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Papelería de trámite

Lorenzo Madrigal
28 de septiembre de 2014 – 10:00 p. m.

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Los escritos de La Habana son entregados ahora para su lectura. Son acuerdos en que lo más urticante se ve aplazado y pendiente, cobijados además por la incertidumbre de “nada estar acordado hasta que todo…”.

Es un pretexto y también un texto previo) para que no se diga que la ciudadanía votó sin saber, que fue asaltada en su buena fe. Parecen una constancia de trámite. Pero, aparte de los rumores sobre la existencia de otras aproximaciones confidenciales, poco se saca en claro de los textos que se han hecho públicos y de las generalidades allí expresadas.

Se destaca el compromiso de no volver a tomar las armas por razones políticas, lo que parece claro, pese a ser algo tan incierto. Pero sería bueno conocer otras cosas, como en qué proporción llegará la insurgencia al Congreso, esto es, cual es la cifra o el umbral artificial con el cual habrán ganado curules gracias al acuerdo de paz. En materia de impunidad, a la que se tendrá que llegar no se sabe en qué grado, los papeles de La Habana resbalan. Por equidad, piensa uno, alguna reducción de penas debería contemplarse también para la población carcelaria.

Otro punto es el de las zonas de reserva campesina, claramente llamadas por los insurgentes “territorios campesinos”. No se sabe bien en qué vayan a quedar. Aunque de creación legal anterior, su nuevo concepto está pendiente. Se conoce que se ha pedido aumentarlas en número y autonomía y por lo general en zonas de influencia guerrillera. Sería importante que no parecieran una conquista territorial, producto de la guerra. Porque si fue mal visto el Caguán, que tuvo un tiempo limitado y finalmente se recuperó (o al menos don Manuel devolvió “los caseríos” ), menos aceptable sería que parte del territorio quedara bajo una jurisdicción desmembrada del poder central de la República.

Los acuerdos son tan generalizados y complejos que la población nunca va a entender su alcance, pero ello favorece rotundamente la negociación de paz. Van a refrendarse en bloque; más aún, según los eximios reformadores de los poderes del Estado, se van a votar bajo obligación de votar. Se dirá que libremente, pero llegará el momento en que todo se polariza y acabará por decirse que si se vota en un sentido es la paz y si se vota en el otro es la guerra.

Sólo faltaría que a Juan Manuel Santos, mientras acredita su Nobel por el mundo, le inventen otra doña Mechas y sus publicistas le consigan en el pueblo raso alguien que ridiculice las opciones alternas, para que los acuerdos De la Calle-Márquez sean refrendados por una gran votación obligada.

La lectura de los borradores parecerá desclasificar los secretos de La Habana, pero no por aprobar propósitos, que nadie objetaría, la población tomará conciencia de todos los pormenores que conducen a la paz.

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