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Bogotá y seis opiniones

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Todo tipo de bulla despertó la propuesta de Gustavo Petro sobre la construcción de casas de interés prioritario en barrios estrato 6.

El anuncio produjo afirmaciones públicas problemáticas, representativas de los varios sectores dirigentes. En la radio matutina más oída alternaron las reacciones chabacanas de siempre (“que sean pobres no quiere decir que sean desordenados”) con advertencias tremendistas (“me informa una fuente que ya se están devaluando los metros cuadrados” y “somos Caracas”). A la radio la siguió en coro la prensa. Los artículos, salpicados de comentarios de expertos, tienen dos tesis principales.

La primera explica que los beneficiarios no se amañarían, pues los barrios no están equipados para ellos. “¿Dónde van a estudiar los niños si en la zona no hay colegios públicos? ¿Dónde van a consumir?”, se repitió decenas de veces. La vehemencia con la que se expresa esta preocupación por el consumo, la educación y la salud de los beneficiarios no deja de sorprender, pues a lo largo de los últimos años han sido sistemáticas las denuncias sin respuesta que, en este sentido, han hecho cientos de habitantes de los barrios de interés social ubicados hacia fuera. Asimismo se manifestó gran preocupación desde la Cámara de Representantes. Esto también resulta inesperado, pues el cuerpo regional no ha musitado palabra sobre los desalojos de barrios informales que se siguen haciendo (esta semana uno dejó 60 heridos en Sabanagrande, Atlántico) o los grandes proyectos embolatados (San José en Manizales), si no es que militarizados (Nuevo Girón en Bucaramanga).

La segunda tesis es la que repite una acusación de populismo. En ésta también parece haber cierto consenso entre ramas de poder. La revista Semana, donde el editorial es noticia, lo apodó “populismo VIP”. Desde el Gobierno, Vargas Lleras, a quien no hace tanto se le vio regañando a un beneficiario de su multimillonario programa de vivienda por tener un afiche de Óscar Iván Zuluaga, no tuvo recato en intervenir. Otro que marcó tendencias fue Vladdo, quien (pese a que se trata de tres edificaciones) no dudó en repetir que la medida promueve la “lucha de clases”. Seguramente, y en la línea de renovación homogénea de las páginas de opinión de El Tiempo, nos esperan artículos exactos de los columnistas Calvás y Zableh.

Petro, por supuesto, no tardó en contestar, cambiando la claridad por el espectáculo. Así, prometió el fin de la estratificación, a la que definió como “sistema de castas, antidemocrático, antirrepublicano y antihumano”. Con sus políticas de vivienda, puede decirse, el alcalde contribuirá a la inclusión de grupos que habían sido dejados por fuera de la ciudad. Lo que ya es bastante. Sin embargo, inclusión no es igualdad.

Para terminar la seguidilla de declaraciones, ahí está la del gerente de Metrovivienda, Nicolás Corso. Ante la inicial tanda de críticas, Corso repitió, como justificándose, el argumento de que quienes vivirán allá son “en su mayoría madres cabeza de familia, víctimas del conflicto armado”: mujeres y niños. Reproduciendo, en cada declaración, imágenes del hombre pobre y joven como el perpetuo sospechoso que puede dañar el barrio.

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