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La Colosa

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El pasado 5 de junio más de 50.000 personas, entre indios, mestizos, negros y muchos campesinos, participamos en una gran marcha carnaval en contra del proyecto minero de La Colosa, en Ibagué. Por eso es preocupante y además descabellado que la Procuraduría diga que no es posible la consulta popular. Cesar Rodríguez, en su columna “Agua, oro y fracking” (El Espectador, 08/26/14), nos explica que para este proyecto minero de 24 millones de onzas de oro es necesario el despilfarro de nueve millones de metros cúbicos de agua y cuatro millones de veneno llamado cianuro.

Todos en esa marcha carnaval y otras manifestaciones en contra de este proyecto tenemos una consigna: ¡sí a la vida, no a la mina!

El gran aliciente es Piedras: este municipio le dijo no al proyecto —que según el Gobierno y uno que otro burócrata es próspero— mediante una consulta popular. Los cajamarcunos, anaimunos y en general todos los tolimenses esperábamos que nuestro caso fuera lo mismo, pero no fue así. La Procuraduría explicó que la consulta popular no es posible. Su principal argumento es que el subsuelo es del Estado. Con el pasar del tiempo, no creo que el Estado les diga a nuestras generaciones futuras que por una mala decisión suya, la que era considerada la despensa agrícola de Colombia se marchitó. ¿Qué les irán a decir nuestros hijos a los hijos de sus hijos? ¿Le echaremos la culpa al Estado, como estamos acostumbrados a hacer? ¿Y ya?

Lo que debemos hacer es unirnos. Está en juego nuestro propio futuro. Debemos hacer presión pacífica con eventos masivos, como la gran marcha carnaval, para que el Gobierno entienda que no estamos dispuestos a cavar con nuestras actitudes e indiferencias importaculistas nuestra propia tumba. Nosotros desapareceremos, pero ¿qué será del mañana? ¿Qué será de los hijos de nuestros hijos? ¿De qué les va a servir tener un Rolex en su muñeca si no tendrán recursos para sobrevivir, no tendrán agua? Hoy esto suena a pataleta de ahogado, pero ojalá no pase lo que siempre ha pasado: decir qué hubiéramos hecho cuando ya no haya nada que hacer. Aún estamos a tiempo. No esperemos a agotar la última gota de agua para comprender que nos estamos extinguiendo.
Así el Gobierno y uno que otro oportunista que va a tener su platica asegurada nos diga que es prosperidad y desarrollo lo que nos va a traer el proyecto de La Colosa, es obligatorio, justo y necesario que comprendamos que esa “prosperidad” no dura para siempre. En cambio, los estragos al ambiente, a nuestra salud y supervivencia futura serán eternos.

En la Constitución está escrito que toda consulta popular es legítima. No repitamos lo de la Conquista. Antes al menos les dejaban espejitos a los indios, pero a nosotros ¿qué nos va a dejar La Colosa?

Jeferson David Hernández C.

Cajamarca, Tolima.
 

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