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Al salir de una entrevista en la sede de Telecaribe en Barranquilla, hace cerca de siete años, Jhon William Flores se quedó maravillado observando una palma de vino sembrada en el antejardín del canal: “Me pareció tan hermoso el gajo de semillas, que hablé para que me regalaran uno”.
Regresó a su casa, no con uno, sino con dos gigantes gajos de la palma, y en el patio del apartamento donde vivía, en Barranquilla, comenzó a sembrar las cerca de 600 semillas en una serie de costales, que fue lo único que se le ocurrió en aquel momento.
Por aquella época, la empresa Ministerio Editorial Proyectos Ambientales, para la que había trabajado asesorando colegios en la implementación de proyectos ecológicos, había desaparecido y no le quedó más remedio que arriesgarse a crear su editorial.
Mientras las palmas estiraban su tallo en el jardín, Flores seguía tocando las puertas de centros educativos interesados en asesorías ambientales. “Entonces llegó el día del árbol, y por fin se me ocurrió qué hacer con las casi 600 palmas que tenía en el jardín”, cuenta. Le propuso a la rectora de uno de los colegios que cada niño adoptara una palma y la sembrara en su barrio.
A la directora le gustó la idea y ese día los estudiantes regresaron a su casa con una diminuta palma de vino y el compromiso de cuidarla hasta que creciera. En las semanas siguientes, los barrios de Soledad, Hipódromo, Costa Hermosa, Las Margaritas y La Rivera se fueron poblando de palmas. Aun hoy se pueden apreciar muchas de ellas.
Flores había descubierto lo que quería hacer de ahí en adelante: trasplantar esa misma idea a otras ciudades. Construyó un vivero en Malambo, Atlántico, que produjo 100.000 plantas en un año. En los siguientes seis años repartió a estudiantes de Cartagena, Santa Marta, Barranquilla y municipios aledaños cerca de 600.000 plantas. Ya no sólo palmas, sino también árboles frutales.
“Hasta hoy tenemos evidencia de haber entregado un millón y medio de árboles en todo el país”, dice con orgullo. Con su equipo de colaboradores vinculados a la Organización Paz Verde Ecología Activa llegaron hasta las puertas de colegios en Cali, Manizales, Pereira, Armenia y Bogotá. “Es la campaña de arborización más grande del país”, asegura.
Las plantas duran en promedio unos nueve meses bajo su cuidado, en el vivero, antes de llegar a manos de los estudiantes. La especie que distribuye primero es cuidadosamente analizada, para saber si se adapta al lugar y no va a generar problemas. La palma Reina Alejandra es una de sus favoritas por su adaptabilidad y porque sus raíces no dañan el pavimento.
Sin embargo, como él mismo lo explica, los árboles que entrega en adopción son apenas una excusa para llevar a cada estudiante su mensaje ecológico: “Les damos una charla de sensibilización ambiental, les hablamos sobre el calentamiento global, la capa de ozono y les enseñamos que, así como hemos sido parte del problema, somos parte de la solución”.
El proyecto, además, crea un sentido de la responsabilidad en los alumnos que participan voluntariamente y que se comprometen a cumplir con tres cosas: cuidar la planta hasta que sea adulta, regarla constantemente y quererla como a un hijo, porque, como se lo explica él mismo, “se trata de un ser vivo que es parte de la creación”.