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No es usual que las empresas del Estado produzcan buenas resultados.
La burocracia, la politiquería, la corrupción y la ineficiencia las rondan cual lobos feroces, sumiéndolas en un paquidermismo y una anarquía tales que las convierten en parásitas y presas fáciles para que los privados se apoderen de sus mercados.
Sin embargo, hay excepciones, como la empresa 4-72 —antes Adpostal—, que estuvo a punto de cerrarse, convirtiéndose en otra vergüenza nacional.
Denominada así en razón a que 4-72 son las coordenadas que ubican el centro de Colombia, desde 2012 pasó de ser la empresita de correos en vía de extinción a un negocio postal con enfoque en el e-commerce, la más novedosa automatización, nuevas tendencias y el envío oportuno y seguro de paquetes y documentos, dirigiéndose no sólo al mercado nacional sino apostándole al mundo entero.
Los resultados no pueden ser mejores: sus utilidades pasaron de 2012 a 2013 de 4.636 millones a 23.700, y los ingresos se catapultaron en el mismo lapso de 184.000 a 240.000 millones, un aumento del 30%.
Y no sólo eso: de 9.780 piezas por empleados se llegó a 31.000 piezas y los volúmenes de envíos crecieron en 170%, pasando de 34 millones en 2012 a más de 92 millones en 2013.
Antes, Adpostal centraba el 80% de sus ingresos en los negocios de documentos. Ahora, el 23% proviene de negocios distintos al tradicional, como gestión documental, paquetería, servicios financieros y electrónicos, logrando que la participación de la empresa en el sector gobierno se incrementara de un 16% a un 20%.
Con exigentes certificaciones de calidad y la implementación del código postal, 4-72 ha conseguido que la satisfacción de sus clientes llegue a 4,3 sobre 5, cumpliendo en un 92% los tiempos de entrega.
Ah, y olvidaba decir que esto lo ha logrado una caleña de esas que no salen en los registros sociales ni pertenece a los besamanos parroquiales. Se llama Adriana Barragán.