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Desde hace varias semanas un olor nauseabundo comenzó a impregnar algunas oficinas del Congreso de la República. De vez en cuando también se escuchaban ruidos de pájaros revoloteando detrás de las paredes y encima de los techos, desesperados por salir. La situación era insoportable. Por eso, este lunes, un grupo de funcionarios de la corporación subió al cielo raso y se adentró por los cuartos más oscuros y olvidados del Capitolio Nacional para averiguar lo que sucedía.
Durante el recorrido encontraron huevos, nidos repletos de pichones que chillaban pidiendo comida y decenas de palomas muertas que recogieron hasta llenar tres costales. También revisaron los vitrales del techo del salón Boyacá y Elíptico, elaborados por la casa Le Grand de Burdeos a principios del siglo XX. Una gruesa capa de polvo y de excremento de paloma cubría toda la superficie y su peso había provocado que se cayeran pedazos completos de vidrio, que fueron cubiertos provisionalmente con trozos de cartón.
A este deplorable escenario se sumaban las gigantescas goteras que aparecieron por todo el techo del segundo piso del edificio, el deterioro de los murales pintados por los maestros Alejandro Obregón y Santiago Martínez, las paredes descascaradas y las baldosas del piso de la entrada al Capitolio completamente levantadas. A finales del año pasado, el presidente de la Cámara de Representantes, Óscar Arboleda, notó el mal estado de la construcción y envió una carta al Ministerio de Cultura solicitando una visita de la Dirección de Patrimonio para evaluar los daños.
El pasado 18 de diciembre se llevó a cabo la inspección y este viernes, finalmente, el Ministerio entregó el informe al Congreso. El estudio concluyó que es necesario realizar una intervención y recuperación de los vitrales y murales, emprender acciones preventivas para evitar el acceso de las palomas y elaborar lo más pronto posible un Plan de Mantenimiento Anual para mejorar las lamentables condiciones en las que se encuentra uno de los edificios de mayor valor arquitectónico de Bogotá.
Para ello, se debe contratar otro estudio que determine cuánto dinero cuesta la restauración y qué técnicas son las más apropiadas para reparar los daños, sin afectar la arquitectura y el diseño original del lugar y los vitrales. Pero el presupuesto, tanto del Ministerio como del Congreso, para este año, ya fue asignado, es decir, las obras sólo podrían ejecutarse en 2009, con la aprobación de una adición presupuestal.
El deterioro del Capitolio, sin embargo, parece no resistir más tiempo. Cada día que pasa se desprenden más pedazos de los vitrales, los huecos del techo crecen y la humedad y el mal olor se apodera de las oficinas. “Queremos sensibilizar al Ministerio de Cultura para que nos ayude a restaurar este monumento nacional”, enfatiza Arboleda. Por su parte, el Ministerio sostiene que debe ser un trabajo conjunto, pues aunque ellos se encargan de proteger los inmuebles y bienes culturales del país, es el Congreso el que administra el edificio y, por lo tanto, está en la obligación de velar por su mantenimiento.
El arquitecto e historiador Alberto Corradine, quien participó en la última intervención al Capitolio que concluyó en 1997, visitó esta semana el edificio para evaluar que tan deteriorado se encuentra y presentar una propuesta a la mesa directiva de la Cámara de Representantes para su recuperación.
Corradine sostiene que “hay descuido en algunos espacios. Las palomas han causado un gran daño, pues se quedan atrapadas entre las paredes y los techos, se mueren y deterioran las maderas y vitrales. Además, las goteras son preocupantes y para arreglarlas hay que levantar todo el piso de las terrazas e impermeabilizarlo nuevamente, lo cual puede resultar muy costoso”.
Lo cierto es que hasta el momento no hay dinero para iniciar los trabajos de reparación. El Congreso espera que el Ministerio de Cultura contribuya con los gastos y esta cartera por su parte está dispuesta a brindar toda la asesoría y ayuda técnica para la obra, pero considera que es el legislativo el que tiene que conseguir los recursos.
Por ahora, el Ministerio recomienda que cuanto antes el personal de mantenimiento del Capitolio debe instalar mallas especiales para tapar los huecos que utilizan las palomas para ingresar al edificio, contratar un restaurador que se encargue de limpiar los vitrales con una brocha suave o una aspiradora de baja potencia y retirar la acumulación de polvo y excremento que hay en el cielo raso y las paredes que rodean el respaldo de los vitrales.
“El Capitolio es el símbolo del país y el único edificio que ha logrado obtener el mayor puntaje como monumento histórico de Colombia. Después de 10 años de su última restauración, necesita con urgencia que se consiga el dinero para intervenirlo nuevamente de manera parcial y evitar así un daño irreparable”, concluye Corradine.