Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“El ser humano lee y escribe con el cerebro. Las manos y los ojos son sólo el medio a través del cual se realiza esta compleja tarea”. Rosa Julia Guzmán, una pedagoga que durante más de dos décadas se ha dedicado a la enseñanza de la lectura y la escritura, asegura que, lamentablemente, muchos docentes y padres creen que leer y escribir es un trabajo de percepción y que todos los niños pueden aprender a hacerlo al mismo tiempo.
A este error, dice, se ha sumado el de muchas instituciones que contratan, para los grados de transición y primero a personas sin formación pedagógica, con el argumento de que tienen afinidad con los niños.
Los dos factores anteriores, sumados a la falta de herramientas que se les brindan a los padres, han contribuido a que el 40% de los estudiantes de primaria de América Latina opten por abandonar la escuela, y a que casi 3.000 menores en Bogotá, en 2006, perdieran el año por dificultades a la hora de leer y escribir.
Frente a esta compleja situación, la Facultad de Educación de la U. de La Sabana, a la que Guzmán está vinculada, y el Departamento de Comunicación Humana de la U. Nacional decidieron realizar una investigación con 300 niños de 10 colegios públicos y privados de Bogotá y Chía, que les permitiera desarrollar estrategias exitosas que faciliten el aprendizaje.
Guzmán explica que se hicieron evidentes las prácticas que se debían modificar. Para empezar, es necesario entender que si bien lo ideal es que un niño empiece a leer entre los 3 y 7 años, esto no se puede generalizar. Habrá quienes necesiten más tiempo.
Asimismo, padres y maestros deben preocuparse porque para los niños leer y escribir sea una actividad divertida, y no un castigo, como muchas veces se utilizan las famosas planas. Finalmente, es necesario que los adultos estén atentos a los signos que indican que el menor tiene dificultades con este proceso y requiere de mayor atención y, a veces, incluso, del apoyo de una fonoaudióloga o terapista ocupacional.
Si el niño no puede expresarse oralmente o hacerse entender de los demás, dice que no quiere volver al colegio y repentinamente abandona el hábito de leer o escribir, es momento de descartar que tenga problemas visuales y auditivos, de hacer una evaluación conjunta entre los padres y los maestros de sus logros de aprendizaje y tomar medidas eficaces que impidan que se desencante de las letras, y hasta de la escuela.