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Desarmar la palabra

 Mientras unos plantean buscar una mediación internacional, como por ejemplo el presidente brasileño Lula da Silva, otros creen que el mejor camino es recuperar los canales de la diplomacia. El referendo del domingo en Venezuela es clave.

03 de diciembre de 2007 – 11:14 a. m.

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Los vocablos se han convertido en venablos, es decir, en dardos o lanzas peligrosas. La diplomacia, el arte de saber manejar con elegancia las relaciones internacionales entre los Estados, no aplica. El presidente venezolano Hugo Chávez intensifica su escalada verbal contra el presidente Álvaro Uribe, quien, por su parte, sostiene que ya dijo lo que tenía que decir y calla. La palabra protagoniza en medio de un agitado debate político que parece moverse de acuerdo con los estados de ánimo del mandatario venezolano y de los vaticinios en torno al referendo de este domingo, que define su continuidad en el poder.

Con este panorama, los analistas coinciden en que hay que desarmar la palabra y recuperar los canales diplomáticos despreciados. José Alejandro Cepeda, politólogo de la Universidad Sergio Arboleda, pone el dedo en la llaga: "El gran problema es que tanto en Colombia como en Venezuela se ha perdido la representación del Estado, para darle paso al personalismo de los líderes. ¿El resultado? Colombia es Álvaro Uribe y Venezuela es Hugo Chávez". La prioridad -según Cepeda- es lograr que la institucionalidad esté por encima de las figuras presidenciales para que nuevamente los intereses de los dos países, que son una frontera que se necesita mutuamente, se restablezcan y mantengan.

Lo que resulta claro, eso sí, es que el caudal de las aguas no bajará hasta tanto no termine el proceso de referendo en el vecino país, que podría dejarle abiertas las puertas a Chávez para su reelección indefinida. "Hay que esperar a que pase esta coyuntura, pues así Chávez no tendrá la presión ni la necesidad de utilizar el eterno recurso de atacar a Colombia, una estrategia que no sólo le ha dado frutos políticos a él sino también a muchos otros en el pasado", opina Fernando Giraldo, profesor de la Universidad Javeriana de Cali.

Lo mismo piensa César Páez, catedrático de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, quien considera que lo más probable es que si Chávez gana el referendo, no va a tener razones para seguir provocando un sentimiento nacionalista, que es lo que hace con la reacción que tuvo contra el Gobierno colombiano. "Chávez juega a verse como líder fuerte y defensor de la soberanía venezolana. Entonces, si él gana, es muy posible que el tono baje, pero si pierde, lo más probable es que continúen sus ataques hacia Colombia, como una manera de desviar la atención de su derrota electoral".

El camino de la diplomacia

Todo parece indicar que el nombre del presidente Uribe seguirá al vaivén del estado de ánimo del mandatario venezolano. La recomendación del ex presidente César Gaviria, quien se reunió privadamente el jueves pasado con el canciller Fernando Araújo, es mantener la tranquilidad y, sobre todo, no responder los ataques tratando de demostrar que se tiene la razón, aun sabiendo que sí se tiene. "Eso no sirve de nada. El objetivo hoy debe ser buscar puntos intermedios y acabar con la diplomacia de micrófono", dijo Gaviria.

Esos puntos intermedios, en concepto de algunos analistas, pueden ser la figura de un mediador internacional. Los caminos, para muchos, conducen al presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva, aunque en la baraja se podrían incluir también a la mandataria chilena Michelle Bachelet o la argentina Cristina Kischner o un premio Nobel de Paz o incluso la misma Iglesia Católica. "Chávez está en la fase de radicalizar su discurso, va a seguir vociferando y teniendo actitudes displicentes. Una manera de solucionar esta crisis es buscar ayudas por el lado de la izquierda dialogante que hay en Latinoamérica, pues no se puede dejar que las relaciones colapsen", insiste José Alejandro Cepeda.

Páez, por su parte, no cree que Lula esté dispuesto a meter su cabeza en una ‘zambapalo’ tan complicada y propone el nombre de Nicolás Sarkozy, el presidente francés, teniendo en cuenta que sigue siendo una ficha clave en el juego del acuerdo humanitario.

De cualquier manera, es claro, al menos hasta este momento porque con Chávez y Uribe nunca se sabe qué puede pasar, que el Gobierno colombiano no tiene en su agenda la posibilidad de la mediación extranjera. El mismo canciller Araújo le cerró el paso cuando dijo que "no hemos considerado por el momento ninguna intervención a nivel internacional, de ninguna figura de otros países".

Hay quienes creen que la mejor salida a la crisis es a través del camino de la diplomacia. Para el ex canciller Rodrigo Pardo, el anuncio del presidente Chávez de congelar las relaciones con Colombia "no tiene ningún significado en el lenguaje diplomático y es más bien una expresión emotiva. Un trabajo de alta política de las respectivas cancillerías y embajadas, hecho con la mayor discreción, podría hacer que la situación se normalizara", subrayó.

Una mirada diferente tiene el politólogo y consultor internacional Juan Fernando Londoño, para quien lo que está en juego es el aislamiento futuro de Colombia en la región. "El presidente Chávez era un muro de contención frente a las críticas regionales que se escuchan contra el presidente Uribe por ser aliado del presidente Bush. Por eso se puede esperar que arrecien las críticas desde Bolivia, Ecuador e incluso Nicaragua, acentuadas con el diferendo por el archipiélago de San Andrés. Eso pone a Colombia en una situación muy complicada y parte de eso sucede porque se comete el error de hacer diplomacia personalizada, es decir, que se plantea de acuerdo con las actuaciones personales del Jefe de Estado. Esto tendrá que cambiar si se quiere solucionar la crisis", señaló.

Sandra Borda, investigadora de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, señala a su vez que más que un interés electoral en torno al referendo, los ataques de Chávez a Uribe tienen mucho que ver con la consolidación de su proyecto regional, al margen de Estados Unidos. Y para Fernando Cvitanic, internacionalista chileno y docente de la Universidad de la Sabana, era lógico que en algún momento salieran a flote las diferencias ideológicas entre los dos mandatarios. "Las relaciones bilaterales son asuntos de Estado, o sea que, por un asunto coyuntural, no se puede echar por la borda relaciones tan importantes como las comerciales y económicas entre los dos países", dijo.

El próximo miércoles se reunirá la Comisión de Relaciones Exteriores -cuya eficiencia muchos cuestionan y de la que hacen parte los ex presidentes, ex cancilleres y congresistas, entre otros funcionarios del Ejecutivo-, y lo que es seguro es que recomendarán prudencia y tranquilidad. Algo así como darle tiempo al tiempo, con la idea de que tarde que temprano el presidente Chávez les bajará el tono a sus palabras. Claro que hay que esperar también qué pasa con su referendo.

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