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En el mundo globalizado, no solo países islámicos, los llamados “enviados” se adueñan de la libre personalidad de las minorías para constreñirlas, condicionarlas, excluirlas, prohibir sus libertades y, en ocasiones, eliminarlas (limpiezas sociales).
Hemos visto, al Procurador, rechazar la sentencia de la Corte Constitucional que permitió la adopción de niños, por parejas homosexuales, con limitantes. Los prohibicionistas no solo irrespetan y violan derechos fundamentales, consagrados en la Constitución. Incurren en la doble moral. La iglesia católica, ha tenido pederastas consumados, como el Padre Marcial Maciel. El nuncio Wesolowshy, apodado “el italiano” abusó de niños dominicanos entre 2008 y 2013. Sergio Urrego era estudiante del Gimnasio Castillo Campestre, donde las directrices de los “dueños” del saber y la condición humana, sirven, a veces, para acabar con el amor y las esperanzas de vida del dulce soñar de la juventud.
La discriminación hizo reaccionar a la familia de Sergio, denunciando la exigencia ilegal de presentar un certificado de acompañamiento psicológico, todos los meses hasta el día de su grado. Se cumplió pero no fue aceptado. Los padres del novio de Sergio lo denunciaron ante la Unidad de Reacción Inmediata por acoso sexual contra su hijo. Estas abominables actitudes destrozaron su corazón y su vivir enamorado. Así lo demuestran las distintas misivas que dejó Sergio. Escribía “Hoy espero lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, que caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad, deseaba suicidarse, me lamento de no haber leído tantos libros…, pero supongo que ya puedo observar a la infinita nada”.
En condiciones insuperables de continuar la horrible farsa que brinda nuestra sociedad. El 4 de agosto se lanzó de la terraza del centro comercial Titán Plaza de Bogotá. Este es un caso que las autoridades penales deben investigar y concluir pronto por las infamias a las víctimas, de las Directivas y en especial por la Rectora Amanda Castillo, la cual le indilgó: “es anarco, ateo y homosexual”. Le corresponde a la Ministra, Gina Parody tomar medidas ejemplarizantes contra la institución. Los directivos que intervinieron en este caso deben ser sancionados estrictamente, igual que las entidades que no escucharon los reclamos y derechos del perseguido, como bien lo expresó y vivió: “Mi sexualidad no es mi pecado, es mi paraíso”. Solo en mentes perversas cabe la discriminación. Pobres mentes, pobre Colombia tan rica en ignominias.
Ómar Muriel. Bogotá.