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Hace casi 20 años, en medio de un país estremecido por la brutal arremetida del narcoterrorismo, el abogado payanés Ómar Henry Velasco asumió uno de los cargos más riesgosos de la época: la Dirección Nacional de Instrucción Criminal. El capo Pablo Escobar desplegaba su ejército de sicarios, la guerra sucia cobraba decenas de víctimas entre los militantes de la Unión Patriótica y guerrilla y paramilitarismo se alternaban en asesinatos y masacres. No era una misión muy apetecible, pero Velasco aceptó coordinar a los investigadores judiciales.
Como venía de ejercer funciones como procurador delegado para la vigilancia de las Fuerzas Militares y viceprocurador, ya conocía muy bien los principales focos de la creciente violencia, de tal manera que, con el apoyo del DAS y de la Policía de Antioquia, desplegó la ofensiva judicial hacia el Magdalena Medio, donde años atrás se había gestado el movimiento Muerte a Secuestradores (MAS) y extendía sus tentáculos criminales la organización fundacional del paramilitarismo, con réplicas en Córdoba, Urabá, Meta y el occidente de Boyacá.
Fueron meses terribles, quizás los más duros que haya vivido el país en los últimos tiempos. Los investigadores judiciales golpeaban las redes del narcotráfico y del paramilitarismo o descubrían sus nexos con mercenarios ingleses o israelíes, pero de vuelta, la sociedad colombiana recibía agresivas réplicas como el asesinato de Luis Carlos Galán, el bombazo a un avión de Avianca con 107 inocentes a bordo, la explosión contra el edificio del DAS o los magnicidios de los candidatos presidenciales Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro.
Ómar Henry Velasco recuerda esos días como “una cadena de violencia y de acechantes amenazas que, a pesar de su gravedad, no lograron doblegar al Estado”. Y ha vuelto a revisar detenidamente su memoria de aquellas horas porque paradójicamente hoy, su hijo, el senador Luis Fernando Velasco, quien entonces apenas emprendía su carrera política, está detenido en la cárcel de La Picota, sindicado por la Corte Suprema de Justicia de un presunto cohecho relacionado con un viaje al exterior pagado por las autodefensas.
“Son ironías de la vida. Si alguien en el pasado enfrentó a los violentos, junto al general Maza Márquez o al coronel Valdemar Franklin Quintero, fui yo. Si alguien ha buscado la paz desde sus tiempos de alcalde de Popayán o secretario de Gobierno del Cauca, abriéndole espacios políticos al M-19 o al Quintín Lame, ese ha sido mi hijo Luis Fernando. Con postura de auténticos liberales, mi familia siempre ha representado con transparencia al Estado. Por eso me desconcierta que lo sindiquen de ser beneficiario de violentos”, expresa sin pausas.
Y regresa al pasado para enlazar dos destinos paralelos. “Después de varios años de litigante, yo empecé en la vida pública en 1974. Y lo hice para constituir un movimiento de izquierda liberal que enfrentó el cacicazgo electoral de Víctor Mosquera Chaux en el Cauca. Por eso entre 1974 y 1982 fui representante a la Cámara. Años después, por invitación de mi recordado amigo y copartidario Carlos Mauro Hoyos, me vinculé al Poder Judicial”.
“Cuando entregué la Dirección de Instrucción Criminal en 1990, mi hijo Luis Fernando ya despuntaba en la política. Lo hizo con los mismos valores liberales que yo he defendido siempre. A los 24 años ya era alcalde de Popayán y había integrado los comités de paz que permitieron la desmovilización del M-19. Después se hizo dirigente nacional y apoyó al gobierno de Samper ayudando a mitigar por la vía del diálogo las marchas campesinas. Cuando llegó el gobierno de Pastrana, hizo parte de la Comisión de Paz de la Cámara y como senador ha insistido siempre en ese tema. Lo que hoy le ocurre es doloroso, pero saldrá adelante”, añade mientras insiste en que la vida y la política son irónicas.
Oscuros montajes
Desde que el senador Luis Fernando Velasco pasó a las grandes ligas de la política en Bogotá, el abogado Ómar Henry Velasco, sin abandonar su profesión, decidió regresar al Cauca a apoyarlo políticamente. Por eso ha vuelto a encontrarse con sus copartidarios y rivales de ayer, sin descuidar a las nuevas generaciones de votantes. Organizando actividades políticas de su hijo, pasa sus días entre Bogotá y Popayán. Pero súbitamente se rompió su rutina cuando empezaron los rumores de que el senador Luis Fernando Velasco iba a ser agregado al escándalo de la parapolítica.
Nunca pensó que el asunto iba a llegar tan lejos, y hoy tiene claro que, más allá del caso judicial de su hijo, existe un extraño entorno que quiere ensañarse con su familia. Por eso decidió romper su silencio. “A mi nieta la amenazaron. Yo también tuve que viajar al exterior por anónimas presiones. Con mi esposa regresamos al país dos días antes de que Luis Fernando fuera detenido. Tarde o temprano se va a saber qué intereses se están moviendo en toda esta historia”. Y aunque no oficia como abogado de su hijo, como investigador judicial que fue, tiene sus propias conclusiones:
“Revisen los archivos del Congreso o la prensa para que se advierta cuál fue la conducta de Luis Fernando Velasco frente a la Ley de Justicia y Paz. Sin dejar de apoyar el proceso de paz con las autodefensas, junto a Rafael Pardo, Gustavo Petro o Gina Parody, él fue una de las voces más críticas en el trámite de ese articulado. Nadie puede decir que fue complaciente con los paramilitares. Por eso me pregunto: si el senador Velasco recibió favores de las autodefensas para viajar a Barcelona, ¿qué les dio él a cambio para que se configurara el cohecho? Nada. Absolutamente nada”.
La acusación contra el senador Velasco se deriva de una declaración de la ex representante Rocío Arias, hoy detenida por el escándalo de la parapolítica, según la cual éste recibió unos tiquetes aéreos para viajar a Barcelona, en abril de 2004, a fin de participar en un foro organizado por la Fundación Per la Pau, referente a los tratados de paz en América Latina. Según las primeras investigaciones de la Corte Suprema de Justicia, en realidad este viaje fue pagado desde Planeta Rica, Córdoba, por personas vinculadas a los grupos de autodefensa.
Pero el abogado Ómar Henry Velasco tiene una información adicional. “Fue Rocío Arias quien le solicitó a Luis Fernando Velasco que aceptara la invitación a Barcelona y fueron los funcionarios de su oficina los que tramitaron los tiquetes. Luis Fernando Velasco siempre obró de buena fe. No sólo constató que la organización Per la Pau trabajaba con Naciones Unidas y que a ella estaban vinculadas importantes personalidades mundiales en el tema de la paz, sino que viajó a España convencido de que estaba apoyando esa causa”.
Y agrega optimista: “Yo respeto a la Corte Suprema y a todos sus magistrados. Yo confío en que sabrán encontrar la verdad de este caso. Creo en las investigaciones de la parapolítica, estoy convencido de que aunque se trata de un proceso doloroso, el Poder Judicial estaba obligado a realizarlo. Es más, lo que hoy sucede es apenas el embrión de una gran investigación que revelará a la sociedad colombiana la verdad de lo ocurrido con el paramilitarismo. Pero también es necesario que se descubran los montajes que están realizando los violentos para involucrar a líderes que no hacen parte de sus propósitos”.
No va a renunciar
“Aquí no hay nada que esconder”, insiste Ómar Henry Velasco. A prudente distancia, su esposa Nubia asiente el comentario y agrega que a su hijo lo quieren sacar del juego político. Entonces, el abogado payanés vuelve al pasado: “No hay memoria en este país. Al procurador Carlos Mauro Hoyos lo mataron por valiente y nadie lo recuerda. Al coronel Valdemar Franklin Quintero, con quien trabajé mucho cuando él era director de la Policía de Antioquia, le sucedió lo mismo. Hay muchas verdades que necesitan conocerse y muchos líderes que no pueden olvidarse”.
Y vuelve a clasificar sus recuerdos: “Hay que recordar a Jaime Pardo Leal, con quien hablé muchas veces en la Procuraduría; es necesario que no se olvide que uno de los alumnos del coronel israelí Yair Klein fue el Negro Vladimir, quien aún está preso y sabe muchas cosas”. En cuanto a su hijo, con la calma y casi inexpresividad que lo caracteriza, concluye: “Él es fuerte, es digno, es un hombre seguro de sí mismo. Nosotros le inculcamos valores que él ha sabido representar. No va a renunciar al Congreso y estoy seguro de que tarde o temprano su caso será resuelto en favor suyo”.
Mientras llega ese momento, como hace 35 años, Ómar Henry Velasco ha decidido retornar a la arena política. Y lo está haciendo para recoger las banderas del movimiento que lidera su hijo Luis Fernando en el Cauca: Colectivo Liberal. Por eso ha vuelto a hablar con el ex presidente César Gaviria, a quien conoció cuando era ministro de Gobierno de Virgilio Barco; con el Directorio Liberal de su departamento; con los senadores y representantes de las bancadas. Como en su tiempos de opositor de Mosquera Chaux, hoy sostiene dos pendones: la izquierda liberal, en la que sigue creyendo, y la inocencia de su hijo, que reclama sin intervenir en la autonomía de la Corte Suprema.