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En España, “tener duende” es poseer una fuerza afectiva y expresiva, la de ejercitar nuestra capacidad creativa en los momentos más oscuros.
García Lorca decía del duende que encarna una cierta conciencia de la muerte, concreta, no metafísica. Es un espíritu terrenal que ayuda al artista y el filósofo a reconocer los límites de su inteligencia al confrontarlo con la muerte y la tragedia de la historia.
Pero el resultado no es miedo o inercia. Al contrario, evoca la sabiduría y el actuar de y en las gentes enriquecidas por el exilio y la tragedia. Para el poeta, el duende encarna la alternativa a esa gracia divina que los españoles llaman ángel en referencia a las normas clásicas del arte y el pensamiento dictado por Dios o una musa. Por eso, tener duende es también rozar lo diabólico y enfrentarlo.
El origen de la expresión está en la tradición popular y las cosmologías precristianas. Quizás por ello ha sido fuente privilegiada de invención crítica en la época moderna. Cuando Helen McFarlane tradujo por primera vez al inglés el Manifiesto comunista —para algunos la encarnación del mismísimo demonio— eligió el termino hobgoblin, duende, en vez del quizá más reconocible “fantasma”.
Si ello parece un desliz de comedia a los muy serios conocedores y opositores del izquierdismo hoy, en 1850 era una opción literaria relevante. Pues resonaba con los ensayos de Emerson, un favorito de McFarlane, en los que un duende aterra a políticos empequeñecidos y pensadores mediocres. Pero también con el imaginario histórico de la campiña escocesa, cuyas criaturas habitaban la vida cotidiana de los campesinos.
Quizás por ello no es mera coincidencia el que se hubiesen encontrado en las islas británicas el duende español y el hobgoblin escocés esta semana, cuando el destino mismo de Europa está en juego.
En Londres, los casi gemelos Íñigo Errejón y Owen Jones, entre otros, se encontraron en una sala independentista para conmemorar la apertura del primer círculo Podemos Londres. Podemos es el partido epicentro de un verdadero terremoto político en España hoy. Su emergencia ha abierto una falla por la cual están cayendo populares y socialistas. La inspiración de Podemos, por increíble que ello parezca a los nuestros, es el duende latinoamericano que campea el continente para espanto de políticos colombianos empequeñecidos, sus filósofos de Estado y sus amos económicos.
El duende español Podemos fue opuesto en Londres al capitalismo financiero europeo, que tambalea medio muerto como un zombi. Al tiempo que el hobgoblin escocés se apresta a dar un golpe letal al moribundo statu quo. El establecimiento político británico, instruido por sus amos económicos, ha descendido sobre Escocia para evitar la debacle. Demasiado tarde. Europa ya tiene duende.
Óscar Guardiola Rivera *