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¿Azúcar por reparación de armas?

El transporte de armamento cubano sin declarar en un buque de Corea del Norte recuerda las reservas históricas de las naciones comunistas con Occidente.

El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, observa los trabajos de registro en el buque. / EFE
El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, observa los trabajos de registro en el buque. / EFE

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Los detalles que no entregó el gobierno panameño sobre el armamento hallado en el buque norcoreano Chong Chon Gang, que pretendía cruzar el canal, fueron suministrados por Cuba: “dos complejos coheteriles antiaéreos Volga y Pechora, nueve cohetes en partes y piezas, dos aviones Mig-21 Bis y 15 motores de este tipo de avión, todo ello fabricado a mediados del siglo pasado, para ser reparado y devuelto a nuestro país”. El Ejecutivo de la isla emitió el comunicado después de que tras dos días de registros practicados por las autoridades de Panamá, se encontraran estas armas ocultas entre cerca de 10.000 toneladas de azúcar morena.

El presidente panameño, Ricardo Martinelli, quien estuvo presto para acudir al muelle de Manzanillo en Colón —lugar de los registros—, calificó el hecho como un contrabando y al cabo de unas horas apareció el comunicado enviado desde La Habana. Muchas preguntas desató el hecho, al margen de la incógnita sobre el origen de la alerta que activó los operativos de registro en el muelle. Las hipótesis han planteado una presunta fuente de inteligencia en Cuba, donde el buque hizo su última parada antes de intentar cruzar hacia el Pacífico por el canal de Panamá.

La versión cubana entrega muchas pistas. Es evidente que el armamento incautado no tenía como destino ningún país de la región. Los expertos han estado de acuerdo con que sí puede ser cierta la explicación de la reparación del armamento en Corea del Norte. El analista Neil Ashdown, del IHS Jane’s Intelligence —centro de estudios estadounidense enfocado en temas de seguridad y defensa—, considera que puede ser claro que para la modernización y la reparación, las armas tuvieran como destino Corea del Norte, pero no habría garantías de que todo el armamento regresara a Cuba o que al hacerlo, no viniera acompañado de nuevo material enviado desde Pyongyang.

La versión resulta creíble también para Hugh Griffiths, experto en tráfico de armas del International Peace Research Institute de Estocolmo: “Es sabido que los norcoreanos se dedican a esto: reparar y modernizar armas. Es lo suyo”’. En efecto, desde hace años el gobierno de Pionyang presta este tipo de servicios de manera discreta: su histórica política de fortalecimiento bélico ha convertido al país en uno de los pocos lugares en el mundo en el que los restos del arsenal producido por la Unión Soviética pueden ser reparados y actualizados.

Incluso, la información que citan los expertos habla de una política de canje con otros países: el gobierno de Pionyang tiene carencias en sus programas alimenticios, Cuba padece de problemas de liquidez y al mismo tiempo armas obsoletas. Modernización de arsenal a cambio de 10.000 toneladas de azúcar parece un trato razonable.

Por supuesto que la clandestinidad des estas operaciones erige bastantes sombras sobre los fines reales, pero en términos prácticos no habría otro camino, dada la realidad que enfrentan: de una parte, desde el punto de vista de Cuba, declarar el arsenal transportado implica dar a conocer sus alcances militares en una zona de alta influencia de Estados Unidos, su principal adversario ideológico. De otra parte, para Corea del Norte resultaría una violación a las sanciones impuestas por la ONU que le impiden exportar e importar armamento de guerra.

No obstante, las justificaciones tienen poco que hacer frente a lo que luce como una violación de las disposiciones internacionales. Las investigaciones continuarán por lo menos una semana más, que fue el plazo que dieron las autoridades panameñas para registrar la totalidad de los contenedores del enorme buque de 150 metros de largo. Para ello, el país centroamericano contará con la asistencia de Estados Unidos. La portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf, aseguró que Washington acudirá de la mejor forma al caso, respondiendo al pedido de cooperación de Martinelli.

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