técnica de Gases No-convencionales (Unconventional Gas Technical Engagement), dirigidos por la Oficina de Energía del Departamento de Estado, nos estamos asociando con el Gobierno de Colombia para compartir las mejores prácticas.
Como un ejemplo de nuestro seguimiento, para ayudar a expandir las opciones de energía de Colombia, el verano pasado recibimos en Washington y Nueva Orleans a una delegación de reguladores de petróleo en alta mar de Colombia, que se reunió con reguladores y responsables de estas políticas en Estados Unidos y visitó una plataforma petrolera en el Golfo de México. También estamos cooperando en otros campos de la energía, incluyendo la energía limpia y la integración energética regional.
¿Cómo compara usted la Alianza del Pacífico frente a otras organizaciones como la Celac, la Unasur o el Alba?
El gobierno de Estados Unidos es un observador oficial de la Alianza del Pacífico y esperamos desarrollar una cooperación más cercana.