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La reciprocidad es un principio básico de las relaciones entre naciones soberanas.
Colombia ha sido aliado fiel de los Estados Unidos en la larga y sangrienta lucha contra el narcotráfico y, gracias a eso, muchos delincuentes han pagado por sus crímenes.
No obstante, a otros les ha ido mejor, con penas leves y hasta permisos de residencia. También son numerosos los casos de inocentes extraditados por error que no obtuvieron protección de nuestras autoridades —como el carpintero que se salvó por los pelos de irse extraditado—.
Además se sabe de numerosos personajes siniestros que han hurtado fortunas a municipios pobres y entidades públicas y han logrado esconderse en esa nación al amparo de nuestra lenta justicia.
Pero ahora escuchamos de un caso aberrante, el del exministro Arias, condenado judicialmente por graves actos de corrupción, a punto de obtener asilo en Estados Unidos. Ese amparo contra una condena criminal válida sería duro golpe a la reciprocidad y a la fidelidad colombiana frente al mecanismo de la extradición.
Así como apoyamos la lucha binacional contra el delito, debemos exigir que nuestros aliados no den refugio a los corruptos que tanto daño han ocasionado a Colombia.
Ricardo Alarcón Gutiérrez.
Bogotá.
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