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“Cada día que vengo, a veces no puedo creer que esté acá. Si me hubieses dicho hace 16 años, cuando llegué a este país, que estaría en la Casa Blanca, no lo hubiera creído… Ha sido algo gratificante”, dijo la colombiana Katherine Vargas en la primera entrevista que concedió, poco más de dos meses después de llegar al cargo de directora de medios hispanos de la Casa Blanca.
Vargas salió de Colombia junto a su familia en 1997, a los 14 años, cuando su país vivía una “situación difícil” por problemas de inseguridad y económicos, y logró la ciudadanía estadounidense en 2009. Dice que “el hecho de que estoy trabajando en la Casa Blanca demuestra que el sueño americano todavía está vivo, que los inmigrantes pueden tener oportunidades si luchan y si terminan sus estudios”.
En EE.UU., la colombiana militó en el movimiento proinmigrante y luchó por los derechos de los indocumentados como directora de prensa del Foro Nacional de Inmigración. También se licenció en estudios latinoamericanos de la Universidad Internacional de Florida y fue nombrada por la revista National Journal como una de las 25 mujeres latinas menores de 35 años más influyentes en el país. Llega en un momento crucial para que el presidente Barack Obama cumpla con una de las promesas que lo llevaron a la Presidencia en 2008, pero que no se ha materializado: la reforma migratoria.
Aunque el mandatario ha intentado llevar a cabo la iniciativa y respaldó a un grupo bipartidista de senadores que presentaron un proyecto de ley con la más ambiciosa reforma migratoria en Estados Unidos de las últimas tres décadas, con la que podría legalizarse a los 11,5 millones de indocumentados que hay en el país, la oposición en el Congreso ha sido una constante traba.
Hoy, Obama volverá a explicar los beneficios de la reforma a los medios de Hispanoamérica. En su segundo mandato, el presidente está en deuda con la población inmigrante del país, especialmente con los inmigrantes latinos que marcaron la diferencia en los comicios presidenciales del año pasado. En esas elecciones, el contendor de Obama, Mitt Romney, apenas ganó un cuarto de los votos de la población hispana, que es la que más crece en el país. Es tal la magnitud de los inmigrantes que los republicanos han tenido que contemplar las posibilidades de una reforma, con un interés explícitamente electoral. No obstante, los votos no han alcanzado para que el Congreso apruebe el proyecto.
Vargas, que ya ha participado en cuatro reuniones con Obama en las que se ha analizado la estrategia para la reforma, asegura que el presidente de la Cámara Baja, John Boehner, debe sopesar el “legado” que quiere dejar a EE.UU. y tener en cuenta que, según las encuestas, la mayoría de los estadounidenses apoya el plan reformista. Aunque es consciente de que durante la administración Obama se llegó a la cifra récord de más de 1,5 millones de deportaciones desde 2009, asegura que el asunto de la reforma es una tarea exclusiva del Congreso. “No podemos pedirle al presidente que deje de hacer cumplir la ley”, dijo, pero destacó la “acción diferida” que ordenó Obama en 2012 y que suspende por dos años la deportación de estudiantes indocumentados.