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El ministro de Defensa ha estado jugando con candela y estuvo a punto de chamuscarse.
Es claro que el papel de malo anti-paz le fue asignado por el director de la película y que su rol es necesario en la estrategia de negociación frente a la contraparte y frente a la parte militar del Estado. Pero Juan Carlos Pinzón parece haberse contagiado del síndrome de actor: de tanto representar a Supermán, creyó que podía volar. El episodio de sus declaraciones a Caracol Radio sobre la presencia de Timochenko en Cuba no fue espontáneo. Un ministro —menos uno que lleva cuatro años en funciones— no suelta el bombazo noticioso de “los viajes que hizo este delincuente a La Habana” ni añade que “tratamos de mantener vigilancia para identificar dónde se encuentra”, únicamente porque lo cogieron desprevenido. No. Su actitud fue premeditada.
Días antes de la visita del ministro a la cabina radial se había filtrado otra información, atribuida a fuentes militares, según la cual “Timochenko viajó desde Venezuela para reunirse con los negociadores de las Farc”. Y, minuciosamente calculados el efecto y la consecuencia, se dejó saber que “lo desplazamientos que (el guerrillero) ha hecho… no han sido consultados con el gobierno colombiano ni están dentro del proceso de paz”. Todo resultó exacto, salvo la última afirmación, tal vez para justificar la imprudencia de la difusión de semejante dato y, no hay que descartarlo, para evitar que los filtradores fueran calificados como traidores del gobierno al que deben fidelidad. En esta historia hay tres opciones: 1.- Inteligencia estatal (militar, policial o DNI) espía a la Casa de Nariño, se entera de que el jefe guerrillero fue a La Habana, que lo hizo con autorización presidencial, le cuenta al ministro de Defensa los dos primeros hallazgos y le oculta el tercero para que Pinzón explote la noticia y sirva de gancho ciego en contra del proceso de paz. 2.- Inteligencia estatal espía el palacio presidencial, conoce los avances de la mesa de conversación, le da el expediente completo a Pinzón y este junto con ella, deciden dinamitar las negociaciones sembrando desconfianza aquí y allá. 3.- Pinzón, el presidente Santos, Humberto de la Calle, Sergio Jaramillo son espiados por Inteligencia estatal con la misma intensidad con que esta vigila a las Farc porque considera que tanto los unos como los otros son sus enemigos a largo plazo aunque algunos de ellos sean aliados circunstanciales.
Yo añadiría otra opción en el nivel de hipótesis: 4. Inteligencia estatal está bajo el dominio de individuos cercanos a la derecha más recalcitrante y Santos, junto a su simbiótico ministro militar Pinzón, están en manos de ellos por no atreverse a reventar las amarras de su pasado. La operación “Timochenko al desnudo” les habría salido perfecta a sus victimarios de no ser porque el bumerán que lanzaron estos, se les devolvió y les pegó en plena cara gracias a las revelaciones que este fin de semana pusieron por el piso la credibilidad del Uribe de la seguridad democrática “que no negocia con bandidos”, y de su comisionado, el fugitivo Restrepo: en el espacio de Daniel Coronell, en Semana, oímos una grabación de contenido monstruoso, en que Restrepo le ofrece $1.000 millones de pesos a un amigo del guerrillero Pablo Catatumbo para invertir en la región que este dominaba a cambio de empezar a negociar. En la columna de Alejo Vargas en El Colombiano, supimos que el guerrero antiterrorista, el mandatario pasado, autorizó al jefe del Eln, Antonio García, a viajar desde Venezuela a La Habana y desde La Habana a Medellín para explorar idéntica posibilidad de diálogo. A ver si los políticos deciden, alguna vez, ser coherentes con lo que defienden, o si, al menos, hacen su tarea cotidiana tan bien como la hacen los periodistas.