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Los testimonios dejaron saber que podían usarse estos aparatos sin un soporte escrito y sin órdenes judiciales, que no tenían códigos de acceso y que podían grabar 16 líneas al tiempo.
Manipulaciones
La oficial de inteligencia del DAS Elena Rodríguez Romero, con 20 años de experiencia, le narró a la justicia episodios preocupantes sobre el manejo que la subdirección de contrainteligencia le daba a las pruebas de polígrafo. Sostuvo que se enteró de que un detective sacó información del DAS “y la vendió”, y de que el capitán (r) Jorge Lagos, entonces director de esa dependencia, quería saber qué agente había hablado en el organismo sobre un asunto familiar en el que se relacionaban antecedentes penales de su cuñado.
Pero lo más grave lo dejó para el final. Dijo que escuchó manifestaciones de compañeros que decían que la jefe de su grupo, Luz Marina Solaque, les hacía modificar conceptos negativos de los estudios de confiabilidad de algunos detectives. “En la época de Jorge Noguera hubo mucha gente con antecedentes, que no llenaba los requisitos, que no era confiable” y que terminó ascendida.
Se daban órdenes verbales
La coordinadora del grupo de recursos tecnológicos del DAS, Teresa Guzmán, contó que le correspondía administrar una sala conectada con el sistema Esperanza de la Fiscalía que tiene los programas Lincoln y Pen Link, que son de grabación; que los equipos móviles eran su responsabilidad y que cada unos de éstos graba de manera simultánea ocho y hasta 16 llamadas. Según dijo, estos equipos se usaban para neutralizar acciones terroristas y, lo más grave, que las autorizaciones para usarlos no necesariamente tenían que estar por escrito. “Algunas órdenes del nivel central eran verbales, como las de la dirección de Inteligencia”.
Explicó que ninguno de esos aparatos podía pernoctar fuera de la sede del DAS y que, una vez se termina la misión, “el equipo se deja limpio a nivel de grabaciones”. Dijo que un equipo móvil marca Trigger Fish, que según un acta fue donado por la Embajada de Estados Unidos, no reposaba en los inventarios del DAS y nunca pudo deshacerse de él porque podía llegar alguien a reclamarlo. Al ser preguntada por qué estos equipos no necesitaban una orden judicial para hacer un monitoreo al espectro electromagnético, contestó: “Porque son utilizados solamente para apoyo a labores de inteligencia”.
De igual forma, el subdirector de desarrollo tecnológico, José Antonio García, superior jerárquico de Teresa Guzmán, añadió que la información recopilada por estos equipos móviles “no puede servir para procesos de judicialización” porque con estos portátiles se generan informes de inteligencia.
Otras revelaciones
El subdirector de investigaciones estratégicas del DAS, Évert Alberto Hamburger, también investigado, declaró cómo funcionaba la solicitud y envío de información reservada hacia la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) y que de todo se dejaba constancia a través de oficios.
Por su parte, el ex detective Guillermo Guevara, quien estuvo adscrito a la Dirección de Inteligencia, les contó a las autoridades que tuvo conocimiento de que cada sala de interceptación adjudicada al DAS tiene capacidad para intervenir 100 números de Comcel, igual cantidad del operador Tigo y 120 de Movistar.
De igual forma, el ex funcionario Jorge Iván Moreno relató que el grupo de inteligencia contra el terrorismo del DAS es auspiciado por la embajada norteamericana. Por último, el agente del CTI Rafael Castiblanco testimonió que tuvo información privilegiada de cómo desde el DAS le tenían una carpeta de inteligencia al magistrado auxiliar de la Sala Penal de la Corte Suprema Iván Velásquez Gómez.
La versión de los detectives
Los cuatro detectives encargados del manejo de los equipos móviles de monitoreo de comunicaciones dieron pistas sobre los presuntos abusos que pudieron darles a estos equipos agentes inescrupulosos para espiar a magistrados, periodistas y políticos. El agente Edwin Anderson Ibáñez contó, por ejemplo, que estos aparatos pueden interceptar a una distancia inferior a los 70 metros; que es posible monitorear hasta 16 llamadas al tiempo que son grabadas automáticamente al disco duro del equipo; que según su protocolo dicha información es borrada a través de un software cuando se termina la misión; que no se necesitan claves de acceso para poder operar estos equipos y, por último, que “la labor que se realiza con éstos es la recolección de información que no forma parte de ninguna investigación”.
Su versión fue corroborada por los detectives Richard Alberto Ortega, Jaime Niño Mendivelso y Wilfredo Pérez. El primero manifestó que sabe que hay otros grupos del DAS que son apoyados por embajadas y que cuentan con este tipo de equipos de interceptación. Por su parte, Niño Mendivelso indicó que existen unos controles para la salida de los equipos que le corresponden a la dirección de Contrainteligencia; que las grabaciones del espectro electromagnético que obtienen a veces no son audibles y que el peso aproximado de estos equipos móviles es de 40 kilos. Por último, el agente Wilfredo Pérez detalló que los operarios de estos equipos tienen estudios de confiabilidad y polígrafos; que cuando requieren sus servicios “llegamos al sitio con el equipo instalado en una camioneta” y se inicia el escaneo de las frecuencias en el sector.
Los cuatro funcionarios negaron haber recibido órdenes de ‘chuzar’ magistrados, periodistas o políticos de la oposición.