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«No somos unos espías»

El fiscal general estadounidense, Eric Holder, abrió una investigación criminal contra Wikileaks. La secretaria de Estado dijo que todo era un ataque a la comunidad internacional.

29 de noviembre de 2010 – 10:19 p. m.

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Algunas de las instrucciones que daba el Departamento de Estado a sus diplomáticos en Oriente Medio, Europa del Este y América Latina, según los documentos filtrados por Wikileaks, eran recoger números de tarjetas de crédito, así como planes de trabajo y detalles sobre redes de telecomunicación utilizadas por funcionarios extranjeros. También pedía evaluar la salud mental, medidas contra tráfico de drogas y lavado de dinero, así como relaciones personales de varios líderes.

The New York Times calificó estas instrucciones, en su mayoría dictadas por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, como espionaje. “La labor de los funcionarios en el extranjero difumina la frontera entre el espía y el diplomático”, aseguró el rotativo. Sin embargo, el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, defendió a sus diplomáticos: “No somos unos espías”.

El Pentágono activó un equipo de emergencia, compuesto por un centenar de analistas, para evaluar los daños. El principal sospechoso de las filtraciones de los documentos hasta ahora es el analista de inteligencia Bradley Manning, de 22 años, quien se encuentra detenido en la base militar de Quantico (Virginia).

La reacción de la mayoría de países  ha sido de desconcierto y prudencia. Reino Unido, Francia y Alemania  criticaron la divulgación de los documentos argumentando que perjudica la seguridad global. Por otra parte, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, “estalló en risas”, según su vocero, y el Kremlin, a través de su portavoz Natalia Timakova, aseguró: “Los inventados héroes de Hollywood difícilmente merecen comentarios oficiales”.

La Casa Blanca trató de minimizar los daños. Ayer la Secretaria de Estado dijo: “Esto no sólo es un ataque a la diplomacia de Estados Unidos, sino a la comunidad internacional. Esto supone atacar las alianzas y negociaciones que hay en marcha a nivel internacional para buscar la paz y la seguridad mundial”, aseguró antes de iniciar una gira en Asia, una región muy mencionada en los cables. El fiscal Erik Holder ya ordenó abrir una investigación criminal contra Wikileaks, pero su vocero, Kristinn Hrafnsson, aseguró que “nada en los cables plantea un problema de seguridad nacional, sí de tensión en relaciones bilaterales o situaciones embarazosas”.

Según analistas, las revelaciones que realmente preocupan son el presunto enriquecimiento de uranio en  Pakistán y el programa nuclear iraní. Pero incluso el líder de ese país, Mahmud Ahmadineyad, dijo que  es una “conspiración”.

En América Latina las cosas son a otro precio. Los documentos revelan espionaje a varios líderes, como en Paraguay, cuyo gobierno llamó a consultas a la embajadora de EE.UU., Liliana Ayalde, después de que supiera que el Departamento de Estado dio instrucciones  para  espiar a los candidatos presidenciales en la campaña de las generales de 2008.

¿Cómo fue la fuga de información?

El origen de las filtraciones podrían remontarse a los días posteriores al ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, cuando se detectaron unos fallos de coordinación entre los servicios de inteligencia que recomendaron la necesidad de un modelo de comunicación que permitiera a los diferentes responsables de la seguridad compartir datos extraídos por el Departamento de Estado. Desde ese día se extendió el usos del sistema Internet del Ejército norteamericano denominado SIPRNET, un acrónimo de Secret Internet Protocol Router Network. Todos los cables que se incluyen en esta filtración fueron enviados por ese medio. Al menos 180 embajadas estadounidenses alrededor del mundo utilizan actualmente ese sistema de comunicación.

Para ver algunos de los cables  filtrados por Wikileaks clic aquí…

 

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