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Un país de muchos inocentes

Eduardo Arias, Antonio Sanint, Fernando Araújo y Bacteria nos invitan a ver con humor y desenfado el año que pasó.

27 de diciembre de 2010 – 10:00 p. m.

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Todos: políticos, contratistas, dirigentes deportivos y gremiales, funcionarios públicos y periodistas alegan a los cuatro vientos su inocencia hasta que llega el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes. Es entonces cuando nadie quiere hacer parte de la ‘inocentada’ y preferirían estar al margen.

Lo sentimos, los protagonistas de los principales hechos de este año tendrán que “pasarla por inocentes” y resignarse a reírse con sus chistes, de sus chistes, porque mucho de lo que se dice en los escenarios públicos parece un mal chiste.

Sanint: “Santa Fe, el mejor equipo del año, o casi…”

¿Cuál fue el hecho más importante del año?

Una película llamada El paseo… O un paseo llamado película.

La inocentada del año.

El año todavía no se acaba… jeje.

La peor embarrada del  año.

Pensar que la esposa de un amigo estaba embarazada y decirle: “Uyyy, qué felicidad, otro bebé para la familia”. A lo que me respondió seria y seca: “No estoy embarazada”. Mi amigo sólo se encogió de hombros. No los he visto desde entonces.

El personaje del año.

Mi mamá. Por la paciencia y fe que nos tiene a todos.

El mejor chiste del año.

¿Por qué estamos viendo a algunas personas más erguidas, derechas y con la frente en alto? Porque todavía no tienen BlackBerry.

El mejor equipo del año.

El Once, obviamente… y Santa Fe porque casi… casi… casi…

El personaje internacional del año.

Julian Assange porque se arriesgó a mostrar lo que realmente pasa en el mundo.

El político del año.

Mockus, por intentarlo. Casi… casi… casi…

¿Y el político del “daño”?

Creo que no hay que mencionarlo, pero le ha hecho mucho daño a Bogotá. Más bien pregúntele a los taxistas de la ciudad, que tienen muchos chistes sobre él.

¿Qué nos espera para 2011 en Colombia?

Reconstrucción, unidad y crecimiento como país.

¿Cómo le ha ido con el invierno?

Con el alma al cuello.

¿A quién le regalaría algo en Navidad?

A los niños de Colombia la posibilidad de soñar.

¿A quién no le recibiría un regalo?

A ningún político.

¿Quién se merece un regalo por parte de los colombianos?

Venezuela. Un abrazo de país vecino.

El político más cómico del año.

Es una final difícil. Todos son muy graciosos. Algunos patéticos, pero todos graciosos.

¿Cómo es la vida sin Uribe?

Estamos viendo.

El peor regalo que le han dado a usted.

Una camiseta de la campaña de un alcalde que no quiero mencionar.

La mentira del año.

“La 26 está lista a finales del año”.

¿Qué hacer para reírse en este país?

Comparar las promesas de campaña con los resultados.

La mejor anécdota de su carrera.

Un hombre me pidió que le ayudara a pedirle la mano a su novia en pleno show. Y ella, para la fortuna de todos, dijo que sí.

El mejor humorista de Colombia.

Julio Escallón y Daniel Samper.

Lo mejor de ser humorista.

Recibir gente estresada en el teatro y devolvérsela al mundo un poco más relajada.

¿A usted qué le da risa?

Todas las bobadas que uno puede cometer en un año por dárselas de serio.

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Trilogía

Eduardo Arias

Se supone que un año con Mundial de Fútbol es, por definición, un gran año. Pero este 2010, por culpa del balón Jabulani, fue más bien un pequeño desastre. Por suerte las vuvuzelas salieron en auxilio del espectáculo. Así que, mientras allá abajo los pobres futbolistas intentaban encontrarle sentido a ese balón que rebotaba de cualquier manera y salía para cualquier parte, de las tribunas surgía ese melodioso y arrullador sonido mitad enjambre de abejas (africanizadas, obvio), mitad estampida de elefantes, acompañado por toda suerte de danzas tribales que nos hacían recordar, como el waka waka de Shakira cada tres minutos, que “esto es África”.

Claro está que el Mundial también fue maravilloso por el show de Maradona y sus cinco escapularios y su vestido Armani dos tallas más grande; por el pulpo Paul, que logró disimular lo mal que jugaba España (culpa del balón, no de los pobres jugadores) y por la grata presencia de sir Michael Phillip Jagger en las tribunas. El vocalista de los Rolling Stones logró la hazaña de salar a Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Argentina, equipos a los que le hizo barra y fueron eliminados. Las estadísticas de Jagger son apabullantes: tres goles a favor (el de USA, el de Inglaterra, el de Brasil) y 12 en contra: los dos que le empacaron tanto a USA como a Brasil, más los cuatro que le clavaron a Inglaterra y ocho días después a Argentina.

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Otro gran acontecimiento del año fue el apabullante triunfo de Juan Manuel Santos, elegido por varios millones de furibistas que querían verlo agarrado de las mechas con Chávez y Correa. Pero resulta que Santos no quiere pasar a la historia como el monaguillo de Uribe, sino como el Alfonso López Pumarejo del siglo XXI, y ahora tiene enfurecidos a los furibistas con su plan de gobierno, sacado casi todo de las propuestas de campaña de Rafael Pardo, Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras. En lo único que Santos le ha sido fiel a Uribe es en nombrar un par de amigotes y una amigota de Uribito en uno que otro cargo público.

La otra gran noticia del año fue que la triple corona que hacia octubre iba a ganar Santa Fe… mejor ni hablar del tema.

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El Caminante

La última broma

Fernando Araújo Vélez

Supo la historia de un vecino que en pleno funeral de su padre cambió el nombre en el certificado de defunción para que oficialmente el muerto fuera uno de sus hermanos, y con los días disfrutó las macabras consecuencias de su broma, sobre todo cuando al muerto no muerto lo detuvieron en el aeropuerto. “Alberto Velásquez —dijo el inspector del DAS encargado de verificar documentos— aparece como fallecido un 28 de diciembre. Es decir, no existe, murió. Usted, señor Velásquez, no está vivo”.

Supo la historia de una lejana prima que organizó una fastuosa comida un 28 de diciembre y ofreció, como plato especial, pavo con ciruelas. Como era amante de los animales, narcotizó al pavo con agua de alcanfor, le quitó las plumas y lo pintó de colores ocre. Cuando terminó, lo acomodó sobre una bandeja de plata y lo adornó con lechugas y tomates. A las siete y treinta de la noche la señora le concedió a su primo el honor de abrir el banquete, y su primo trinchó el pavo, y el pavo se despertó, graznido incluido, resucitó ante el grito de los invitados y huyó por encima de copas, platos y servilletas de lino.

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Supo de postres con picante, de empanadas rellenas de piedra, de disparos con balas de salva, del secuestro de la A en su computador, de bromas blancas, grises y rojas. Todas y cada una las celebró como si él las hubiera inventado. El último 28 de diciembre, sobre las tres de la tarde, se recostó a dormir en su habitación, que daba sobre un sótano. Oyó unos lejanos golpes, tac-tac-tac, que se acercaban, que parecían meterse entre sus cosas, TAC-TAC-TAC. Abrió los ojos y vio sus zapatos brincar. Con cada golpe un paso, un salto. Luego una alfombra persa, una lámpara que se quebró. Intentó levantarse. Cayó. El silencio fue tan sospechoso que sus sobrinos dejaron de golpear con sus palos de escoba el techo que era el suelo de su cuarto.
 

 

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