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En el mundo existen 2.420 escuelas de medicina, 467 departamentos de salud pública y un número indeterminado de escuelas de segundo grado de enfermería, que forman a cerca de un millón de doctores, enfermeras y profesionales sanitarios cada año.
Una cifra que resulta insuficiente para dar respuesta a las necesidades de toda la población mundial, según lo reveló este martes un informe firmado por una veintena de reconocidos académicos, entre los que figuran el decano de Medicina de la Universidad de Harvard y ex ministros de Salud de Latinoamérica.
Los académicos se quejaron de la escasa inversión que se dedica en el mundo a la formación de los médicos y enfermeros, lo que crea “desequilibrios cuantitativos y cualitativos” entre los trabajadores sanitarios.
En entrevista con la agencia EFE, el ex ministro de Salud de México Julio Frenk planteó que “la industria de la salud es intensiva en capital humano. Pero pese a que mueve cada año una inversión de US$5,5 billones, sólo el 2%, alrededor de US$100.000 millones, se dedica a la formación de profesionales”.
La publicación del informe se produce exactamente un siglo después de la aparición del famoso Informe Flexner, que desencadenó un revolcón en materia de formación de docentes de la salud en todo el mundo y favoreció la aparición de las escuelas de medicina como las conocemos hoy en día.
Más allá de las deficiencias cuantitativas en el número de profesionales y los déficits en algunas regiones del mundo, los autores sugieren una serie de reformas institucionales y educativas para mejorar la formación de los médicos y enfermeras. Por ejemplo, proponen que las escuelas hagan énfasis en el uso creativo de las tecnologías de la información, que preparen a los estudiantes para las realidades del trabajo en equipo y que sean más flexibles en sus competencias.
Uno de los retos que enfrenta América Latina es que al lado de las enfermedades infecciosas que han afectado a su población durante siglos comienza a cambiar el perfil epidemiológico por cuenta de enfermedades crónicas propias de los países desarrollados. Esto representa un nuevo reto en la formación y educación del personal médico, que debe prepararse para estos desafíos.