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Uruguay se prepara para comicios presidenciales, y aunque la clara favorita es la coalición de partidos de gobierno, Frente Amplio, se prevé una segunda vuelta.
Tabaré Vázquez, por tanto, se perfila como el más probable sucesor de José Mujica, quien dejó una huella indeleble. Como nunca, Uruguay fue seguido de cerca como un fenómeno político atractivo, en buena medida por la excentricidad de su gobernante y por algunas de sus políticas liberales. De hecho, la prestigiosa publicación inglesa The Economist lo escogió como el país del año en 2013.
Las razones esgrimidas por la revista son simples y demuestran con contundencia por qué para muchos Uruguay es actualmente un modelo de políticas públicas progresistas, liberales e inspiradoras. The Economist resaltó el avance en el reconocimiento de derechos para parejas del mismo sexo, no sólo por el impacto de la medida en Uruguay, sino por el eco global de la misma. Como lo reconoce la revista, Montevideo ha hecho una inversión sustancial en la felicidad como política de gobierno, emulando al pionero Bután, como otros latinoamericanos en el caso de Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Paradójicamente, cuando se anunció la creación de secretarías o ministerios de la felicidad en Colombia, la noticia causó sorpresa, hilaridad e indignación, porque aquello se percibió como una muestra más de folclor político. No obstante, vale recordar que Jeffrey Sachs (probablemente el economista más importante del mundo, según The New York Times) ha insistido en la necesidad de posicionar la felicidad como un ideal de política pública, reemplazando al Producto Interno Bruto por “felicidad nacional bruta”.
¿Cuál es el activo del Frente Amplio para ganar las elecciones luego de una hegemonía de dos períodos (Tabaré Vázquez, 2006 a 2010, y José Mujica, 2010 a 2014)? La respuesta es sencilla y contundente: se trata de una coalición de partidos de izquierda que representa a diversos sectores de la sociedad uruguaya. Con esto, la izquierda se ha vacunado contra el mal de los partidos hegemónicos en el continente: el dogmatismo que normalmente los conduce a la clausura del diálogo con otros segmentos. Y de otro lado, la izquierda uruguaya se ha reinventado y desmarcado de la tradicional. Vale recordar que no existe política de apertura frente a la legalización de drogas blandas en países comunistas y tal vez el activo más visible de Mujica, la inversión en felicidad. Temas que escapan al materialismo del marxismo.
No obstante, el reto es complejo, pues aunque se prevea el triunfo de Vázquez en segunda vuelta, el candidato del opositor Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, empieza a recortarle distancia. A su vez, es probable que el Frente Amplio pierda la mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo que disminuirá notablemente su margen de acción. Es una prueba considerable para uno de los partidos más visionarios de la izquierda en el continente.
*MAURICIO JARAMILLO JASSIR, Profesor U. del Rosario.