

No es fácil lograr una conexión durante una entrevista, menos cuando la comunicación es por teléfono. Sin embargo, el tono de voz de Pilar Villamizar, pausado y sutil, permite que haya confianza instantánea, como si uno la conociera de tiempo atrás. La llamé porque ha sido modelo de Tina Neumann, del consultorio dermatológico de la doctora Itala Merlano y también protagonista de la más reciente campaña de Maygel Coronel, la diseñadora de vestidos de baño. Sí, Pilar posó en vestido de baño a sus 55 años.
Para entender su presente es necesario regresar al pasado. Nació en Cartagena en 1963 y desde niña se sintió atraída por la moda. A su mamá, Lourdes de Lavalle, le encanta coleccionar carteras de fiesta, brillantes, con bordados o canutillos. Pero fue hasta sus 23 años cuando Pilar recibió su primera oferta para modelar.
“En 1987 me fui a Washington a vivir con mis papás. Recién me había graduado de Administración de Empresas Turísticas. Conseguí trabajo como recepcionista en la cadena hotelera Hilton Internacional”, cuenta. Sus labores consistían en recibir invitados, como la actriz Elizabeth Taylor y el cantante Paul Anka. También a empresarios y ejecutivos de multinacionales.
“Un día una chica neoyorkina se acercó. Me dijo que llevaba tiempo observándome. Me ofreció ser modelo de la marca Elizabeth Arden. ¡No lo podía creer! ¿Yo, con mis cortos 1,58 cm de estatura, imagen de algo?”, recuerda. Siendo fiel a su sueño profesional de lograr una carrera destacada en el sector hotelero, Pilar declinó la propuesta, que incluía mudarse a Nueva York.
Once años después, se mudó con su familia a Buenos Aires. A los 35, Pilar sufrió un infarto pulmonar. Su salud era inestable, debido a los fuertes cambios de temperatura en la capital argentina. Sin embargo, un día no aguantó más el encierro y salió a caminar por la Avenida Alvear, una de las arterias viales de la ciudad, sin saber que la moda tocaría su puerta por segunda ocasión.
“Me encontré con una tienda de carteras de fiesta. Recordé a mamá y su gusto por estos tesoros. Cuando entré, descubrí un universo fascinante de piezas hechas a mano, bordadas con diseños muy artísticos”, cuenta. La dueña resultó ser Geraldine Koncar, hija de la reconocida diseñadora argentina Gabriella Capucci. “Nos hicimos amigas. Fue como una aparición divina en momentos en los que mi salud era frágil. Ella me mostró la moda desde la producción y la creación. Fue una terapia para mí”.
Además de compartirle su conocimiento, Geraldine, también fotógrafa, hizo la primera sesión de fotos profesionales a Pilar, que entonces tenía 42 años. “Duramos 12 horas trabajando sin parar. Geraldine me ponía pelucas de colores, me maquilló y vistió con looks preciosos. Todavía conservo ese trabajo memorable”, afirma con nostalgia.
Con sus pulmones más fuertes, Pilar regresó a Colombia en el 2008. “Mi papá falleció y me derrumbé. Fue mi luz, mi maestro, mi guía”, relata la modelo. De él recuerda su alegría, su arte, su sabiduría. Pero el legado más importante que le dejó fue no tenerle miedo al ridículo. Frase que la habita todos los días, que la ha convertido en una mujer empoderada y segura de su pelo largo y canoso, casi metálico, que le ha abierto tantas puertas.

Las canas son sinónimo de jubilación, retiro y descanso obligado. Hay personas que tienen pesadillas con el día en que lleguen a determinada edad. Son los que añoran compulsivamente la eterna juventud. Para combatir esta idea está Pilar, cuyos hilos de plata, como ella misma nombra a sus canas, han sido una oportunidad para sentirse vital y orgullosa.
Su belleza llamó la atención de Paola Turbay, quien en el 2016 lanzó 24/7, una línea de cuidado facial. Pilar fue la cara visible de su marca. En la sesión de fotos se sintió tan cómoda como si lo hubiera hecho toda la vida. A sus 53 años fue la protagonista de una campaña de belleza que se lanzó para celebrar el Día de la Mujer. Sin duda, esto la catapultó para comenzar una nueva etapa.
Meses después, fue invitada a participar en la campaña de The Click Clack Hotel para relanzar un bar. Luego asistió a un taller dictado por el fotógrafo Ruven Afanador. “Mi pelo fue clave para que uno de los jóvenes alumnos, Juan Ruy Castaño, me contactara”.
Una cosa lleva a la otra. Gracias a estas imágenes empezó a ser identificada en el gremio. La diseñadora Olga Piedrahita la fichó como la protagonista de su catálogo lanzado en 2018. La fotógrafa Natalia González Wills puso a Pilar en contacto con Lina Mora, creadora de la marca de accesorios Minimalina, para que fuera su cara visible.
En su corta carrera, Pilar ha descubierto que no todos alaban su pelo blanco. “La gente habla peyorativamente de las canas. En este medio, muchos se mandan a teñir y a cortar el pelo. Hay gente que me dice ‘virgen de pueblo’ o que estoy muy vieja para tenerlo tan largo”, comenta.
A pesar de las críticas, esta cartagenera considera que el estereotipo de los modelos colombianos está cambiando. “Los jóvenes están volviendo a lo auténtico, a lo real. Los nuevos diseñadores están buscando mujeres reales, naturales, sin intervenciones. Como siempre he dicho: la vida no es un concurso de belleza permanente. Si mi papá viviera, estaría muy orgulloso de verme modelar”.