Publicidad

Palo porque bogas y palo porque no bogas

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Lo que acaba de suceder con la presentación de los estudios del metro de Bogotá es algo típicamente colombiano: luego de que llevamos años desesperados con la imposibilidad de movernos en esta ciudad de trancones eternos que la hacen una capital tan poco grata, donde el trabajo no rinde, donde la mayoría de las citas no pueden cumplirse, donde la vida diaria es una pesadilla y de donde dan tantas ganas de salir corriendo, ahora, cuando por fin se presentan unos estudios de ingeniería avanzada y un diseño profesional de esa obra que solucionaría la falta de un sistema de transporte masivo adecuado para los bogotanos, muchos salen a ponerle peros al asunto, hasta el punto de que pueden hundir este proyecto con argumentos del estilo de que no hay fondos para financiar la obra, que a los estudios les falta o les sobra esto o aquello y que la ciudad se volvería intransitable con la carrera once desbaratada durante cinco años.

¡Todo eso es cierto! Pero justamente se trata de que nos demos cuenta de que Bogotá es un paciente terminal y que requiere de inmediato un tratamiento de choque y de máximos cuidados intensivos para que sea factible que cumpla su función, que no es otra distinta a la de que sus habitantes puedan vivir, estudiar y trabajar en ella.

Entonces, doctor Simón Gaviria, como director de Planeación, por supuesto que usted tiene razón: el metro cuesta demasiado: ¡15 billones de pesos, casi el doble de lo que se había pensado, dado el mal estado en que se encontraron los suelos! Y para hacerlo, como usted dice, habría que olvidarse de realizar la mayoría de las demás obras, debido a que “la Nación, por restricción legal, sólo puede aportar hasta el 70 por ciento del costo y no puede entrar a subsidiar la operación del metro”. Pero como se trata justamente de priorizar el propósito de salvarle la vida al paciente terminal, no queda alternativa distinta a que la ciudad, sin que importe si su alcalde es Fulano o Mengano, y el Gobierno Nacional, sin que tampoco importe si su presidente es Juan Pa o Zurriaga, trabajen al unísono para lograr ese propósito.

En este caso no caben consideraciones politiqueras del estilo de que “a Petro no vamos a dejarle el mérito de haber iniciado el metro”, o de que es mejor retardar las decisiones para que los que obtengan los beneficios políticos sean otros.

El país no puede seguir teniendo una capital tan poco vivible y atrasada. ¡Cómo sería de distinta nuestra calidad de vida si hace 70 o 60 años se les hubiera hecho caso a esos alcaldes visionarios que tuvo Bogotá, Carlos Sanz de Santamaría y Fernando Mazuera, quienes plantearon el metro como una solución para el transporte masivo!

La ciudad, el país en general, los organismos de control y tantos periodistas no podemos seguir en el plan de obstaculizarlo todo, de ponerle peros a todo, de buscarle el chanchullo a todo, de paralizarlo todo y de decir que la ciudad se volverá tan insoportable durante la ejecución del metro, que a lo mejor a los funcionarios de turno les dé miedo asumir el desgaste que hacer la obra les significa.

¡Los colombianos tenemos que dejar de embobarnos mirándonos el ombligo! ¡Miremos no más lo que han hecho nuestros vecinos en materia de vías! ¡Observemos las carreteras de Ecuador, por Dios! Decidamos dar de una vez el salto a la modernidad: ¡Bogotá no merece seguir siendo la única ciudad con ocho millones de habitantes que carece de metro! ¡Dejemos ya de enredarlo todo! ¡Y permitamos que se actúe, por favor!

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido