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Como era de esperarse, arrancó con fuerza el debate sobre la reforma tributaria.
Al respecto, no se trata de negar la necesidad de una reforma, de hecho sabemos que hay gastos adicionales (de cara al logro de un acuerdo de posconflicto), o las propias necesidades del mejoramiento en infraestructura, o el haber reconocido en la educación y la equidad dos de los pilares centrales del plan de desarrollo, o la apuesta competitiva que requiere el país. Está claro que la nación necesita fuentes adicionales de recursos.
Dicho lo anterior, la reforma tributaria que se plantee debe ser mucho más creativa que solo ver las fuentes actuales, debe ser más inteligente al diseñar la estructura tributaria que permitirá que el país siga la senda de progreso y crecimiento económico, y debe considerar no sólo el lado del ingreso, sino también el del gasto público.
Lo primero es reconocer que nuestro país luego de la Constitución de 1991 se ha montado en un tren de gasto público difícil de sostener y aún más difícil de reducir. Al haber incluido importantes transferencias y gasto social (muchas veces sin una adecuada evaluación de su efectividad), nos ha costado más de 10 puntos porcentuales del PIB en gasto público adicional.
Sumémosle a lo anterior un diseño poco técnico de los ingresos en donde seguimos atornillados a impuestos como el 4 por mil o el propio impuesto al patrimonio neto, que generan informalidad, desbancarización (con su consecuente impacto en menor ahorro e inversión), corrupción (que se motiva por más efectivo) y menores niveles de competitividad.
Y si lo anterior fuese poco, ahora tenemos el compromiso de regla fiscal, que le agrega al problema estructural de gastos e ingresos unos compromisos por cumplir en el resultado final.
Como resultado seguimos siendo una nación que estructuralmente no tiene cómo financiar su pesado gasto y tampoco lo hace en materia de inversión (lo cual es bastante grave para el país). Y llega 2015, en donde tenemos un presupuesto desfinanciado, una privatización que no se dio y que era fuente de recursos (Isagén), dos impuestos que superan el 1% del PIB que iban a eliminarse, la regla a cumplir y más gastos realizados y por realizar.
Lo que hemos pasado de largo en la primera iniciativa gubernamental propuesta y que debería ser el primer foco de atención, es que mientras tanto el país por evasión deja de recaudar seis veces (más de $50 billones), lo que quiere hacer con su propuesta de reforma tributaria.
¿No sería conveniente arrancar por aquí? La propuesta tributaria a consideración es doblar el recaudo de patrimonio, a niveles que son francamente abusivos y que parecen más bien “estrategia sindical” para arrancar en 2,25 y terminar en el 1% en el Congreso de la República. Lo propio al sostener el 4 por mil, que está demostrado es un impuesto que no es neutro (y que destruye desarrollo productivo) y que es cada vez menos efectivo.
A lo anterior le agregamos un efecto social, pues para la clase media y media alta, sus activos inmobiliarios son su gran patrimonio y al bajar la base de tributación de patrimonio a los $750 millones, los podrían estar llevando a vender sus propiedades para generar la caja suficiente para pagar el impuesto.
Todos somos conscientes de la necesidad de un aporte para el futuro del país. Incluso la sociedad hubiese entendido el sostener el impuesto al patrimonio, lo que no puede aceptar es doblar su recaudo y tarifas y bajar la base hasta llegar a una población cuyo patrimonio es claramente improductivo.
Lo que está en juego es que con esta estrategia podemos estar poniendo en riesgo el futuro económico de la nación, porque como se señalaba, estas dos iniciativas de patrimonio y 4 por mil claramente no son neutras en el desarrollo.
Lo que es más grave, es que limitar la reforma a estos dos temas además de inconveniente es incompleto y podemos anticipar que en dos años o menos volveremos al mismo problema.
Los retos fiscales y de desarrollo planteados al inicio no se logran financiar con este “maquillaje fiscal” de impacto negativo en el crecimiento y en la clase media.
jrestrep@gmail.com / @jrestrp