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Manual de primeros auxilios para sobrevivir situaciones mexicanas

Enrique Aparicio
15 de noviembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Los bogotanos de pura cepa nacemos con la idea que somos los más educados del país, los más ilustrados y además los que hablamos el mejor español. O sea, paridos por los dioses y, lo peor, lo creemos.

En las normas de educación se ven los resultados: La invitación a comer, con la pareja de invitados dichosos. Son las 5 de la mañana, hasta el agua de los floreros se la han bebido, el dueño de casa roncando a pierna suelta y la señora comienza diciéndole a los invitados, quienes ya no pueden ni con su alma: «¡No por favor!, no se vayan. ¿Qué les molestó? Hemos estado tan sabroso.» El líder de los visitantes deteniendo la pared con ojos vidriosos y hablando incoherencias, da las gracias por el evento después de expresar todo tipo de flores a la anfitriona. Así somos.

Volviendo al caso del español, tenemos que aprender una que otra cosa más. Los mexicanos están sobrados en el léxico. Por favor llevar este manual cuando vayan a este hermoso país:

Apapacho. Cuando mi mujer, en un mensaje de texto, me dijo que me iba a dar muchos apapachos, pensé que había metido la pata en algo y, como tengo la tendencia a llevar la contraria, ya estaba en el tema de conseguir flores para borrar algún hecho que ni yo mismo sabía cuál era. Pero todo se aclaró cuando me dijo que los apapachos eran abrazos.

Escuincles. Cuando oí por primera vez esta expresión me imaginé un ratón. Algo así como “acabo de ver un escuincle en la cocina”. Pues no, se trata de un niño pequeño.

Chamarra. “¿Por qué no te llevas la chamarra, que está haciendo frío?” Me aclararon: la chompa, el abrigo, la chaqueta.

Botanita. Esta expresión sí me dio muy duro. Era domingo, lleno de sol, perfecto para sentarse en algún sitio, y me preguntaron: “¿Quieres una botanita?” Con una seriedad impresionante acepté que me la trajeran – uno nunca sabe – y apareció una picadita para acompañar una cerveza amable.

Arrachera. No, no, no se preocupen. Si quiere una buena arrachera término medio, tiene que ir a un restaurante de carnes en México. Es un corte siempre suave y jugoso. Nada de sexo.

Elotes. También lo pueden invitar a una elotada, o sea a comer mazorca.

Ejotes. La verdad que la ignorancia es atrevida. Asimilar esta palabra a las habichuelas cuesta trabajo.

Chícharos. A un futbolista famoso mexicano, le dicen el “chicharito”, la arvejita.

Estoy agüitado. Estoy triste. Por ejemplo cuando lo botó la novia y o novio.

Nopales. En mis circunstancia mexicanas descubrí que esas pencas llenas de espinas que aparecen en muchas partes de la sabana de Bogotá se pueden preparar en forma deliciosa, son supernutritivas y se conocen como nopales.

Changarro. Cuchito.

Talacha. En nuestro elegante vocabulario se llama carpintería. Algo así como “tienes que trabajar en el detalle, hacer la carpintería.»

Caneca. Aunque entendemos el mexicano, allí se habla de bote de basura.

Alipús. Muy, pero muy coloquial. Se trata de tomarse un traguito. Algo así como “me voy a tomar un alipús con mis cuates.”

Posadas. Nuestras novenas de diciembre.

Banqueta. Andén. En Bogotá podemos decir que la mayoría de los andes están rotos o algo así. En México son las banquetas.

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Comer. Es cena para nosotros, mientras para los mexicanos es almuerzo. Cuando alguien lo invite a comer nada de llegar a las 9 de la noche. Preséntese entre 2 y 3 de la tarde.

Huevos pericos. Una vez le sugerí a mi mujer que desayunáramos unos huevos pericos. María me miró con cierta perspicacia, pues no sabía si era cuestión de cama o de sartén. “Aaah, huevos revueltos.”

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Ahora vamos a temas más complicados. Me acuerdo de las hormigas culonas, muy ricas por cierto. Pero en México le dan a todo: los gusanos de maguey, los chapulines – o sea grillos-, y los escamoles -larvas de hormigas-. Preparados con mantequillita caliente y listos para poner en una tortilla. Un plato “gourmet” para ellos. Y así un resto de alimentación, digamos, tipo natural.

Me cayó el veinte. Entendí. Es claro, no me lo repitas más.

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Injertar en pantera. La traducción no es muy clara. Es algo así como “me puse verraco” por lo que me dijo este tipo.

Se lo lleva de calle. La expresión es fácil de entender.

Esta padrísimo. Está buenísimo

No se olviden de la Virgen de Guadalupe. En México todos son guadalupanos. Así es que ojo con meterse con ella.

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Platicar. No se va a conversar sino a platicar, que me suena a seminario. ¿Te platico? es un sinónimo de ¿te cuento?

La variedad de su lenguaje está en parte originado en su diversidad étnica y cultural.

Una lección “a todo dar” para los bogotanos.

Enrique Aparicio Smith – Holanda, noviembre 2014.

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