
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No había pasado siquiera un mes desde que habilitaron por completo la Av. Guayacanes, para que se convirtiera en escenario de un accidente vial, en el que murió un joven paramédico, de 24 años. La víctima, justo atendía a un herido de un accidente previo, cuando lo arrolló un motociclista, que iba a toda velocidad. Esta y otras cuatro muertes, por siniestros viales en este corredor, han enlutado la entrega de una obra, que esperó la ciudad por años, para descongestionar el costado occidental, entre Bosa y la calle 13. Ante este panorama fue que surgió la idea de instalar resaltos como una opción para preservar la vida.
Y es que el crítico panorama de seguridad vial en este corredor de 12,2 kilómetros, con menos de un año al servicio y que beneficia a un millón de personas, obligaba acciones inmediatas. A las cinco muertes (cuatro involucraron a un motociclista), se sumaron un centenar de accidentes, entre choques y atropellamientos, en los que la causa principal, según vecinos y autoridades de tránsito, fue el exceso de velocidad, en especial, de los motociclistas, combinación que ha sido un común denominador de la espiral de siniestralidad en las vías de Bogotá desde el final de la pandemia.
Las cifras lo demuestran: el 2023, por ejemplo, cerró con 543 víctimas fatales (una cada 16 horas), lo que representó un incremento del 32 % frente al 2020, cuando se registraron 364. El año pasado fue peor y consolidó la tendencia: con un total de 652 víctimas, lo cual representó un incremento del 16 % respecto a 2023 y en los que motociclistas y peatones fueron los actores viales que más engrosaron la estadística de muertes. Ambos aportaron 297 y 244 víctimas respectivamente.
Esta tendencia se evidencia en los 10 meses que lleva de operación la Av. Guayacanes. Un estudio publicado el año pasado por la universidad internacional, Johns Hopkins, demostró como el exceso de velocidad lideró casi todas las correlaciones en materia de siniestros. En Bogotá, por ejemplo, el 42 % de los vehículos exceden el límite de 50 kilómetros por hora. El porcentaje aumenta cuando se analiza a los motociclistas: 60 % va por encima.
Para Andrés Vecino, investigador de la U. Johns Hopkins, la correlación entre el exceso de velocidad y muertes de motociclistas es común con otras ciudades de la región. “Al comparar datos de 2022 y 2023 hallamos que donde aumentó el porcentaje de motociclistas que exceden la velocidad, también lo hicieron las muertes, como en Quito (Ecuador), Guadalajara (México), y Campinas y Recife (Brasil)”.
Para hacernos a una idea, basta con comparar a Bogotá con Buenos Aires: mientras la capital colombiana reporta una velocidad promedio de 46 km/h y una tasa de fatalidades del 7,1, en la capital argentina es de 38 km/h y 3,6. “El límite de velocidad no es aleatorio, sino que se define con base en preceptos técnicos. La evidencia muestra que hay 60 % de probabilidad de morir tras un choque a 50 km/h y aumenta a 90 % si la velocidad es de 60 km/h”. Lo anterior, denota un problema de seguridad pública importante al cual las autoridades combaten desde distintos frentes. Uno de ellos, va de la mano con el tema de señalización e infraestructura vial que comenzó, precisamente, en la avenida Guayacanes.
Tras una alianza con World Resources Institute y Vital Strategies, aliados de la Iniciativa para la Seguridad Vial Mundial de Bloomberg Philanthropies, la Secretaría de Movilidad efectúo un estudio para comprobar como una herramienta, utilizada en otros contextos urbanos, podía reversar la nefasta tendencia de siniestralidad que adquirió la nueva vía. Dicho instrumento no es más que un resalto parabólico, una pieza de cemento que, aunque parezca simple y a veces se difumine en la erosión permanente del asfalto, ha demostrado tener un impacto en la reducción de siniestros viales.
No es un “policía” convencional
En noviembre del año pasado, tras un análisis de las condiciones del corredor, la Secretaría de Movilidad instaló 10 resaltos parabólicos. Popularmente conocidos como policías, los resaltos cumplen el deber, en cualquier vía en donde son instalados, de reducir gradualmente la velocidad de los vehículos para reducir la siniestralidad vial. Segundo López, jefe de la Oficina de Seguridad Vial de la Secretaría Distrital de Movilidad, explica que las piezas están enfocadas, principalmente, a reducir la tendencia lineal de los siniestros en motocicletas.
“Los siniestros de motos tienen una tendencia lineal, es decir, que cuando hablamos de puntos críticos, debemos hablar como tal de segmentos, a diferencia de los peatones. Por eso, esta es una medida pensada especialmente en los motociclistas”, apostilló el funcionario. Dicho esto, como ya se mencionó anteriormente, los motociclistas son el actor de vial más propenso a exceder los límites de velocidad; seis de cada 10 moteros tiende conducir por encima de los 50 kilómetros por hora. Pero, además, las motos suelen estar presentes en las cifras de peatones heridos por siniestros viales, por lo cual manejar la siniestralidad de este actor es algo así como una apuesta, en cadena, para cuidarlos a todos.
Ya regresando a los resaltos que fueron instalados en la Av. Guayacanes, el funcionario explica que su morfología no es similar a la de los típicos “policías” que uno se puede encontrar en vías más barriales o zonas escolares. “La clave del diseño de estos resaltos es que no ejercen un frenado total de los conductores, sino más bien progresivo. A nosotros no nos interesa que los vehículos vayan a cinco o diez kilómetros por hora, nosotros buscamos el nivel de riesgo y el exceso de velocidad”, acotó López. Por consiguiente, los resaltos instalados en este corredor escapan a la lógica restrictiva de los reductores convencionales. Poseen una parábola de 10 centímetros de alto, y un ancho de 10 metros, lo cual los convierte prácticamente en un parche amarillo en el asfalto que elimina el exceso de velocidad, pero no lo frena en seco, como los “policías tradicionales” los cuales suelen ser más altos y de un ancho más reducido.
El diseño, además, se complementó con la ubicación estratégica de los diez resaltos: cinco fueron instalados en cada sentido de la avenida, con una distancia entre cada uno de 50 metros. De manera tal, que a pesar de reducir la velocidad, los resaltos no afectan el flujo del corredor y, casi dos meses y medio después de haber sido instalados, las autoridades no han identificado conflictos por cuellos de botella y otro tipo de contratiempos.
Su fabricación, además, suele ser más económica, según explica Carolina Álvarez, Coordinadora de Infraestructura en Colombia de la Iniciativa Bloomberg para la Seguridad Vial Mundial (BIGRS). “La geometría de estos resaltos suelen ocupar una geometría plana y con poca altura, lo cual los hace fácilmente visibles y seguros para los conductores. Esto hace que sea una alternativa económica porque se hacen rápido, e incluso pueden hacerse en una sola noche, dependiendo lógicamente del tipo de avenida y de necesidad”, apuntó la experta. Esta opinión la comparte el funcionario de Movilidad, quien agrega que cualquier costo, en comparación de salvar una vida, resulta una nimiedad. Y añade, que la instalación de estos resaltos, debe ir acompañada con un proceso de señalización.


Resultados son amores
La notoriedad de esta medida se ve reflejada en los buenos resultados tras su instalación. Desde noviembre de 2024 a la fecha, no se ha presentado ninguna muerte en el corredor producto de una siniestralidad vial. De hecho, la accidentalidad, como tal, se redujo en un 80 %, pasando de 140 siniestros a 28. La velocidad de las motos, en promedio, se redujo en un 60 % y el impacto de seguridad llegó a 120.000 personas que a diario transitan a través y en inmediaciones de esta avenida.
El impacto, que fue casi inmediato, llenó de entusiasmo a los tomadores de decisiones en materia de movilidad en el Distrito. De ahí, que tanto Carolina Álvarez, como Segundo López, apunten a un nuevo ciclo de intervenciones para instalar resaltos en otros corredores. Para ello, sin embargo, hace falta un nuevo ciclo de estudios. En primer lugar, tanto el funcionario como la experta, coinciden en que cada corredor de la ciudad posee unas características propias que deben ser analizadas por separado. Aunque los resaltos hayan sido efectivos en la Av. Guayacanes, no quiere decir que tengan el mismo efecto en los otros 50 kilómetros de vía en donde ocurren cerca del 90 % de los siniestros en Bogotá. Corredores como la Av. Boyacá, la Av. Cali y la carrera décima, están siendo analizados para ver en qué puntos podrían adoptar el despliegue de los resaltos parabólicos.
De ante mano, los ajustes en materia de infraestructura, como el protagonista de este artículo, pueden dar una mano para que Bogotá, a finales de 2025, pueda celebrar una reducción en materia de siniestralidad vial. Algo que no ocurre desde 2020. Sin embargo, no son la fórmula mágica para detener el fenómeno de muerte y desolación. Hacen falta más esfuerzos en materia de mejoramiento de la malla vial (en específico con los llamados “huecos asesinos”) y sobre todo mucha mejor cultura vial por parte de los conductores. Especialmente de los moteros. Quienes deberán pensar en que su bienestar, y el de los demás, están por encima de cualquier descarga de adrenalina originada al apretar el acelerador.
Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.