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Guerra contra las drogas, segunda parte

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Percepción: la guerra contra las drogas fracasó. Realidad: la guerra contra las drogas ilícitas modificó su estrategia, lo que es muy diferente. La estrategia de la interdicción legal y a la fuerza contra este fenómeno, en la que se criminalizó al campesino cultivador de coca, marihuana y amapola, al comercializador de sus derivados (narcotraficante) y al consumidor ocasional o adicto, se viene transformando en diversos enfoques y estrategias pues no todos pueden considerase delincuentes. Fácil, ¿no? No, no lo es. Son muchos los que aún creen que los campesinos cocaleros son una amenaza social y que los consumidores ocasionales y los drogadictos deben ir a la cárcel y no al médico. Incluso algunos piensan que se debe negociar con las bandas criminales del narcotráfico para beneficiarnos con su dinero. Mucha confusión. Sin embargo, hay cosas claras. En Colombia, por ejemplo, las colosales fortunas de los narcotraficantes no sirvieron para comprar el país como lo querían. Compraron conciencias, haciendas, edificios, carros, obras de arte y políticos. Todo eso lo incautó el Estado utilizando la Ley de Extinción de Dominio que hoy elogian e imitan en todo el mundo y que el fiscal general, Eduardo Montealegre, acaba de recoger en el nuevo Código de Extinción de Dominio para aplicarlo además a los corruptos. El grito por la ética dio resultado, y Galán, Lara, Cano, los magistrados, jueces, policías, militares y civiles inocentes no murieron en vano. No. Ganaron la batalla por una moral social en la que la muerte, la violencia y la injusticia no deben ser parte de nuestra forma de ver la vida. Esa guerra se ganó, no lo duden. Orgullo y honor para nuestros mártires. El tema campesino, en cambio, está aún por resolverse; su tratamiento deberá pasar del Ministerio de Defensa al de Agricultura. Esa es una problemática social. Y en cuanto al consumo, es claro que es un asunto cultural y de salud pública. Cultural porque es más nocivo un consumidor permanente de alcohol y en nada y a nadie afecta un consumidor ocasional de marihuana. Y es un asunto de salud pública cuando se utiliza la marihuana para fines terapéuticos o cuando se ocupa la sociedad de sus drogadictos. Por ello es atinado y oportuno el proyecto de ley que en ese sentido radicó el senador liberal Juan Manuel Galán Pachón. Razón entonces le asiste al ministro de Justicia, Yesid Reyes, cuando afirma: “Durante décadas hemos tratado de restringir el consumo de estupefacientes mediante el crecimiento y fortalecimiento de medidas represivas, y es el momento de darles la oportunidad a otras formas de solución desde perspectivas como la educativa o la médica”. La guerra contra las drogas ilícitas se ganará si entendemos que el fin no consiste en borrar del planeta la marihuana y la coca, al campesino que la cultiva, a la banda criminal que la comercializa, al ser humano que la consume y al corrupto que se aprovecha de todo lo anterior. Mucha calma. Mucha tranquilidad. Mucha sensatez. Mucha inteligencia. Afortunadamente para todos, el ministro de Justicia Reyes tiene todas esa virtudes. 

*Carlos Medellín Becerra* Abogado, exministro de Justicia.

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