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De la carta de Luis Carlos Restrepo, excomisionado de Paz de Uribe, al columnista Daniel Coronell y de su entrevista a Blu Radio queda claro no sólo que Uribe buscó negociar con las Farc y fueron ellas las que no quisieron negociar con él, sino también que Henry Acosta, el empresario amigo de Pablo Catatumbo que le sirvió de contacto a Santos para acercarse a las Farc, fue el mismo canal que le sirvió al comisionado de Uribe para buscar tantas veces a las Farc, incluso para ofrecerles en 2005 y en 2007 una zona de encuentro.
Pero, como lo dijo Daniel Coronell, la búsqueda de Uribe de una negociación con las Farc no viene desde 2004, cuando en reunión entre Acosta y Restrepo convinieron manifestarle a Catatumbo el interés del Gobierno en sostener un “cara a cara” con las Farc; ni viene, como lo escribió María Jimena Duzán en abril de 2013, de 2010, cuando Uribe, a través del entonces comisionado de Paz, Frank Pearl, mediante carta dirigida a Cano y a Catatumbo, les manifestó el interés en mantener un encuentro secreto y directo en Brasil, propuesta que, al revelarla las Farc, la hicieron abortar porque ellas no estaban dispuestas a aceptar encuentros secretos que no les ofrecían garantías de seguridad, según afirmaron la semana pasada.
Los intentos de Uribe por conseguir la paz con las Farc (recuérdese su “mano tendida y corazón grande”) principiaron poco después de posesionarse, como lo conté en mi columna de El Espectador del 23 de agosto de 2012, titulada “Uribe y sus negociaciones con las Farc”, a la cual él reviró con un Twitter: “Miente Patricia Lara”, etc.
Allí decía: “En octubre de 2002 (Uribe) convocó a la Comisión de Conciliación y le pidió ayuda a la Iglesia para buscar la paz con la guerrilla y los paramilitares. ‘La paz con todos’, les dijo entonces (…) En 2003 el presidente les solicitó a monseñor Luis Augusto Castro y al padre Darío Echeverri que se acercaran a las Farc. Tirofijo designó a Raúl Reyes, Fabián Ramírez y Joaquín Gómez como sus representantes y se reunieron con los enviados de Uribe en el río Caguán. Las Farc pidieron despejar cinco lugares, pero Uribe no aceptó. En 2004, monseñor Castro y el padre Darío se encontraron en el río Putumayo con Rodrigo Granda y Raúl Reyes para proponerles, en nombre del Gobierno, llegar a un acuerdo humanitario. Se habló de negociarlo en un buque de la Armada francesa o en una escuela de Mitú, sitio aceptado por Uribe, quien metió en el proceso a la senadora Piedad Córdoba y al presidente Hugo Chávez. Y éste pensó que también podría ser facilitador (…) del proceso de paz con el Eln, y tomó el encargo tan a pecho que buscó el diálogo directo con el comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, sin pedirle autorización previa a Uribe. Ello enfureció a nuestro presidente, quien los destituyó de su encargo sin antes informárselo. Así hirió hasta el fondo el orgullo de Chávez”.
Después de esos hechos fue que sucedieron los revelados por Coronell, Restrepo y María Jimena.
Lo que sorprende es que todo ello pasaba no siempre en secreto, hasta el punto de que Uribe liberó gratis al prisionero Granda para buscar un acercamiento con las Farc. Sin embargo, este país que padece la peste del olvido que invadió a Macondo, ¡se comió enterita la historia de que Uribe no aceptaba que se hablara con terroristas!
Senador Uribe: ¡después de lo revelado esta semana por su comisionado de Paz, ya no le queda autoridad moral para seguir echándonos el mismo cuentico!
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Por vacaciones, esta columna reaparecerá el 21 de noviembre.