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Los gobiernos acusan desde las capitales y los habitantes de las fronteras sufren las consecuencias. Con diversos tonos eso es lo que hoy sucede entre Colombia y Venezuela. De este lado, el presidente Álvaro Uribe, su ministro Gabriel Silva y su embajador en la OEA, Luis Alfonso Hoyos; del lado venezolano, el presidente Hugo Chávez y su canciller Nicolás Maduro. Las relaciones rotas y la gente en Norte de Santander, La Guajira, Arauca, Táchira o Apure, esperando que pasen los hervores y vuelva la calma.
En 13 días, el turno para lograrlo le toca a Juan Manuel Santos y, al unísono, analistas políticos, ex presidentes o medios de comunicación piden lo mismo: un cambio en el esquema de confrontación de los últimos tiempos. En otras palabras, restaurar los canales diplomáticos y bajarles el tono a los micrófonos. La razón la aporta con claridad el escritor e internacionalista Enrique Serrano: “Las fronteras pagan un precio muy alto porque el comercio se usa como arma política. Pero se necesita voluntad”.
Sin embargo, en la balanza de las utilidades, como lo apunta el senador liberal Juan Manuel Galán, en la actual crisis con Venezuela ganan el presidente saliente y el entrante. El primero porque mantiene su estilo hasta el último día y deja la sensación de que cumple con su deber; y el segundo, porque al no tener que emular a su antecesor queda en opción de plantear una relación con el vecino país sobre unas bases de entendimiento y lejos de las frases altisonantes o ambiguas.
Aún así, Santos no la tiene fácil y ese será su primer reto. No puede ignorar las acusaciones que ha formulado Colombia sobre la presencia de las Farc en el vecino país, como lo advierte el analista Andrés Mejía Vergnaud, pero su obligación es reconstruir las relaciones diplomáticas. Son 1.219 kilómetros de frontera y eso implica un impacto muy grande. La medida justa para atender el tema recaerá en manos de una mujer sobre quien existe confianza en ambas naciones: la nueva canciller María Ángela Holguín.
Ese apunta a ser el primer cambio fundamental. El extremado presidencialismo de la era Uribe que dejó en lánguido papel a su canciller Jaime Bermúdez, dedicado más a confrontar que a dialogar, debe darle paso a recobrar el papel que juegan las cancillerías en el manejo de las relaciones internacionales. Como lo resalta el analista Hugo Ramírez, con dos proyectos ideológicos tan distantes, con cambiar el lenguaje ya se pueden lograr avances importantes.
Esta última realidad lleva a otro aspecto crucial: no interferir en asuntos internos. Si a Colombia le incomoda el influjo de Chávez, también a Venezuela le molesta que descalifiquen sus políticas. Y ese error, manifiesto en la intervención del embajador Hoyos cuando criticó las decisiones del gobierno del vecino país de estatizar la economía o impedir la libertad de prensa, nada tiene que ver con el asunto de fondo: las Farc. Lo demás corresponde a la soberanía de cada nación y sus decisiones políticas.
A Juan Manuel Santos no le conviene alejarse de Uribe, pero tampoco puede obrar como si todavía fuera su ministro. Así como está armando su gabinete, incluso con críticos del gobierno saliente, tarde o temprano tendrá que deslindarse parcial o totalmente de las políticas de su predecesor. Y el primer aspecto inaplazable son las relaciones internacionales, porque si bien la seguridad democrática es un proyecto comprobadamente válido dentro del país, las demás naciones no tienen por qué acogerlo.
Cada quien decide cómo encara sus problemas y la habilidad del Presidente que asume el próximo 7 de agosto debe radicar en concentrarse en los propios antes que en tratar de expandir sus políticas. Y la ruptura de relaciones diplomáticas decidida por Chávez, como lo define el profesor de política internacional Francisco Panizza, citado por la revista Semana, significa que se agotó el llamado a consulta o las notas de protesta y la medida, ni más ni menos, antecede a una situación de guerra. Algo impensable para dos pueblos hermanos.
En síntesis, la primera tarea de Santos no puede ser otra: arreglar el problema con Venezuela. Y seguramente ya lo está haciendo, pues en los actuales momentos adelanta una gira por varios países latinoamericanos donde, obviamente, el tema tendrá que salir a flote. La política es cambiante y en la cabeza de nadie estaba previsto que Santos iba a asumir en medio de semejante crisis. Como tampoco imaginó Uribe que el mismo día de su posesión las Farc iban desplegar un ataque terrorista. Pero esa es Colombia y Santos sabe a qué se atiene.