Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Cuando pateaba balones durante su niñez no calzaba guayos ni llevaba puestas las camisetas de los equipos con los cuales soñaba jugar cuando fuera adulto. Fue siempre jugador de la calle. Ni siquiera se formó en canchas reglamentarias ni mucho menos en estadios. Aprendió sus gambetas y fintas sobre el cemento y sus primeros entrenadores fueron su padre y su hermano mayor Eduardo. Aunque su familia emigró después hacia Antioquia y allá creció, se educó y logró sus primeros éxitos, el ex futbolista profesional y técnico Alexis García nunca olvidó la tierra que lo vio nacer y considera un orgullo haber sido otro chocoano más que brilló con luz propia en el fútbol.
Nació el 21 de julio de 1960 en Quibdó, como cuarto hijo de una familia de ocho hermanos concebidos en el matrimonio de Ceferino García y Neiva Vega. Su padre era empleado del Banco Popular en la capital chocoana en tiempos en que el comercio con Cartagena era el negocio dominante. Cuando la familia García Vega emigró a Medellín, el pequeño Alexis se alejó de su gente, pero en su corazón quedó grabada su impronta. Llegó al barrio Calasanz, ubicado al noroccidente de la capital antioqueña, donde las constantes inundaciones causadas por la quebrada La Minita que recibía los residuos de la explotación de materiales para la construcción, siempre fue una amenaza.
Cuando todo parecía promisorio, Alexis García tuvo que afrontar una dura prueba de la vida. Su padre murió a causa de un infarto durante un viaje a Valledupar en 1966. A su madre Neiva le tocó sacar adelante a sus hijos haciendo labores de aseo y cocina. Como un guerrero, Alexis superó las adversidades y se hizo fuerte. Empezó a colaborar con las labores domesticas en su hogar y luego consiguió sus primeros empleos como podador de jardines y mensajero. Sin embargo, a pesar de los infortunios, con sus hermanos, siempre encontró la forma de divertirse y la principal opción fue el fútbol. El primer balón lo hicieron con la cabeza de una muñeca que había sido de una de sus hermanas, rellena de papel periódico.
Ya a los siete años, empezó a contagiarse de la fiebre futbolera. Con una ventaja: desde su casa ubicada a escasas cuatro cuadras del estadio Atanasio Girardot escuchaba los ensordecedores cánticos de los aficionados. Una que otra vez asistía al coliseo deportivo, especialmente cuando jugaba el poderoso Independiente Medellín o el Atlético Nacional contra su equipo predilecto en aquella época: Millonarios. De esas visitas todavía conserva el recuerdo de ver jugar al 10 azul, Alejandro Brand, el jugador que lo marcó para el resto de su vida. Siempre lo admiró por el trato que le daba al balón, la inteligencia de sus pases y la disciplina con la que enfrentaba cada compromiso.
A pesar de que los recursos económicos escaseaban en el hogar, Alexis García se rebuscaba la manera de asistir al estadio. En sus días de niñez, a finales de los años 60, por su corta estatura lo dejaban ingresar de manera gratuita a ver los últimos 20 minutos de cada encuentro. Entonces centraba su atención en el análisis de los movimientos de los jugadores para tratar de imitarlos en las calles de su barrio. Era tantas las horas que le dedicaba al fútbol que sus zapatos se desgastaban más que los de sus hermanos. Por eso, su madre Neiva se enfurecía y lo disciplinaba con tanto énfasis que jamás olvidaría los severos regaños que se ganaba a costa de sus aventuras deportivas.
Las canchas de su colegio, Marco Fidel Suarez, también fueron testigos de la magia que Alexis García empezó a demostrar con sus pies. Todos en el plantel educativo sabían de sus condiciones. Tanto así que unos aficionados del barrio vecino San Javier lo fueron a ver y le propusieron jugar en un equipo aficionado llamado Barcelona. A sus doce años, por primera vez vestía la camiseta de un equipo de fútbol, bajo las órdenes de su primer técnico, Guillermo Merlán. En el club Barcelona probó sus habilidades, razón por la cual su hermano Eduardo decidió llevarlo a unas pruebas para jóvenes talentos que por aquellos años organizaba el Independiente Medellín.
Bastaron pocos juegos para que los reclutadores del equipo rojo de la montaña optaran por vincularlo a las categorías juveniles. Su primer fogueo fue el popular torneo de la Ponyfútbol, donde lo vio jugar el mítico impulsor del fútbol antioqueño Guillermo Hinestroza Isaza, quien con su acertado discernimiento técnico ubicó a Alexis García en el medio campo, zona donde rápidamente demostró sus cualidades. Además le sirvió la genética chocoana heredada de su padre. Con evidente potencial físico y riqueza técnica, pronto lo vio otro promotor de futbolistas antioqueños, Francisco González, quien lo vinculó al club Fabricato, equipo emblema del fútbol aficionado en Medellín.
En ese combinado comenzó a vislumbrar el fútbol como su alternativa de vida y su opción para ayudar a la familia. Un sueño que se hizo realidad en 1976, a sus 16 años, cuando fue convocado a la selección Antioquia. Paradójicamente, en el primer partido debió enfrentar a Chocó. En adelante, disputó cuatro torneos nacionales, dos en categoría juvenil y dos en mayores. Por eso tuvo la posibilidad de regresar varias veces a su ciudad natal Quibdó y lamentar las difíciles condiciones de su gente. Desde entonces empezó a pensar que si llegaba al profesionalismo no iba a dudar en brindarle ayuda a algunos jugadores de este semillero de futbolistas colombianos.
Durante su paso por la selección Antioquia obtuvo tres títulos y lo que anhelaba hacer con otros se realizó en sí mismo. Conoció al acreditado técnico del fútbol colombiano, Humberto “Tucho” Ortiz, quien se convirtió en un segundo padre. “Si era necesario me daba hospedaje en su casa y cubría todos mis gastos económicos y alimenticios”, recuerda Alexis. No sólo le brindó el apoyo necesario para que se encaminara como jugador profesional, sino que le entregó su primera dotación deportiva. Una sudadera verde con blanco, un par de tenis y unos guayos negros. Esa noche se durmió con el uniforme puesto y al día siguiente tuvo su primer viaje en avión, a Valledupar, la ciudad donde murió su padre.
Después de su exitoso paso por la selección Antioquia entre 1978 y 1979, a Alexis García le llegaron las primeras propuestas para jugar en el fútbol profesional colombiano. Atlético Nacional e Independiente Medellín se interesaron, luego se sumaron a la baraja de clubes que querían contar con sus servicios Cúcuta Deportivo y América de Cali. Sin embargo, por asuntos de amor y también porque medió un atractivo contrato laboral, el volante chocoano decidió fichar con el Once Caldas de Manizales para la temporada 1980. A punto de cumplir 20 años cumplió su sueño de jugar fútbol profesional. De paso adquirió la costumbre de visitar constantemente a Medellín.
Debutó en el profesionalismo jugando contra Santa Fe en el estadio Palogrande de Manizales. Ingresó al minuto 70 en un encuentro que su equipo albo ganó por 2 goles a 1. A pesar de que solo jugó 20 minutos, su destacada actuación ese día y las pinceladas de buen juego que alcanzó a demostrar frente al público manizaleño, lo llevaron a ser titular en el siguiente partido. Paradójicamente fue contra Atlético Nacional en Medellín. Jamás podrá borrar de su mente su primer gol en el profesionalismo. “El arquero de Nacional era el uruguayo Lorenzo Carrabs. Me llegó un balón cruzado, lo controlé con el pecho y se la crucé al segundo palo”, recuerda emocionado.
De la misma manera como empezó a triunfar en el fútbol, su situación económica y la de su familia mejoraron. Con su primer sueldo de $75.000 le compró una lavadora a su madre para que nunca más lo hiciera a mano. Después adquirió su primer carro, un Renault 6 destartalado que lo dejaba varado en todas partes pero que recuerda con cariño. Con el tiempo compró un apartamento, todo gracias al fútbol. Era el diez intocable del blanco blanco, pero aún faltaba lo mejor. En 1986 llegó a la dirección técnica del equipo su paisano, Francisco Maturana, tan chocoano y antioqueño como él. Aunque el equipo mostró personalidad y un estilo propio no alcanzó el añorado título.
Sin embargo, al año siguiente Maturana pasó al Atlético Nacional y se llevó consigo a Alexis García. Iba para el Medellín, pero se le atravesó el equipo verdolaga, donde crecía una generación que ayudó a cambiar la historia del fútbol colombiano. Después de seis temporadas, 280 partidos y 22 goles, le dijo adiós a Manizales, ciudad a la que siempre agradeció sus aplausos, y regresó a la capital antioqueña por la puerta grande. Los frutos no se hicieron esperar. A partir de 1987, el equipo empezó a vivir una época dorada con un equipo de puros criollos que fue ganando terreno hasta alcanzar grandes victorias. Un combinado que fue la base de la Selección Colombia que también dirigió Maturana.
Jugadores como René Higuita, Luis Carlos Perea, Andrés Escobar, Gildardo Gómez, John Jairo Carmona, Ricardo Pérez, Leonel Álvarez, Luis Alfonso Fajardo, Felipe Pérez, John Jairo Tréllez y Albeiro Usurriaga, entre otros, conformaron una nómina de lujo. Por su liderazgo, su entrega, pero esencialmente por sus condiciones profesionales y técnicas, en ese equipo histórico Alexis García obr´ço como capitán. Fue el mismo plantel que en 1989 conquistó la Copa Libertadores de América. Cuando levantó la copa en Bogotá en una inolvidable final contra Olimpia del Paraguay que se resolvió a penales, recordó a su familia, a sus amigos y al Chocó que lo vio nacer.
De ese torneo recuerda el gol que le hizo al Danubio de Uruguay en la ronda de semifinales. Después de un aburrido 0 a 0 en territorio charrúa, en el partido de vuelta Alexis García fue quien abrió la cuenta con una espectacular volea. Fue el inicio de un 6 a 0 inolvidable que le abrió al equipo verdolaga el camino hacia el título. Quince días después, el 31 de mayo de 1989, dio la vuelta olímpica en Bogotá, aunque alcanzó a sentir el mundo encima cuando erró el penal que le tocó patear en la instancia definitiva. Fue un momento sublime para el deporte colombiano. La memoria colectiva aún recuerda a Higuita tapando cobros hasta que Leonel Álvarez le dio a Nacional la victoria.
Un título tan recordado por Alexis García como el que logró en 1991 para ayudar a colocarle la quinta estrella al escudo del equipo. Ese año jugó la Copa Libertadores en Miami y San Cristóbal (Venezuela) porque la plaza del Atanasio Girardot estaba sancionada por la Confederación Suramericana de Fútbol y llegó hasta semifinales donde Olimpia de Paraguay cobró revancha. Y logró el título colombiano con un rutilante equipo donde además de los consagrados René Higuita, Andrés Escobar o Luis Fernando “Chonto” Herrera, compartió con una mueva generación de futbolistas que también hizo historia. Mauricio “Chicho” Serna, Diego León Osorio o Juan Jairo Galeano.
En 1992, siempre con la banda de capitán y como cerebro de un equipo estelar, con Atlético Nacional alcanzó el subtítulo detrás de América. En 1993 fue tercero y todo hacía pensar que el equipo cedía, pero en 1994 llegó el desquite y con un equipo emblemático que lo ganó todo. Bajo la dirección técnica de Juan José Peláez, se llevó el primer campeonato del año. Repitió en el torneo finalización y siguió derecho en el cuadrangular final por encima de Millonarios y América. Alexis García fue la figura del sexto título verde con un equipo que vio surgir a Juan Pablo Ángel, Francisco “Miyuca” Mosquera, Herman “Carepa” Gaviria, Víctor Hugo Marulanda, Nixon Perea y Alirio “Marinillo” Serna, entre otros.
En 1995 la meta fue alzarse de nuevo con la Copa Libertadores de América. En la primera ronda, junto a Millonarios, Nacional enfrentó a los equipos chilenos Universidad Católica y Universidad de Chile. Avanzaron los colombianos. Luego Nacional tuvo que vérselas con el copero uruguayo Peñarol y tanto en Medellín como en Montevideo ganó por idéntico marcador 3-1. “El maestro” Alexis, como ya era conocido, anotó uno de los goles de esta fase. En cuartos de final sacó de la contienda a su archirrival colombiano Millonarios. La semifinal se resolvió por penales y dejó en el camino a River de Argentina. Todo estaba servido para repetir la odisea de 1989. Pero se le atravesó en el sueño el Gremio del Brasil.
Perdieron la primera final en Porto Alegre por 3 a 1 y en la revancha el partido en el Atanasio Girardot concluyó 1 a 1. Fue frustrante para todo el equipo y particularmente para Alexis García que a sus 35 años empezaba a vislumbrar su retiro. El único consuelo fue perder con un equipazo dirigido por el internacional Luiz Felipe Scolari, donde brillaron los afamados Jardel, Adilson y Paulo Nunes. En el torneo local, a pesar de que un invicto en las 10 primeras fechas auguraban buen destino, el equipo se fue cayendo y finalizó tercero. Lo mismo que sucedió en el doble campeonato 1996-1997. El ciclo empezaba a cerrarse para Alexis García que al año siguiente optó por colgar los guayos.
Tenía 38 años cuando se retiró de las canchas. Lo hizo porque ya era el momento después de más de 20 años de competencia y porque quería dedicar más tiempo a sus hijos Julián Andrés y Álvaro Felipe. Después llegaron a su vida Melisa y Valentina. En su récord personal quedó el registro de 723 partidos en el torneo colombiano y 79 goles alcanzados, 443 de ellos jugando para Nacional, donde anotó en 57 ocasiones. Además jugó 61 partidos en la Copa Libertadores y logró cinco goles. Sin duda alguna, se iba un grande del fútbol colombiano, quien a pesar de sus logros vivió una frustración aparte con la Selección Colombia, donde no pudo afianzarse como titular.
A pesar de que disputó eliminatorias para los Juegos Olímpicos, la Copa América, clasificatorios al Mundial y muchos partidos amistosos, a la hora de los compromisos vitales tuvo que quedarse en la banca porque los titulares habituales siempre fueron Carlos “El Pibe” Valderrama y Freddy Rincón. Él sabía que estaban por encima de el, pero fue doloroso asumir que ayudó a la Selección Colombia a clasificar a mundiales pero no obtuvo un cupo en la lista final. En una entrevista con el periódico El Espectador aseguró: “los técnicos de la selección eran los mismos que tenía en Nacional, donde era capitán, líder y consentido. No lo puedo negar, me dio mucho dolor”.
Cuando concluyó su tiempo como futbolista, Alexis García tuvo claro que tenía mucho que enseñar. Por eso se vinculó inicialmente a las divisiones inferiores de Atlético Nacional y fundó una escuela de fútbol que lleva su nombre y que hoy tiene sedes en Medellín y Quibdó. Empezó a formarse como director técnico, estudió en Holanda, hizo sus pasantías en el afamado equipo Ajax, en el Real Madrid de España y el Boca Juniors de Argentina. En 1999 debutó como entrenador en el mismo equipo en el que debutó: el Once Caldas. Después fue al Bucaramanga, regresó a Nacional, dirigió el Centauros de Villavicencio y en 2006 empezó un ciclo exitoso con un debutante del torneo: Seguros La Equidad.
En siete años, “El maestro” Alexis García llevó el equipo a tres finales. La del Torneo Finalización 2007 que perdió con Nacional; la del campeonato Apertura 2010 en la que fue derrotado por Junior de Barranquilla y la del Torneo Apertura 2011 en que volvió a perder con Nacional. Con Equidad Seguros disputó tres versiones de la Copa Suramericana. En 2013 fue a dirigir al Junior pero no le salieron las cosas y abandonó el equipo. Dirigió a Fortaleza de Bogotá en 2014 donde adelantó un proceso para salvar la categoría, sin embargo, no logró su cometido. Ahora tiene como misión enderezar el destino de Santa Fe, sabe que no será un misión fácil por el entorno que vive el conjunto capitalino, pero asumió el reto porque al fin y al cabo lleva muchos años dedicado al fútbol, del que conserva un rosario de buenos y malos momentos.
Como la noche en Asunción en la que después de disputar con Nacional el partido de ida de la final de la Libertadores de 1989 contra Olimpia, tuvo que cumplir con Faustino Asprilla el control antidoping y como “El Tino” tenía problemas estomacales no podía orinar. Entonces les dijo a los miembros de la comisión antidoping que si querían les completaba la muestra con el “daño de estómago”. Los doctores, entre carcajadas, no podrían creer el desparpajo de “Fausto”. Hoy, cuando se encuentran Alexis siempre le pregunta si ya completó la muestra para el control Antidoping, y vuelven a recordar como cómplices los años en que fueron una familia del fútbol.
La del Atlético Nacional que en 1994 vivió su peor momento cuando fue asesinado su compañero Andrés Escobar, a quién recuerda como un gran amigo y un hermano. “Compartimos juntos muchas actividades fuera de la cancha. Hacíamos obras sociales. Teníamos un hogar de ancianos y los visitábamos o les llevábamos regalos”, recuerda con lágrimas en sus ojos Alexis. La injusta partida del “Caballero de Wembley”, ha sido su peor momento en el fútbol. El día que lo mataron tuvo que reconocer su cuerpo sin vida en Medicina Legal. Hoy, cada que pelea un campeonato o disputa un partido difícil busca en su memoria a su amigo Andrés porque sabe que desde la eternidad lo sigue acompañando.
Lo mismo que sus recuerdos y afectos por Chocó porque sabe que en la cancha, los jugadores de su tierra tienen más que otros. Velocidad, técnica, fortaleza, en su criterio solo le faltan dos cosas: que se la crean, que se concienticen de sus capacidades para jugar al fútbol, y algo de humildad y disciplina cuando llegan a las ligas profesionales. Sabe que tienen el talento y condiciones pero no tienen organización adecuada, ni siquiera canchas donde practicar. Según “El maestro” Alexis García, desafortunadamente “el jugador chocoano debe salir del Chocó y si se lo creen, como él lo demostró con su fútbol exquisito, “pueden llegar muy lejos, pueden ser los mejores”.