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La temperatura de la Tierra ha aumentado 1,2 grados durante este siglo. El Ártico se está derritiendo y según los cálculos va a llegar un día en el que será completamente navegable. En la Antártica la situación tampoco es alentadora, se están desprendiendo bloques de hielo gigantescos que han alcanzado el tamaño de países como Bélgica.
La Amazonia también se está desangrando por cuenta de la tala indiscriminada de los árboles y, como si fuera poco, en 2050 la población del planeta crecerá en tres mil millones de personas y las emisiones de gases de efecto invernadero habrán tenido que reducirse 60% para ese entonces, de lo contrario, será imposible garantizar la supervivencia de la Tierra y de todo lo que habita en ella.
Es el momento de actuar y de tomar decisiones, como impulsar el desarrollo sostenible o darles incentivos a quienes reforesten los bosques. Pero debe ser una decisión colectiva en la que participen todos los gobiernos, los ciudadanos y los empresarios. Y América Latina tiene un rol crucial en este escenario. Por lo menos así lo creen dos de los delegados de la ONU para el cambio climático, el ex presidente de Chile Ricardo Lagos y la ex primera ministra de Noruega Gro Harlem.
Visiblemente preocupados por el futuro del planeta, porque todavía hay quienes no creen que el fenómeno del cambio climático sea una realidad, como es el caso de la mayoría de candidatos republicanos que aspiran al Senado de los Estados Unidos, por lo difícil que ha sido lograr que los países se pongan de acuerdo para reducir sus emisiones de CO2 y por la posibilidad de que los resultados de la próxima Cumbre de Cambio Climático en Cancún no sean satisfactorios, Lagos y Harlem fueron enfáticos en su mensaje: América Latina debe unirse y diseñar estrategias que, respetando las condiciones de cada nación, aseguren una disminución considerable de los gases de efecto invernadero, el desarrollo sostenible de las industrias y la preservación de los bosques.
Sólo de esta forma su voz será escuchada y podrá liderar acciones en vez de quedarse únicamente obedeciendo órdenes. No será una tarea fácil, pero es posible, recordó Lagos durante el foro de El Espectador que se realizó este miércoles en Bogotá para discutir el tema político del momento, el gran paradigma del siglo XXI: el cambio climático y el desarrollo sostenible.
“Países europeos como Suecia han aumentado en las últimas décadas su Producto Interno Bruto 30% y reducido sus emisiones de gases 7%” ¿Cómo? Según Lagos, fue gracias a que tienen claro hacia dónde están creciendo y que es indispensable el uso de nuevas tecnologías que permitan una mayor producción y eficacia utilizando mucha menos energía. “Han aprendido de los errores del pasado, cuando el desarrollo de los países se buscaba a toda costa sin importar las consecuencias”.
Lo mismo debemos comenzar a hacer en la región y Colombia tiene un terreno abonado por cuenta de las hidroeléctricas y de un modelo de transporte sostenible como es Transmilenio. Sin embargo, Harlem aseguró que esto no es suficiente. “En lo poco que llevo en Bogotá mi nariz ha podido sentir la polución”, y aunque cada habitante de la ciudad produce cuatro toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, mientras un estadounidense 23 y un europeo entre 10 y 12, la meta es que reduzcamos esa cifra a la mitad.
¿Cómo hacerlo? Harlem confiesa que no existe una receta mágica, pero que el secreto consiste en tomar conciencia de que los recursos naturales, como el agua, no deben desperdiciarse. Además, las empresas deben encontrar la forma de aumentar su producción gastando menos energía, ojalá obteniéndola de fuentes renovables, y los gobiernos enfilar baterías para invertir en tecnología y así garantizar el desarrollo sostenible. Pero a esto, sostuvo Lagos, deben sumarse estrategias para reducir la pobreza. “El cambio climático también es un asunto de justicia social”.
Los resultados sólo se verán con el tiempo. Bogotá ya está dando los primeros pasos con la creación de un código de construcción sostenible (ver infografía) y el próximo 4 y 5 de noviembre la cancillería mexicana citó a los países de la región a una reunión previa a la Cumbre de Cancún para llegar unidos y de acuerdo a esta gran cita. Lo importante es pasar de las palabras a las acciones. El tiempo se agota y América Latina tiene una oportunidad de oro para liderar una transformación que proteja el futuro de las nuevas generaciones y garantice la supervivencia del planeta.