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Al César lo que es del César

Tras bambalinas y casi de forma silenciosa, el presidente de Santa Fe, César Pastrana, le devolvió al equipo la gloria, lo hizo campeón después de 37 años y lo puso en lo más alto del fútbol suramericano.

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Inmenso bajo los tres palos, Rufay atajó el penalti con el que Santa Fe se consagró campeón. La solidez atrás la aportaron Yerry Mina y Francisco Meza. La velocidad corrió por cuenta de Luis Quiñones y Wilson Morelo. Garra y experiencia: las cuotas de Ómar Pérez y Luis Manuel Seijas, sin dejar de lado el rumbo que marcó Gerardo Pelusso, así como tantísimos responsables de que este año los cardenales hayan celebrado su primer título internacional.

Pero al margen de los triunfos y alegrías, de los logros y las hazañas –de forma silenciosa y casi inadvertida– se encuentra el artífice de marcar los “goles”, de atajarlos, de guiar al equipo e incluso, de sostenerlo: César Pastrana, el presidente del flamante campeón de la Copa Sudamericana.

“El secreto es creer”, confiesa aún impávido y ciertamente fascinado –pero orgulloso y convencido– de lo que ha logrado desde cuando en 2010, llegó a un Santa Fe sumido en una crisis administrativa y financiera que tuvo al equipo inmerso en la denominada “Ley de Quiebras”, que implicaba sin más, toda una reestructuración económica, comercial y empresarial, sumado a una incómoda intervención estatal destinada a salvar a uno de los emblemas deportivos más grandes no sólo de la capital, sino del país.

Con eso se encontró y no dudó en asumir el reto, consciente de que se trataba de un desafío en materia gerencial y deportiva, que involucraba además el sentir de miles de hinchas que con ansias, empuje y mucha fortaleza, aguardaban por quien pusiera a la altura al equipo.

“Yo tenía aspiraciones de ir al Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol por parte del fútbol aficionado, pero se presentó el tema de Santa Fe y lo escogí. Era un reto importante, era algo que me nació y algo me dijo que debería estar ahí, que aceptara ese reto y gloria a Dios y a la Virgen que hemos logrado hacer cosas muy lindas”, admite con sencillez.

Y es que de la mano de Pastrana, los cardenales han conseguido llegar a ocho finales, levantar cinco títulos y alcanzar tres subtítulos –dos de Copa y uno de Liga–.

Todo esto responde no sólo al talento y pertenencia de los jugadores, y al apoyo incondicional de su hinchada, sino también a una gestión juiciosa, seria y responsable al frente del que reconoce, es el motivo de sus alegrías, sus lágrimas y uno que otro contratiempo, siempre atendido con el amor y la pasión del primer día.

“Santa Fe en este momento es mi vida. Respiro y transpiro por el equipo. No hago más en mi vida sino estar al pie de él. Estoy dedicado ciento por ciento, no 24 sino 25 o 26 horas, al servicio del equipo con mucho orgullo. Es mi vida, es mi vida”, reconoce César Pastrana, quien supo aplicar lo aprendido de las dificultades y problemáticas del fútbol aficionado.

“Ha sido un trabajo mancomunado, con el respaldo de juntas directivas y un cuerpo de jugadores que se metieron en la dificultad del equipo y entre todos pudimos sacar esto adelante. Indudablemente, el apoyo de la afición –volviendo a ir al estadio y creyendo nuevamente en el equipo– sumado a la participación en torneos internacionales, nos sirvió muchísimo, porque eso empezó a dar un flujo de caja y paulatinamente, fuimos poco a poco colocando la casa en orden”, concluye.

 

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