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Se suele decir que el primer paso para superar una situación difícil es reconocerla, que no se debe negar nunca el dolor causado por una pena, y ese —aunque no lo parezca, ese es el chiste— es uno de los principios de la comedia. El humor selecciona situaciones de la vida que reconoce como trágicas, las aleja para observarlas con objetividad y crea una representación cómica con la intención única de hacer reír y liberar. Así, el hecho de ofenderse o señalar de cruel e inhumana una representación cómica que se basa en una desgracia es contradictorio. Nada más humano que la tragedia y la comedia, dos esencias que se entremezclan constantemente en una espiral sucesiva dentro del vasto espectro de la condición humana. En este sentido, sería insensata una denuncia penal por injuria contra los comediantes Camilo Sánchez y Camilo Pardo, por su supuesto “trato cruel, degradante, inhumano y poco ético” en uno de sus shows, cuando lo que hicieron fue crear humor a partir de un hecho trágico.
La dinámica de F*cks News consiste en recopilar noticias absurdas o trágicas que sirven de materia prima para crear otras posibles historias, juegos de lenguaje, ironías, críticas sociales y, sobre todo, una perspectiva distinta de la situación, una mirada divertida. Se trata de ridiculizar aquello que causa dolor. El humor reconoce un hecho como absurdo o moralmente incorrecto para luego “desdramatizarlo”, que no es lo mismo que burlarse del sufrimiento de quien lo protagoniza; además, como representación escénica unifica a la comunidad en tanto que se basa en sucesos que generan indignación o rechazo por su carácter indebido o disparatado.
Esta representación que narra los hechos desde otra perspectiva se asoma un poco por fuera de las rendijas de la moral. Pierde sentido entonces la petición de quienes abogan por el respeto, cuando lo que hace la comedia es precisamente invertir un orden que hay por fuera de esa puesta en escena. En un stand up hay todo un contexto en el que comediantes y espectadores tienen un acuerdo tácito sobre la intencionalidad del show. Recriminar un espectáculo por salirse del marco moral de ese momento social es censurar una forma más de creación artística, un dogmatismo disfrazado de corrección política que interpreta de manera literal algo que esconde un significado y confunde el respeto y la convivencia con cero conflictos e inexistencia de desacuerdos. ¿A dónde llegaría la comedia si antes de cada show se le preguntara a cada persona si se ofendería con X o Y? ¿No sería mejor que cada quien tenga las herramientas emocionales y psicológicas para analizar ese sentimiento de humillación que aparece ante la broma? En nuestra cultura, el poder de ese otro se puede combatir con algunos mecanismos: pintura, música, palabra, pensamiento crítico, ideas… hay una más: ¡humor!
Ya los teóricos de la resiliencia han subrayado el humor como un mecanismo para transformar un trauma y trasladarlo de un estado emocional a uno racional, un estado más objetivo que permite tomar distancia y alejarse del sufrimiento. Boris Cyrulnik, pionero de la teoría de la resiliencia, dice que “no hay nada más serio que el humor, porque permite decir de un modo fácil verdades insoportables”. Si me río de mí mismo y mis tragedias, ¿qué poder le dejo al otro para humillarme? Convendría promover esta filosofía en un país como el nuestro, donde un noticiero parece un compendio de desgracias y podría recibir con placer el bálsamo de la comedia, y eso es lo que hacen Sánchez y Pardo con su programa.