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Los que hemos elegido no tienen poder y a los que tienen poder no los hemos elegido.
Ulrick Beck copió la frase anterior de la pancarta de unos manifestantes europeos y la trasladó como epígrafe a uno de sus libros. Su pregunta es clave: ¿Cómo se puede reconfigurar el Estado, pensando en la comunidad y en la democracia, a la vista de los desafíos de la globalización económica?
Acemoglu y Robinson aproximan respuestas apelando a lo que denominan instituciones inclusivas, y Piketty compatibilizando la liberación del comercio con la justicia social. Para los dos primeros el desarrollo y la prosperidad dependen fundamentalmente de las instituciones que gobiernan a sus respectivas sociedades, mientras el último estima prioritario reducir las desigualdades.
“No he encontrado evidencias de que sea útil pagar a los ejecutivos diez millones de euros”, dijo Piketty al diario económico español “Cinco días”. Por el contrario, las que encontró muestran el grado explosivo de desigualdad originado en la creciente concentración de las rentas de capital, y en la concentración también creciente de las rentas de trabajo.
En cualquier caso es preciso darles a los ciudadanos del común la certidumbre de que la globalización también funcionará para ellos. Sin embargo no es esa la señal que reciben. La globalización muestra la hipertrofia de algunos sectores y propicia tanto una lógica como una dinámica que amenaza la utilidad misma de las instituciones.
Es más: en términos de Castells, llega a hacer prescindibles de cualquier protagonismo a pueblos enteros excluidos de participación en redes informacionales. Las dos caras de la moneda histórica en el siglo xxi son la aldea global y la aldea local. Pero estamos corriendo el riego de que la primera desborde, neutralice y aniquile a la segunda.
Es necesario activar un flujo de doble vía entre las dos escenas para que funcione el ámbito “glocal” y, sobre todo, para que funcione democráticamente. Tal cosa no es posible sino con Instituciones inclusivas, integradoras, plurales. Dicho de otra manera el mundo “glocal” necesita lograr la integración social y garantizar la protección efectiva de la diferencia.
De lo contrario seguiremos eligiendo a quienes no tienen poder para que nos sigan dirigiendo aquellos a quienes no hemos elegido. Por esa vía seguirá consolidándose “la estructura de la desigualdad”. Piketty va hasta el punto de denunciar los peligros de la meritocracia, pues su abuso llega al extremo de justificar cualquier desigualdad.
*Ex senador, profesor universitario @inefable1