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Colón salió de Palos

Ricardo Bada
09 de octubre de 2014 – 10:38 p. m.

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Como ejemplo de manipulación histórica suele citarse la foto de Lenin arengando a las masas desde una tribuna al pie de la cual se encontraba Trotski.

Muerto Lenin y caído en desgracia el creador del Ejército Rojo, Stalin ordenó sacarlo de esa foto en la Enciclopedia Soviética y dondequiera que estuviese aquel ícono.

Otra manipulación histórica, narrada donosamente por García Márquez en un artículo (espero que la memoria no me falle), es la de la estatua ecuestre de Morazán en el parque central de Tegucigalpa. En realidad se trata de una estatua del mariscal francés Ney, “el valiente entre los valientes”, que en 1815, después de Waterloo, fue fusilado por traidor. Esa estatua la compraron, en una chatarrería de los suburbios de París, los comisionados hondureños que habían viajado a Francia con el encargo de que un escultor fundiese la estatua de su prócer… pero se gastaron la plata en juergas en el Moulin Rouge y al final sólo les quedó lo suficiente para comprar chatarra. Valga añadir que sí acertaron en algo; en su día, Morazán fue fusilado por traidor.

Un tercer caso, y es el que les voy a contar, lo conozco de primera mano, tanto como que mi propia esposa neerlandesa, entre otros, resultó afectada por esa manipulación histórica.

En 1991, durante el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, ella viajó con un grupo de festivaleros a ver en Sevilla las obras de la magna exposición que preparaba la ciudad con motivo del quinto centenario del gran error de Colón. Ya en la expo, los guió un cicerone destinado especialmente a un público tan exquisito (directores, actores, actrices, críticos, productores, tanto de España como de toda América Latina), que al llegar a la maqueta de la muestra les señaló los modelos de la Pinta, la Niña y la Santa María, fondeadas en una dársena especial del Guadalquivir, y dijo que eran las tres carabelas con las que Colón partió de Sevilla para su viaje descubridor.

En vista de que nadie reaccionaba, mi esposa salió por los fueros de la verdad y le replicó que el viaje descubridor fue desde el puerto de Palos, en la provincia de Huelva, a lo que el cicerone, muy educadamente, le contestó que ese del puerto de Palos fue el segundo viaje. (Recapaciten: ¿cómo carajo le iban a joder el show a Sevilla las tres carabelas, saliendo de Palos tan justamente en el quinto centenario?). Y como mi intrépida neerlandesa se dio cuenta de que él se limitaba a recitar lo que le habían enseñado a recitar —y a replicar en caso necesario—, esperó que protestase alguno de los iberoamericanos allí presentes, pero nadie lo hizo.

De ese modo quedó seriamente documentado el deplorable nivel de la educación primaria, tanto en España como en América Latina.

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