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En junio de 2006, en la agonía del primer gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, durante una Junta Nacional de Inteligencia, al Ministerio de Defensa fue llevado un informe confidencial de 40 páginas que refrendaba lo que ya era un secreto a voces: la existencia de una tercera generación de narcotraficantes y paramilitares que en el argot popular eran designadas como las ‘Águilas Negras’ y en el reporte oficial fueron reseñadas como las ‘bandas criminales’ (‘Bacrim’).
Estas organizaciones al margen de la ley, reducto de autodefensas y narcotraficantes, son la razón que ha llevado al Gobierno, a 39 días del relevo en la Casa de Nariño, a pensar en estrategias para fortalecer la justicia y darle dientes en su lucha contra la delincuencia organizada. En un principio, la decisión era decretar en por lo menos 15 departamentos del país la conmoción interior, pero el martes, tras una reunión del Consejo Superior de Política Criminal en la Casa de Nariño, se optó por establecer tres medidas y seguir estudiando otras para hacerle frente a la amenaza.
Según anunció el presidente Uribe, dichas medidas tienen que ver con la creación, por parte del Consejo Superior de la Judicatura, de jueces de garantías que desde lo nacional puedan atender problemas regionales y locales, con el fin de poder superar la vulnerabilidad de los jueces municipales. Asimismo, la Fiscalía General de la Nación se comprometió a designar un cuerpo especial para atender los principales sitios donde se están presentando los fenómenos de violencia. La Defensoría del Pueblo le hará acompañamiento a todo este proceso.
Previamente, el ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, había hablado también de ampliar unos términos que necesitan los fiscales y los jueces para poder acopiar las pruebas que permitan asegurar la captura de peligrosos delincuentes, así como de cambiar algunos aspectos de los beneficios de las penas para evitar que los miembros de bandas criminales, al aceptar los delitos, reciban la casa por cárcel o tengan que ser dejados en libertad. Se espera que entre hoy y el viernes estas dos medidas sean anunciadas por el Gobierno.
Lo cierto es que las denominadas ‘Bacrim’ se han convertido en un desafío para el Estado y que ante los anuncios de la posibilidad de decretar la conmoción interior y las determinaciones de emergencia adoptadas el martes, abundan voces que afirman que el Ejecutivo estaba advertido hace muchos meses de lo que estaba sucediendo. En la práctica, cuando empezó el accidentado proceso de paz con las autodefensas, los principales jefes de estas organizaciones eran los jerarcas del narcotráfico. Incluso, en algunas zonas compartían el negocio con los últimos capos de los carteles de la droga de los años 80 y 90.
Por eso, una de las primeras denuncias que se hicieron contra el citado proceso y que luego se comprobó, fue que a la hora de confeccionar las listas de desmovilizados se lograron colar varios capos de la droga. Luego, cuando los líderes del paramilitarismo —Salvatore Mancuso, Jorge 40, Vicente Castaño, Don Berna, Macaco o Hernán Giraldo, entre otros— fueron encarcelados, sus segundos en la clandestinidad o incluso desertores del proceso siguieron delinquiendo y dando la pelea por el control del narcotráfico. Ese es el origen de las que hoy se llaman “bandas criminales”, cuyo poder de destrucción se acrecentó cuando 14 ex jefes ‘paras’ fueron extraditados a Estados Unidos en mayo de 2008.
Desde entonces, sin nadie que los controlara, entraron en una guerra sin cuartel de todos contra todos por el poder de la droga. En un momento dado quiso ser el jefe de jefes Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, pero fue capturado. Hoy se sabe que dos de los líderes de las bandas criminales son alias Cuchillo y El Loco Barrera, pero la pelea mayor está concentrada en las regiones de Córdoba y el Bajo Cauca Antioqueño, precisamente donde ayer mandaban Macaco, Don Mario, Don Berna, entre otros.
Hoy, en la región de Montelíbano y Puerto Libertador, en Córdoba, o en los municipios de Nechí, El Bagre y Caucasia, en Antioquia, predomina una disputa a muerte entre varias bandas que se hacen llamar Los Paisas, Los Urabeños y los antiguos integrantes de la ‘Oficina de Envigado’. Lo mismo sucede en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño, con reductos de lo que otrora fueron Los Rastrojos y Los Machos, grupos de sicarios al servicio del narcotráfico.
Así las cosas, el tema de las ‘Bacrim’ viene de tiempo atrás, pero realmente se ha vuelto crítico en los últimos meses. La guerra es por el control del narcotráfico hacia las costas. El presidente Uribe reconoció que la vulnerabilidad de los jueces locales de garantías está permitiendo que estas bandas recobren poderes del pasado. En las regiones afectadas, más allá de si la conmoción interior es válida o no, representan un grave desafío del orden público que en este o el siguiente gobierno es necesario encarar.
Lo demás es la acostumbrada discusión política sobre unas medidas que buscan atajar un mal que desde hace ya varios años se sabía que se iba a convertir en crónico. El senador del Polo y ex ministro de Justicia Parmenio Cuéllar señaló que la misma Comisión de Reforma a la Justicia ha planteado medidas correctivas para evitar los errores de procedimiento en casos de capturas de delincuentes. A su vez, el senador liberal Jesús Ignacio García recalcó que el Congreso le ha aprobado al Gobierno varias leyes para afrontar problemas de la justicia, sin que su aplicación haya sido efectiva.
Todo indica que el malestar que originó en las altas esferas del Poder Judicial el anuncio de decretar la conmoción interior y los vaticinios de varios expertos de que no pasaría el examen de la Corte Constitucional, hizo que el Gobierno echara reversa. Aún así, el gran dilema sigue siendo cómo enfrentar a las ‘Bacrim’. El aumento de los asesinatos en Cali, Medellín, Barranquilla, Bogotá, Cartagena y varias regiones del país sigue siendo un asunto crítico y el presidente Álvaro Uribe está dispuesto a tomar medidas hasta el último segundo de su mandato. Como bien lo dijo el Jefe de Estado este martes: “No nos podemos sentar a bañarnos en agua de rosas”.