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Óscar Upegui: lo de Alianza no es sorpresa

El entrenador del equipo de Barrancabermeja, líder de la Liga Águila, cree que todo es producto de un trabajo iniciado hace varios meses.

Óscar Upegui, técnico de Alianza Petrolera, líder de la Liga Águila. / Óscar Pérez
Óscar Upegui, técnico de Alianza Petrolera, líder de la Liga Águila. / Óscar Pérez

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El liderato de Alianza Petrolera en la Liga Águila ha sido sorpresa para muchos, pero para Óscar Upegui no. El entrenador del cuadro de Barrancabermeja, que hoy recibe al Cúcuta Deportivo (8:00 p.m., por Win), vivió momentos de sufrimiento, lágrimas y frustración; sin embargo, sabía que tarde o temprano, si se seguían haciendo las cosas bien y con pasión, los resultados tendrían que llegar. Soportó críticas, malos comentarios y presiones, pero siempre reconoció con la cabeza en alto que el proceso que inició como entrenador del equipo aurinegro tendría que dar frutos. “Tenía todo para ser positivo. Uno siempre trabaja para que las cosas salgan bien y los resultados son consecuencia de eso. Tengo claro que, sin el grupo de jugadores que actualmente tengo, no sería posible estar en la posición que ocupamos. Lo de Alianza no es sorpresa”, dice con seguridad el nacido hace 46 años en Piedecuesta, Santander.

En el primer semestre los resultados no lo acompañaron, pero para este se reforzó al equipo, se buscaron piezas claves en cada una de las líneas, y su idea de juego se pudo hacer realidad. Para él no hay secretos, tal como se lo enseñaron sus maestros en la dirección técnica, Humberto Ortiz, Fernando Castro y Miguel Augusto Prince: el fútbol se debe vivir con pasión y si es así “los jugadores le caminan a uno”, asegura.

Como futbolista fue un defensor central cumplidor, que jugó en Bucaramanga, Santa Fe, Júnior y Pasto un total de 491 partidos y anotó cuatro goles. Su estilo era el de un jugador aguerrido pero limpio, con calidad en su pierna izquierda y gran capacidad de liderazgo. Justamente fue ese liderazgo el que lo llevó a darse cuenta de que podría ser entrenador. “Yo lo venía pensando desde tiempo cercano al retiro. Empecé a ver clara la posibilidad de que sería un futuro soñado y por eso comencé a acercarme a los entrenadores, a hablar más con ellos y preguntar detalles que antes hacía pero no sabía por qué”, le cuenta a El Espectador. Luego no fueron sólo conversaciones con sus técnicos, sino que empezó a leer, estudiar sobre táctica y hacer cursos. Pasaba noches largas leyendo y analizando nuevas metodologías. Además se dio cuenta de que ese liderazgo no estaba ligado a sus condiciones futbolísticas sino humanas, y ser un tipo amigable y cercano a los jugadores es lo que hoy en día le ha permitido consolidar un equipo ganador y con la unión familiar que se necesita.

“Ha sido una experiencia maravillosa. La verdad, es algo que estoy tratando de disfrutar al máximo. He tenido momentos difíciles, regulares y buenos, pero lo positivo es que a todos les he tratado de sacar una enseñanza”, confiesa. En efecto, a pesar de que todo parece andar sobre ruedas, el estar lejos de su familia es complicado. Sus dos hijas viven con su mamá en Ocaña y aunque hablan a diario por teléfono, no poder verlas es motivo de tristeza. Claro que, según él, estar rodeado de gente de calidad humana como su cuerpo técnico y los directivos de Alianza hace que todo sea más fácil y pueda estar distraído en los tiempos libres. “Jugamos fútbol seguido entre nosotros. Esa sigue siendo mi pasión, siempre quiero ganar. Claro que ya no me gusta jugar de defensa. Lo hago de volante o delantero. Lo que sí me cobra es el peso; ya no es tan fácil que el cuerpo responda como uno quiere”, reconoce. Eso sí, según él, al jugar y dirigir se tienen sensaciones totalmente diferentes. “En la cancha uno tiene posibilidades de hacer cosas, de ayudar a sus compañeros, de ejercer acciones que puedan en un momento dado ser decisivas y definitivas. Como entrenador uno sabe que el trabajo va en lo que uno haga en la semana. En tener empatía con el grupo y en confiar en lo que ellos hagan. No depender de uno por momentos es complicado”.

Cuando la Liga Águila está en la mitad de la competencia, a Alianza Petrolera sólo le hacen falta diez puntos para clasificar entre los ocho finalistas. El objetivo parece muy probable y se ve bastante cercano. No obstante, Óscar Upegui no se confía y reconoce que justamente será una de sus principales tareas como DT mantener la motivación de ganarlo todo y poner a pensar a sus jugadores partido a partido, y no en el pasado ni en lo que traerá el futuro. Justamente, respecto al presente, asegura: “Ante Cúcuta es un clásico. Ellos están luchando por no descender y nosotros por no ceder. Cada uno tiene sus objetivos y por eso será un partido aguerrido en el que habrá que luchar”.

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