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La justicia… esa Cenicienta

Juan Carlos Gómez
09 de noviembre de 2014 – 08:16 p. m.

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Desde hace tres semanas la mayoría de los despachos judiciales en Colombia no están prestando servicio. Un cese más de actividades por razones presupuestales.

Aunque sea ilegal se justifica; la Rama Jurisdiccional es la Cenicienta del poder público, tal como sucede en casi todos los países subdesarrollados. Ahí sí que estamos lejos de la OECD que tanto añora el Gobierno.

Las soluciones se improvisan. De vez en cuando se promulga una ley de descongestión y se crean más despachos, como si eso fuera la panacea. No hay nada más injusto que una justicia en descongestión, porque se tiende a fallar de afán para cacarear eficiencia.

Al país en general le importa poco lo que está pasando con este nuevo paro judicial, porque se cree muy poco en la justicia y la mayoría se acostumbró a que sea así. La actitud del país político con la Rama Jurisdiccional es doblemente perversa: la trata sin la dignidad que se merece y la atrapa para hacerla un botín más de su clientela. Por ese camino se llegó al desprestigio de las altas cortes.

Frente a los vicios de la justicia ordinaria, algunos quieren hacer creer que la justicia arbitral es la solución. Sin embargo, los centros de arbitraje, además de su costo —muchas veces inalcanzable para la gente del común— no son inmunes a muchos vicios: carruseles (yo te nombro, tú me nombras. Hoy soy juez, mañana litigante); dilaciones, falta de especialidad y personas indeseables en las listas de árbitros. Hay que fortalecer la justicia arbitral, pero se requieren profundas reformas, como la de exigir que los árbitros, aparte de la cátedra universitaria, tengan dedicación exclusiva.

También hay que pensar en habilitar a las autoridades administrativas para decidir judicialmente pequeñas causas. No basta expedir cada tanto nuevos códigos; la justicia en Colombia es un paciente terminal.

En medio de todo es reconfortante encontrar jueces buenos y probos que hacen su tarea con discreción. También anima que, aun en medio del desprestigio de la justicia, muchos jóvenes se estén formando con seriedad en las facultades de derecho.

Antes del próximo paro judicial los próximos diálogos del país deberían ser con la justicia.

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