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Me quiero referir a la columna del señor Juan Carlos Botero del día viernes 24 de octubre del año en curso, titulada “El arte de antes y el de ahora”.
El autor del artículo hace un parangón entre el arte grecorromano, el medieval, el renacentista y el impresionismo, y el arte de hoy, el llamado arte conceptual. Mientras abunda en términos laudatorios con respecto a los primeros, descalifica a este último tanto en lo que tiene que ver con los materiales utilizados como en relación con el objeto del arte moderno.
Debo decir que no soy experto en crítica de arte pictórico, pero sí conozco la historia de las artes plásticas. En este orden de ideas, algo que me llamó la atención fue la leyenda que aparece en el frontispicio del museo La Secesión de Viena, donde se encuentran las obras de Gustav Klimt y sus colegas: “A cada época su arte, a cada arte su libertad”.
Con respecto a la columna de marras, me preocupa que se propicien situaciones como las que vivió el arte pictórico en Alemania durante el régimen nazi, cuando se hablaba de “arte degenerado” (entartete Kunst). En ese entonces, los pintores contemporáneos (Picasso, Matisse, Chagal, Beckmann, Liebermann, etc., etc.) fueron repudiados y sus obras retiradas de los museos por indeseables.
Es harto conocida la triste historia de los coleccionistas judíos cuyos cuadros les fueron confiscados y terminaron en colecciones clandestinas. Hace poco salió a la luz el caso del hijo de uno de los mercaderes de arte autorizados para confiscar las obras en poder de los judíos.
Para nuestra sorpresa, el librero alemán establecido en Bogotá después de la guerra, Carl Buchholz — el dueño de la conocida Librería Buchholz de la Avenida Jiménez —, era uno de ellos. Algo que yo nunca habría imaginado. Como se dice a menudo, sorpresas te da la vida. Lo que quiero significar es que hay que tener sumo cuidado en materia de arte, so pena de incurrir en graves errores. Lo dice un simple aficionado, no un experto.
Lacydes Cortés. Bogotá.
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