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La moda es un sistema transversal, un motor de desarrollo y un medidor de los tiempos: recurre constantemente al pasado en búsqueda de inspiración y es un reflejo del presente, con sus tensiones, avances y cambios políticos, económicos y sociales.
En su obra Las formas de la moda, María Luisa Frisa la define como una “plataforma activa capaz de poner en circulación y hacer dialogar a los actores y saberes relacionados con la cultura visual contemporánea, con la dimensión económica-productiva y con la comunicación”.
Dicha descripción se ejemplificó durante la edición 37 de Colombiatex de las Américas, una de las ferias textiles más importantes de Latinoamérica, que, más allá de las cifras positivas que dejó, pasará a la historia porque se llevó a cabo en medio de las tensiones comerciales entre EE. UU. y otros países, incluyendo Colombia.
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El domingo 26 de enero, dos días antes de que comenzara el evento, el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con imponer a las exportaciones colombianas aranceles de 25 %, que en una semana llegarían al 50 %, tras la decisión de Gustavo Petro de rechazar dos vuelos de deportación. En medio del caos estaban llegando a Medellín los 15.900 compradores nacionales y los 1.900 internacionales a instalarse y prepararse para tres días de negocios, que generaron US$4 millones y proyecciones de exportación por US$25 millones.
Gracias a las vías diplomáticas, el país logró esquivar, por ahora, las sanciones que anunció Trump. Tras superar el impasse, el ambiente de la feria se tornó optimista y se evidenció con una cifra récord de asistencia: el lugar reunió a 29.000 personas. Sin embargo, la situación mostró la fragilidad de la posición económica de Colombia frente a EE. UU. y puso a los actores de la industria de la moda a conversar sobre consecuencias y alternativas.
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Vale la pena mencionar que el gasto mundial en moda tuvo un leve crecimiento en 2024, gracias a los mercados emergentes y al comercio electrónico. No obstante, la industria se enfrenta a retos como las tensiones geopolíticas, la inflación —que genera la priorización de la canasta básica— y las nuevas exigencias de los consumidores por prácticas más sostenibles, de acuerdo con el informe The State of Fashion 2025. En Colombia, la industria registró un gasto en moda de $33,3 billones en 2024, con un crecimiento de 3,7 % respecto al año anterior.
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En cuanto a las exportaciones colombianas de moda, la cifra permanece en rojo. Entre enero y noviembre de 2024 sumaron US$743 millones, lo que representa una caída de 7,3 % frente al mismo período de 2023 (US$801 millones), según indica un análisis de Analdex. Por su parte, el Observatorio de Moda de Inexmoda consolidó la cifra anual en US$726 millones.
Los principales productos exportados fueron ropa de tocador o de cocina, fajas, tejidos de punto, ropa interior y camisetas, pantalones y manufacturas de cuero natural o regenerado. Las importaciones, por su parte, superaron los US$3.120 millones.
Con ese pequeño panorama, es importante señalar que la relación comercial con EE. UU. es fundamental para la industria de la moda por varios motivos: “Es el principal socio y representa 31 % de las exportaciones de moda colombianas (en especial de producto terminado). Es el mercado con mayor potencial. Además de ser un socio comercial estratégico, Estados Unidos es el mayor importador de moda del mundo. Tenemos que cuidar esas relaciones porque es el mercado al que apuntan los empresarios de la industria textil”, dijo Sebastián Díez, presidente de Inexmoda, organizador de las ferias Colombiatex y Colombiamoda.
En una encuesta que realizó Inexmoda en 2024 a 420 empresarios, 75 % respondió que el tema prioritario de su agenda es la internacionalización, con Estados Unidos como su principal destino.
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Hernán Zajar, diseñador de moda que estuvo en la feria en búsqueda de materiales sostenibles para su marca, mencionó que la posibilidad de aranceles en Estados Unidos “sería como una piedra en el zapato” para los diseñadores. “Desde que comencé mi carrera tuve un importante foco en la internacionalización. Ese el sueño de todos; lo hemos logrado con mucha dificultad, pero haciendo una tarea juiciosa. En Colombia tenemos un buen producto, mano de obra y nos hemos preparado para conquistar otros mercados internacionales”.
Así las cosas, Colombia tendría que mirar a otros países y trabajar en una estrategia de diversificación atomizada hacia esos mercados latinoamericanos, “aunque fue la misma discusión que tuvimos los colombianos cuando se cerraron las fronteras con Venezuela. En ese momento, el país habló de diversificar mercados y apalancar la falta de las exportaciones a Venezuela con otros países, cosa que 15 años después no se ha cumplido. Seguimos dependiendo del mismo socio y prácticamente las exportaciones a Venezuela se esfumaron de la balanza comercial”, dijo Díez.
De acuerdo con Camilo Herrera, fundador de Raddar —firma especializada en consumo de los hogares colombianos—, el impasse evidenció que “de aquí en adelante va a haber una tensión sistemática con EE. UU., que tiene una agenda propia y no está pensando en América Latina. Colombia, por su parte, tiene un Gobierno en su ocaso, que tiene que organizar sus raíces políticas para las elecciones de 2026. Afortunadamente, no tuvimos la implementación de las medidas arancelarias; de lo contrario, el contrabando de textiles y confecciones seguiría creciendo, como lo viene haciendo desde el aumento de los aranceles que puso este Gobierno”.
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¿Cuáles serían las alternativas?
Juan Fernando Loaiza, especialista en investigación económica de Inexmoda, recordó que, antes de la crisis de Venezuela, ese destino representaba el 50 % de las exportaciones colombianas. “El contexto histórico nos sirve de punto de partida de la recomendación de una estrategia ambidiestra: por un lado, tener una fuerte estrategia local que permita blindarse con el consumidor y unos flujos de caja en mercados como Bogotá, que representa más o menos el 30 % del mercado nacional. Por el otro, identificar y conocer al consumidor internacional para convertirlo en un aliado”.
Colombia tiene un consumo doméstico de moda dinámico. “Somos más de 50 millones de habitantes con un consumo de per cápita de US$200. Eso hace que para las marcas de moda sea muy interesante vender internamente”, explicó Loaiza, quien menciona que, aunque es claro el peso de Estados Unidos para las exportaciones de moda, hay destinos alternativos como Costa Rica, Guatemala y Panamá, que tienen una cifra de gasto per cápita similar a la de Colombia y “una sensibilidad y afinidad por la moda colombiana que nos da la cercanía geográfica”.
En esa línea, Camila Ortiz, directora del observatorio de moda en Raddar, destacó a Chile porque es de los países de América Latina con mayor gasto anual en prendas: mientras que en Colombia el gasto anual por persona en moda es de US$201, el de mercados como el chileno lo duplica. “Son los que más consumen y no tienen producción. Debemos mirar a los otros países de América Latina, con los que también tenemos acuerdos comerciales y pueden beneficiar las exportaciones. México, por ejemplo, que le va a poner aranceles a plataformas como Shein, se podría convertir en un importante destino de exportaciones colombianas. El nearshoring será clave porque vamos a tener esas tensiones geopolíticas muy latentes”.
Es preciso aclarar que el nearshoring es un modelo que busca acercar la producción a los mercados de consumo, generando un potencial de exportaciones adicionales de hasta US$78.000 millones anuales en la región, según estimaciones de Inexmoda.
La feria ha tenido un aumento de compradores de Ecuador, Perú, Chile y Argentina, lo que demuestra que Colombia, gracias a su ubicación estratégica y sus acuerdos comerciales, ofrece la posibilidad de conectar con nuevas cadenas de suministro y diversificar la oferta.
El proceso sería largo…
Conquistar esos mercados es un proceso largo. Por eso, Gabriel Gómez, vicepresidente de exportaciones de Procolombia, dice que están viendo lo que ocurrió con EE. UU. “de manera responsable. En este momento, no tenemos aranceles y podemos seguir exportando a Estados Unidos de manera estratégica y fuerte, pero también estamos trabajando para poder diversificar los mercados”.
Al respecto, Díez reitera que Colombia no ha logrado esa diversificación en 15 años después de perder el mercado en Venezuela. “Sería un camino de largo aliento y esfuerzo, pero un camino que definitivamente tendría que empezar a recorrer Colombia, no solamente para compensar los cerca de US$225 millones que exporta Colombia a Estados Unidos, sino también para buscar compensar esa pérdida de exportaciones que tuvimos a Venezuela”.
Según Gómez, los compradores que llevó la entidad a la feria se interesan en el mercado colombiano por los precios, la calidad, los diseños y la adaptabilidad. “Estamos diversificando no solo mercados, sino también clientes en EE. UU., México, Perú, Ecuador y Chile. La pandemia nos enseñó que la concentración que teníamos con Asia no se podía mantener y hoy están viendo a Colombia como ese proveedor potencial”, dijo.
De acuerdo con Loaiza, la industria textil y de la moda local debería mirar a Canadá como otro destino de exportaciones, “pero también aprovechar ese triángulo norte de las zonas insulares. Hay que mirar más allá: Europa, que tiene una resonancia con la sostenibilidad, y el despertar creativo de África, especialmente por el fenómeno de Nigeria y Laos. Hay que buscar llegar a otros destinos donde nuestro producto sea muy valorado, precisamente por esos elementos de diferenciación”.
Según cifras del departamento de investigación de Statista, los ingresos del mercado de vestuario en Colombia alcanzarán en 2029 los US$12.140 millones, pero, para lograr eso, los expertos coinciden en la importancia de mantener las relaciones con Estados Unidos, recurrir a las vías diplomáticas y aprovechar que no se han impuesto esos temidos aranceles.
“Esperamos es que los gobiernos tengan la capacidad y el interés de trabajar en conjunto en pro de los habitantes, no solo de Latinoamérica, sino de Estados Unidos”, dijo Floribeth González-Schuyler, directora regional para América Latina de Cotton Council International, empresa que promueve el programa de sostenibilidad del algodón de ese país en la región.
“Seguiremos trabajando en la diversificación, pero es un trabajo de tiempo. Estamos tranquilos y convencidos de que vamos por el buen camino. Estamos trabajando con la normatividad que hay, pero, sin duda, estamos viendo cada vez más mercados para poder ingresar con toda la canasta exportable de Colombia”, puntualizó Gómez.
Para ello, Inexmoda y Procolombia están trabajando en potencializar y dar a conocer lo que el país hace en temas como sostenibilidad, paquete completo y valor agregado. El país se destacada por estar a la vanguardia en procesos sostenibles e implementación de materiales, como textiles elaborados a partir de fibras naturales (piña, cáñamo y café), así como por ser el país más exportador de fajas y vestidos de baño de la región. Y no se puede dejar de mencionar el reconocimiento que está ganando por la fabricación de prendas deportivas y ropa urbana, impulsada por la industria musical, así como por las historias de biodiversidad, procesos de paz y multiculturalidad que se cuentan a través de la ropa.
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