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A propósito del editorial “Secretos dañinos”, estoy de acuerdo con que conviene que Timochenko se una al diálogo, que es señal del compromiso de que el proceso de paz concluya como no concluyeron los otros fallidos.
Pero me parece que ese no es un secreto dañino, considero más dañino al propio ministro Pinzón. Este hombre le coquetea a una candidatura presidencial, al aval del uribismo, por encima del bien común que es la paz.
Sí, el problema no es el secreto. El problema está del lado del mindefensa, quien tiene el tono más guerrerista de todos, incluido Timochenko, incluido Uribe. Pinzón parece más un militar que un civil, como que entiende que su cargo es ser un oficial más como su papá. Y esto le resta legitimidad al Estado, porque el papel de un ministro de Defensa representa la mediación entre la sociedad civil y la militar, a fin de que la seguridad que brinde la fuerza pública no genere miedo en el ciudadano. Ya la época de ministros, gobernadores y alcaldes militares acabó, pero este señor todavía no se entera.
Pacho Santos, en las elecciones pasadas, elogió a un solo ministro del gobierno Santos. ¿A quién más? A Pinzón. Resulta obvio que lo ponderara, pues este es el infiltrado en la Casa de Nariño, el enemigo de la paz.
Prueba de esto está en que Pinzón lanza la información de Timochenko en Cuba como si se tratara de un logro de inteligencia militar. ¿Lo era? ¿Lo descubrió la sala Andrómeda? ¿Le pasó esa información Óscar Iván, y este la tomó del sucesor de Sepúlveda? En fin, Pinzón demostró su desconexión con el resto del gabinete, con la Casa de Nariño.
Y ya había mostrado el cobre cuando le reclamó al minhacienda más presupuesto para los próximos años, omitiendo la promesa de campaña de ‘Juampa’ de rebajarle al gasto militar para invertir en educación, salud y vivienda para los próximos años.
Ahora bien, dicen que la Fuerza Pública está divida por el tema de los diálogos en La Habana. Si es así, el trabajo del ministro de Defensa debería estar encaminado hacia una reconciliación, una negociación dentro de las fuerzas para que puedan participar del proceso de paz. No debería hacer salidas en falso con el propósito de evidenciar que hay rupturas entre los amigos de su papá y los oficiales que están a favor de las negociaciones en Cuba.
Puede ser que sus motivaciones sean presidenciales, que esté a la búsqueda del aval de un partido que apoye la salida militar al conflicto, como es el Centro Democrático. Puede ser que ya lo tenga. En este caso, que la Casa Uribe reconozca que tiene ministro en el gobierno, que reconozca que hace parte de la Unidad Nacional, a fin de dejar de jugar a dos bandas.
Así que reitero que lo dañino es el mindefensa, no el secreto. Porque puede resultar provechoso que el líder de las Farc entre a los diálogos pues, como sugiere el editorial, puede apaciguar el temor de los escépticos de la paz al tono guerrerista de Timochenko.
Pero, ¿quién le va a bajar el tono guerrerista a Pinzón? Alguien tendrá que hacerlo, para que haya armonía y coherencia así sea en el Gobierno.
* Carlos Neira