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La imagen del presidente Gustavo Petro se ha deteriorado y el arranque del nuevo cuatrienio ha sido desgastante, si bien el mandatario conserva cifras positivas de evaluación de su gestión. En números, mantiene una calificación del 46 % de aprobación y una desaprobación del 40 %. (En otra encuesta, publicada el viernes y realizada por Datexco para La W, Petro tiene una percepción favorable del 48 % y un 38 % de desaprobación). En síntesis, mantiene su apoyo, aunque la situación del país después de la pandemia lo ha golpeado también.
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En otras palabras, la visión de los colombianos sobre el futuro se ha hecho más crítica, pero mantiene mejor perspectiva hacia adelante que la que había al final de gobierno de Iván Duque. Se podría decir que el estado de ánimo predominante es de preocupación sobre su visión de futuro, pero que al mismo tiempo tiene ilusión sobre las posibilidades de cambio de la nueva administración. ¿Contradictorio? Puede ser. Pero esa es la característica del sentimiento que reina.
Hay que tener en cuenta que la administración Petro apenas se inició el 7 de agosto, lo que equivale a decir que solo lleva dos meses y dos semanas. La opinión pública apenas ha tenido un breve espacio temporal para asimilar el cúmulo de anuncios y reformas, y aunque si bien votó con claridad por un cambio, también requiere explicación y un ritmo adecuado para la implementación de las nuevas políticas. No parecería que la opinión tiene una percepción clara sobre el rumbo del país. Y es claro que la comunicación es uno de los puntos cruciales y críticos del nuevo gobierno.
También ha habido opiniones ambivalentes sobre las nuevas estrategias y sobre el estilo de gobierno Petro. La encuesta de Invamer, que periódicamente sigue desde hace años el acontecer del país -publicada en Caracol Televisión, Blu Radio y El Espectador- corrobora que la opinión se ha visto golpeada por la reciente pandemia de coronavirus y por las consecuencias sobre la economía de las políticas diseñadas para enfrentarla (bajo crecimiento, inflación alta y anuncios de posible recesión). Un momento percibido como difícil por la ciudadanía y que aumenta tanto las expectativas sobre lo que puede -y debe- hacer el nuevo gobierno como las actitudes críticas hacia la forma de actuar de las autoridades. Una coyuntura particularmente difícil: Petro arrancó en un pico del pesimismo, aunque también se benefició de la esperanza que genera una expectativa de cambio y una transición en el Gobierno. Un momento ambivalente, pero propio de circunstancias difíciles como las que caracterizan el momento.
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Por eso la situación de la administración Petro se ha deteriorado, y también la imagen del presidente, pero después de un comienzo azaroso y movido, sobre todo por el alto desempleo, conserva una imagen positiva que supera la negativa. La encuesta de Invamer se lleva a cabo cada dos meses para hacer un seguimiento a los grandes temas de la actualidad nacional. Como suele ocurrir en momentos críticos, las preocupaciones de la gente tienden a concentrarse en la economía, porque al fin y al cabo las dificultades de tipo general terminan alterando las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Y genera reacciones como miedo y zozobra.
Lo cierto es que “todos los indicadores en la encuesta empeoraron”, dice Martín Orozco, gerente general de Invamer. Y las expectativas sobre el gobierno nuevo bajaron. Y esto ha generado interrogantes sobre el rumbo planteado por el presidente Gustavo Petro y sobre la estrategia de comunicaciones de la Casa de Nariño. Se conoce que al mandatario le gusta improvisar en sus discursos e intervenciones -y lo hace con tal habilidad, que a veces parecería que está leyendo-, pero los expertos en la materia consideran que exagera el número de presentaciones y que la improvisación, en momentos tan críticos, puede inducir a errores. Y a desconfianza.
Más de una vez se han presentado contradicciones en los planteamientos de altos funcionarios -incluido el presidente-, lo cual es particularmente nocivo en coyunturas difíciles, como la actual. Los expertos consideran que al Gobierno le falta una estrategia más trabajada en comunicaciones para explicar cuáles son sus objetivos, para priorizar la agenda y, sobre todo, para poner orden en los mensajes que le envía a la opinión pública. Ese es un objetivo aún más importante en tiempos críticos, como los actuales.
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Porque la encuesta de Invamer, dice Orozco, sugiere que la percepción sobre el Gobierno es que no tiene un mapa de ruta claro. Lo cual es entendible al inicio de una administración, pero cuando se trata de un presidente con las características de Petro -sobre todo por la falta de un colectivo, un partido o un proyecto que lo acompañen- se pueden volver críticas, pues se hace aún menos claro el rumbo adoptado.
Basta observar la encuesta de Invamer para concluir que las preocupaciones de la opinión pública llegan a ser críticas por su nivel y por la falta de claridad del discurso en varios de los puntos cruciales. Los de la economía, que golpean a la gente, con la inflación y el desempleo; la atención a la migración venezolana; la “paz total”, como la bautizó el nuevo gobierno; la inseguridad, que siempre está en la agenda, e encluso la corrupción, donde la preocupación ha bajado con Petro, pero que sigue alta.
La agenda, en fin, es extensa; las expectativas, altas, y las condiciones del Gobierno, limitadas y difíciles. Y el cuatrienio apenas arranca.