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Esta semana el DANE publicó los resultados de los estudios de crecimiento de la economía colombiana, así como el estado de algunos sectores productivos, incluyendo la industria, el comercio y los servicios.
El resultado final es que nuestro PIB creció por encima del 5% (5,4%) en el primer semestre del año, situación que ratifica el buen estado de la macroeconomía y las perspectivas de optimismo para el cierre del año 2014.
Este resultado se logra en buena medida por el buen comportamiento de la construcción (en particular las obras civiles, que acumulan crecimiento del 10,2%), así como por el comercio y el sector servicios. Lo anterior ratifica las bondades de la política de inversión en infraestructura que viene adelantando el Gobierno. Además, la cifra se debe en parte al buen comportamiento del consumo interno y la inversión.
Estos avances tienen efectos directos positivos en la generación de empleo, aumento de cartera para motivar la inversión, y se logran además con una tasa de interés estable a pesar de los aumentos en la tasa interbancaria (situación que confirma la tesis del ministro de Hacienda en el sentido de que esta tasa del 4,5% es neutra en la economía), y con una tasa de cambio levemente devaluada para este primer semestre. Lo anterior augura expectativas positivas alimentadas del mejor comportamiento de la tasa de cambio y que sosteniendo los niveles de consumo e inversión, nos podrían llevar por una senda de crecimiento levemente por encima del 5% en los próximos meses.
Adicional a lo anterior y como hecho para destacar, el crecimiento es muy superior al del resto de países de América Latina, incluyendo varios que tradicionalmente nos superaban, como Brasil, México, Chile o Perú. Esto hace que la comparación ahora sea con naciones que históricamente han tenido los mayores crecimientos del mundo, como Singapur, China o India.
Dicho lo anterior, debemos urgentemente abordar tres retos puntuales y de alto impacto. De un lado, es indispensable fortalecer una estrategia dirigida al sector industrial, así como al de minería e hidrocarburos. En el primer caso, buscando hacer realmente competitivo el sector (incluyendo temas de menores costos logísticos, de transporte, de energía y la implementación de una urgente política anticontrabando) y en el segundo caso, dando solución definitiva a las demoras y obstáculos en los temas de consulta a comunidades y licencias ambientales.
Pero estos dos propósitos sectoriales deben ser acompañados por una estrategia que mejore aún más los índices de competitividad de Colombia. En los últimos datos del WEF (World Economic Forum), a pesar de nuestro mejoramiento en tres puestos, resultado de los avances sobresalientes en infraestructura, formación tecnológica, manejo macroeconómico, desarrollo del mercado financiero y resultados en salud pública, sigue siendo urgente revisar los temas de corrupción, ética, eficiencia en los mercados y en especial los asuntos de educación, ciencia y tecnología.
Es destacable hacer de la educación y ahora de la ciencia tema central de la narrativa oficial. Lo que hace falta es traducir ese discurso en realidad. Si queremos ser en los próximos años la nación más educada de la región, es indispensable avanzar más rápidamente en la calidad docente, en la forma como se educa, en el tiempo dedicado por los estudiantes a la educación, en invertir en verdaderos procesos de innovación, en bilingüismo y en pertinencia de la formación impartida.
De países como Uruguay, Brasil, Chile o México (que son los mejores de la región), una lección adicional aprendida es fortalecer el liderazgo rectoral en los niveles de educación básica y media, y aumentar significativamente los recursos, en el entendido de que exista una medición de la efectividad de dicho gasto.
Destaquemos el buen desempeño macro del país y con este pasaporte de entrada exijamos mayores esfuerzos en materia competitiva y en especial en los temas de la educación y la ética pública y privada en el país. Como lo expresó el profesor de Harvard Michael Sandel en su visita a Colombia: “La gente tiene hambre de algo más allá de la economía de mercado”. Y asuntos como la ética, la educación y la equidad pueden ser parte de ese nuevo propósito de actuación que debe llenar el actuar y compromiso público y privado.
José Manuel Restrepo Abondano *
jrestrep@gmail.com / @jrestrp