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No puedo ocultar que los últimos dos artículos han traído —entre mis escasos lectores— comentarios llenos de escepticismo y algo de sorna.
A ellos les pediría que se fijaran en dos noticias aparecidas en el diario Portafolio (sept. 9 y 10/14): 1. “El petróleo de Texas (WTI) bajó ayer con fuerza el 3,13% y cerró en 92,66 dólares el barril, después de conocerse que la demanda global del llamado ‘oro negro’ seguirá siendo baja”. 2. “Mayor oferta y menor demanda conducirá a menores precios del crudo en 2015”.
¿Qué está ocurriendo? Un aumento importante en la oferta de gas y petróleo, y una menor demanda por la desaceleración de China aunada a la mayor eficiencia en los carros modernos. La baja en el precio, se debe resaltar, se da en medio de turbulencia en el Oriente Medio.
Los países NO son ricos por tener o no tener recursos naturales. Los países son ricos o pobres con base en la capacidad de su ‘capital humano’ en producir bienes y servicios. Solo aquellas naciones que han logrado sacudir la llamada “Maldición de los Recursos Naturales” (como el Reino Unido y Noruega) van a poder enfrentar con éxito un futuro sin el “estiércol del diablo”, como lo llamaba Uslar Pietri. No está en las posibilidades de esta columna hacer un análisis de las implicaciones geopolíticas a nivel mundial y dejo en manos del lector especular ¿qué será de una Arabia Saudita, Nigeria o Rusia con petróleo a 10 dólares el barril?
Por otro lado, asumiendo el riesgo de que me traten de ingenuo, me atrevo a afirmar que si no actuamos, el fin de la era del petróleo pueda ser tan complicado para Colombia (un país con petróleo) como para Venezuela (un país petrolero). Cuando se coloca una rana en una olla con agua hirviendo, esta salta hacia afuera inmediatamente. Los venezolanos, con una economía destrozada y la mayor violencia en su historia, no tienen alternativa diferente a una trasformación radical del “Estado rentista”. Por el contrario, si en una olla a temperatura ambiente se echa una rana, esta se queda tranquila. Cuando se comienza a calentar el agua, la rana se va acomodando hasta perder el sentido y morir hervida. El Gobierno, con “mermeladita” por aquí… y “mermeladita” por allá… por varios años ha estado gastando bastante más de lo que le entra. Dado que el crudo representa el 68% del valor de las exportaciones y el 21% de los ingresos fiscales, una baja sustancial en los precios va a colocar el Estado en una situación fiscal insostenible.
Para nuestro país, el advenimiento a corto y mediano plazo de la era de transporte eléctrico va a traer retos y oportunidades. (Reemplazar un parque automotor de cerca de 10 millones de vehículos en Colombia —1.200 millones en el mundo— puede tomar dos décadas. En ese período los híbridos van a jugar un papel determinante). El reto para el Estado es convertir el país en una potencia eléctrica que no sólo pueda suplir sus necesidades internas, sino exportarles parte de su producción a los vecinos, a Centroamérica y al Caribe. El cómo llevar a cabo esta transformación igualmente va más allá del alcance de este artículo, pero Colombia, para producir electricidad, posee un enorme potencial de generación hídrica y de producción de biocombustibles, al igual que sustanciales reservas de gas.
De no empezar a enfrentar los retos y las oportunidades de un nuevo modelo energético, el Estado colombiano asume un enorme riesgo.