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El grupo socialista que viene imponiéndose en Latinoamérica ya quiere justicia propia.
No sólo se ha apartado sensiblemente de la Organización de Estados Americanos, OEA, y ésta, en su desaliento habitual, lo ha dejado irse, sino que el llamado Tribunal de Roma tampoco le satisface y busca la absoluta independencia judicial.
Se ha insinuado que es para el control de asuntos de la droga y una mayor cooperación entre los países del área, pero lo cierto es que, una vez establecida la Corte Penal de Unasur, todos los asuntos litigiosos irán a parar a ese tribunal autónomo, independiente de la OEA y del Tribunal de Roma, esto es, de La Haya y muy cercano a los juicios políticos de Caracas y de otros países tiránicos.
Si fuera por una justicia independiente, sin animosidades ni sumisiones no estaría mal, pero lo que se supone que va a ocurrir es que la Justicia será un pilar más de apoyo para el poder absoluto, hoy en boga. Chávez y Maduro han tenido tribunales afines a su estilo de gobierno, para no decir que sometidos a los dictámenes del régimen; por las mismas o similares anda el gobierno del presidente Correa, en Ecuador y el de Bolivia no será distinto. Sin duda se busca un tribunal cercano a los intereses de la izquierda y adverso a las libertades públicas, entre otras, a la de prensa.
Todo lo absorbe el Socialismo del XXI. Colombia misma ha sido asimilada y halagada con la presidencia de Unasur, para que permanezca en esa organización, que le es extraña. El presidente Santos, al modo de sir Arthur Neville Chamberlain, su modelo inglés, cede y cede más terreno para que no se desaclimate la paz y se acerca peligrosamente a los regímenes vecinos y a su estilo de gobernar. Entre tanto, el propio secretario general de Unasur, el colombiano expresidente Ernesto Samper, lidera la creación de la Corte Penal Suramericana. Esto, además de coincidir con el dictador venezolano en acusar a colombianos de crímenes de Estado en ese país. La postración de Colombia ante Venezuela es asombrosa.
Por distintos países de Europa ha estado el presidente Santos, pidiendo dinero para el posconflicto, que, como se lo han dado a entender, está lejos, muy lejos todavía. Alias Rodrigo Granda ha dicho desde La Habana que terminar esta guerra (entiéndase la desobediencia armada contra las instituciones) tomará “unos añitos más”. Entonces, ¿qué anda pidiendo el presidente de Colombia por las zonas del euro? Al parecer, anticipos, imposibles anticipos.
A la vista está que el viaje le ha permitido al mandatario colombiano lucirse en el aspecto formal de su elegancia de salón; le ha servido igualmente para codearse con los más altos poderes públicos de ese continente y aclimatar, ahí sí, la posibilidad de ser reconocido y tal vez postulado al Nobel de Paz. Pero para todo eso faltan unos añitos.