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Paz y política exterior

Alvaro Forero Tascón
28 de septiembre de 2014 – 10:00 p. m.

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Algunos criticaron que el presidente Santos haya presentado a Colombia como país modelo en materia de búsqueda de la paz en su intervención ante las Naciones Unidas, cuando el mundo se está embarcando en otra aventura militar en el Medio Oriente para combatir el terrorismo. Sostienen que la paz es un asunto político interno, y que vamos en contravía del momento internacional.

Sin embargo, en la realidad globalizada de hoy cada vez es más borrosa la línea entre asuntos internos y externos. El ejemplo más claro es que si llegare a haber paz en Colombia pronto se deberá en buena parte a la política exterior, que le devolvió a Venezuela el papel conciliador entre el Gobierno y la guerrilla que le había entregado por razones obvias Álvaro Uribe, para luego retirárselo con cálculo político interno, graduando de enemigo a Hugo Chávez, alegando que había hecho una llamada telefónica a un militar colombiano. Ese giro sacó a Colombia del aislamiento en materia de seguridad, del estado de zozobra fronteriza, y cambió el apoyo tácito de algunos países de la región a las Farc por presión para que se desmovilicen. Muy seguramente fue Hugo Chávez quien les recriminó a los cabecillas de las Farc que eran la vergüenza de la izquierda del continente, que los estaba dejando el bus de la historia porque mientras en la mayoría de países de América Latina prosperaba la izquierda, ellos habían convertido a Colombia en el país más conservador y —durante el gobierno Uribe— en el Israel de la región.

Este es el momento para subir el perfil internacional del proceso de paz y contrastarlo con lo que sucede en otras partes del mundo, porque al proceso le viene ahora un reto delicado. Algunos sectores conservadores de países como Estados Unidos pueden oponerse a la aplicación de la justicia transicional, alegando que las Farc son narcotraficantes y terroristas que violaron el derecho internacional humanitario y tienen deudas pendientes con sus países. Congresistas republicanos extremistas y medios de comunicación populistas como Fox News, aupados por sectores de la oposición colombiana, pueden buscar presionar al gobierno Obama para complicar el proceso de paz. Pero eso equivaldría a lo que calificó el gobierno anterior como traición a la patria, cuando el entonces congresista Gustavo Petro visitó a congresistas estadounidenses para oponerse a políticas del gobierno Uribe.

Por eso, el contraste del proceso de paz colombiano con el fracaso de Afganistán es el mejor argumento para convencer a la comunidad internacional de pagar el precio bajo de terminar el conflicto colombiano aplicando justicia transicional. Cuando el año próximo termine la operación de 25 países coordinados por la OTAN y encabezados por Estados Unidos en Afganistán, se fortalecerá la tesis de que no es viable terminar solo por vía militar guerras de guerrillas con profundas raíces históricas y sociales, en geografías impenetrables y con financiación, especialmente del narcotráfico, como es el caso de los talibanes y las Farc. En ese contexto, si para entonces el proceso de paz colombiano ha avanzado con éxito, sería aceptable y replicable recurrir a soluciones razonables como la justicia transicional.

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