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El presidente Santos llega a Europa para buscar apoyo para el actual proceso de paz que tiene lugar en La Habana. Los avances de este largo y difícil proceso recibirán en París un apoyo matizado de cierto escepticismo.
No es que el gobierno de Francia no desee un feliz término a dicho proceso, pero se ha visto tantas veces desilusionado, que pueden existir todavía algunas dudas. Dentro del gran desconocimiento que existe sobre lo que es Colombia y su conflicto, a pesar de los pasos iniciados en tiempos de Alfonso López, Belisario Betancur, Virgilio Barco, Ernesto Samper, entre otros, se recuerda todavía cómo el gobierno de París respondía a los pedidos que se le hacían, sin ningún resultado. Francia siempre manifestó positivamente ese apoyo. Hoy existen señales de que las partes que negocian tienen el propósito de llegar a un final feliz. Sin embargo, el largo conflicto dejará huellas por muchos años. Aún así, el costo de la paz será muy inferior al de la guerra.
Francia está viviendo una crisis económica y social que afecta negativamente su capacidad de actuar. Por otro lado, está fuertemente involucrada en África y en Medio Oriente con un costo muy alto. Esto lo sabe el gobierno de Colombia, que debe formular peticiones de ayuda que sean cuidadosamente medidas, pues la ayuda no es solamente algo que se expresa en términos monetarios.
La paz, en estas condiciones, será un proceso de reconstrucción y desarrollo no solamente económico sino, y tal vez más, en términos sociales. El conflicto colombiano se originó en la sociedad, por lo cual es normal que los esfuerzos se inviertan en este sector. La paz va a necesitar una administración que tenga reglas éticas y patrióticas altas, así como una preparación moderna.
La justicia no puede ser una forma de prolongar el conflicto por otros medios y también debe adaptarse a unas circunstancias inéditas. La misión de las Fuerzas Militares se va a escribir de nueva manera y se distinguirán sus propios términos de los de la Policía Nacional que, probablemente, deben crecer. Estas son algunas pistas sobre lo que se podría proponer en París. En La Habana los negociadores, en un momento u otro, reflexionarán sobre cuál es el futuro de los que combatieron. Allí también Francia tiene ciertas experiencias que podría compartir con Colombia, dentro del respeto y la prudencia que se imponen.
*Pierre Gilhodes ** Analista francés, experto en el conflicto colombiano.